viernes, octubre 31, 2003

LA CASA DEL LENGUAJE

La patria de un escritor es su lengua. La lengua en la que escribe, en la que piensa, sueña y putea. El resto de los mortales que usamos la lengua para los menesteres cotidianos no la sentimos tanto como una patria, ni reflexionamos mucho sobre ello.
Pero de hecho cuando por determinadas circunstancias debemos cambiar de lengua o de lenguas, siempre un resabio, una marca de origen les hace conocer a los nativos de ese idioma que quien habla o escribe es un adoptado y adaptado.
Hay casos de simbiosis total, de llegar a perder todo acento, toda respiración particular que tiene una lengua o un dialecto.
Hay casos entre los diferentes dialectos de un mismo idioma que por una razón muchas veces de tipo discriminatorio las personas tratan de borrar las huellas de su dialecto. Sucedió con moriscos y judíos en España en la antigüedad, sucede ahora con muchos sudamericanos que buscan dejar de ser "sudacas" y una de las formas de pasar inadvertidos es transformare en un hablante de la región en la que habitan.
Pero estos casos se dan fundamentalmente por ciertas presiones, en algunos casos discriminatorios, en otras les va en riesgo la vida. En general, hay cierta resistencia psicológica en los emigrados a no perder la morada de su lengua. Lo vemos a diario con algunos emigrados españoles o italianos que llevan más tiempo de vida en Argentina que en su país, pero que siguen conservando el aire de su tierra en algunas zetas, modismos o en la deficiente pronunciación de alguna palabra.
En el fondo se resisten a perder lo último que les queda de su origen, el hilo por el cual se mantienen unidos a una tierra que se ha ido esfumando en la memoria, unidos a una identidad que mucho tiene que ver con la morada y que resisten dejar la casa de la lengua propia.
Los escritores son los arquitectos que trabajan con esa casa, ellos tienen una especial sensibilidad para ahondar todos los días en esos materiales con que crean su obra.
Desde esa perspectiva siempre me ha llamado la atención Julio Cortázar, vivió 33 años en Francia, durante muchos períodos de tiempo no pudo regresar a la Argentina, sin embargo, casi toda su obra está caracterizada por un lenguaje tan argentino, a veces tan porteño que parece que nunca se fue de los arrabales de Buenos Aires.
Cortázar mismo se reía y comentaba a principios de los 80, que la lengua en la que escribía era la lengua de Buenos Aires de los años 50, la que seguía llevando en la memoria, una lengua que en muchos de sus giros y formas ya no se hablaba y sin embargo, Cortázar recreaba con suma maestría 20 o 30 años después.
Cortázar, como tantos emigrados, se resistía a dejar aquellos sonidos, aquella atmósfera creada por las palabras que lo transportaban a un lugar en el que la ausencia era un poco menos notable.

miércoles, octubre 22, 2003

CATEDRALES

Hay escritores cuya obra puede ser celebrada, denostada o ignorada. Hay escritores como Kafka que medida su obra en términos arquitectónicos no puede ser otra cosa sino un edificio absurdo y laberíntico. Hay escritores de una única y personalísima construcción como Musil y su "Hombre sin atributos" o Rulfo y "Pedro Páramo". Pero hay escritores cuya obra por su vastedad se vuelve un monumento, esto sucede con Balzac y su "Comedia Humana", una imponente catedral edificada en la gran ciudad de la literatura.
Es cierto, pocos muy pocos leen hoy a Balzac, o en general a los novelistas del siglo XIX; la cinemática de nuestro tiempo se lleva muy mal con esos libros de 400 páginas en los que la vida fluye ignorando la velocidad.
Pero Balzac ha tenido menos suerte con la posteridad que algunos de sus ilustres colegas. No es un estilista a lo Flaubert, ni tiene la fina delicadeza de adentrarse y descubrir pliegues insospechados del alma humana como Stendhal.
Lo de Balzac es más común, más convencional, más tosco si se quiere; pero es el arquitecto de "La Comedia Humana".
Honoré Balzac nació en 1799 y falleció en 1850; en su corta vida se las ingenió para escribir, vivir aventuras burdelescas y realizar negocios inverosímiles.
Hay un dato sin el cual Balzac no sería Balzac: siempre gastó mucho más de lo que ganó. Toda su vida fue una carrera incesante para conseguir dinero y saldar sus deudas. Muchos críticos se interrogan si hubiese escrito lo que escribió sin los problemas económicos.
Las deudas provenían de su ritmo de vida frenético, dado a los lujos y placeres de todo tipo. El otro gran problema de Balzac fueron los negocios; jamás ganó nada con ellos y le ocasionaron varios quebrantos: Como ejemplo está la famosa ¡plantación de bananos en Francia!.
Así agobiado por deudas se comprometía a entregar novelas constantemente, en un ritmo de trabajo infernal. Escribía de noche, enfundado en un largo camisón, bebía litros de café y dormía por las mañanas. En algunos casos la jornada de escritura llegaba hasta catorce horas, aún así se daba tiempo para el amor, los negocios, las discusiones con los editores, las correcciones en la imprenta, etc.
Dueño de una fortaleza física y vital y de una capacidad de trabajo descomunal, Balzac construyó en casi veinte años toda esa catedral narrativa en la que se propuso "novelar la sociedad de su tiempo desde diferentes perspectivas", ni más ni menos.
Hay novelas memorables dentro de ese conjunto, entre ellas "Papá Goriot", "Eugenia Grandet", "César Birotteau" y tantas más. En todas ellas la virtud suele salir derrotada y los ganadores no son personas edificantes. Por esto acusaron a sus novelas de inmorales, Balzac se defendía diciendo que era simplemente lo que pasaba en la sociedad.
Más de noventa títulos, cerca de dos mil personajes que aparecen en diferentes novelas y que van entretejiendo esta obra monumental que como las grandes catedrales, quedó inconclusa por la muerte prematura de su creador. Como las grandes catedrales, sigue suscitando esa rara mezcla de admiración y misterio.


viernes, octubre 10, 2003

LAS PALABRAS
"Las palabras son puentes./También son trampas, jaulas, pozos." Dicen unos versos del gran poeta mejicano, Octavio Paz. Es cierto, las palabras son como abejas silenciosas que de repente suenan y salen de nuestros labios-colmena y se adueñan del aire, y buscan el néctar de las cosas.
A veces también veo a las palabras como flechas en nuestras alforjas, somos los arqueros de las palabras, los que apuntamos al blanco de las ideas. A veces hay disparos en el que el blanco está cerca y uno suele hacer centro sin tantas dificultades, pienso por ejemplo en una receta de cocina o en la descripción de un proceso científico simple.
Sin embargo todo se complica en nuestra vida cotidiana, en el diario discutir con los amigos del café, lugar donde el mundo se hace fácilmente maleable, pero difícilmente complejo de hacérselos entender a las bestias de mis amigos que no acuerdan mis argumentaciones.
Aunque pensándolo bien, no siempre lo que digo es lo que realmente quiero decir. Muchas veces vuelvo pensando que si pudiera decirles exactamente lo que pienso, la palabra justa, precisa, la palabra en el blanco, los convencería.
No en vano Hitler dijo por ahí que para "hacer política, primero hay que estudiar semántica". Algo de eso sabían griegos y romanos que incluían en la educación de los jóvenes la retórica.
Las palabras son puentes hacia el mundo que nos rodea, dicen, hablan el mundo. También son puentes desde mi propio mundo hacia el de los otros. Sin esos puentes seríamos islas flotantes en un mar de incomunicación.
Desde la literatura o la filosofía persiste la obsesión por la palabra exacta; así los desvelos de Heidegger para crear un lenguaje que nombre una nueva realidad o Flaubert, ese maniático perfeccionista hasta la exasperación.
Pero también a veces somos entrampados por las palabras, encerrados en ellas, hundidos en el pozo que ellas mismas cavan. Sí, las palabras suelen ser demasiado rebeldes, si no las dominamos terminan confundiéndonos más. Caemos en los pozos de las palabras que nos impiden develar la realidad circundante o el universo de la propia personalidad.
Que alguien sólo domine pocas palabras, que su pobreza de vocabulario lo lleve a darse de trompicones con las ideas, es una persona que ve el mundo mucho más opaco y uniforme. Como si fuera una vieja y borrosa fotografía fuera de foco. Esa persona termina entrampado en un mar de dudas y en una pobreza de ideas que le harán menos interpretable la realidad en la que vive.
Por eso enseñar lengua no es enseñar a subrayar sustantivos o hacer análisis sintáctico únicamente, sino hacer tomar conciencia de una nueva y más potente manera de adentrarnos en la realidad.
Así lo dice otro gran poeta español, Pedro Salinas: " no habrá ser humano completo, que se conozca y se dé a conocer, sin un grado avanzado de posesión de su lengua. En realidad, el hombre que no conoce su lengua vive pobremente, vive a medias".
Estos hombres, se asemejan a los bebés enfermos, sabemos que les duele algo, pero no pueden decirnos dónde les duele.

viernes, octubre 03, 2003

HINCHAR COCOS
Los escritores-personajes son peligrosos. Uno corre el riesgo de quedar entrampado en la seducción del personaje y padecer una severa miopía para su obra. Sucede con Oscar Wilde, sucede también con Unamuno. El frondoso anecdotario unamuniano oculta muchas veces la profundidad de su vivero personal.
Toda la preocupación filosófica y literaria de Unamuno puede resumirse en lo siguiente: ansias de más vida. Dicho con sus palabras: "cómo no morirme del todo, cómo seguir siendo después de lo inevitable".
Unamuno comienza su estudio de la filosofía anunciando que se ha propuesto crear un nuevo sistema filosófico, ni más ni menos, a lo Quijote. En su obra filosófica no hay que buscar un pensamiento sistemático y lógico; más bien sus ideas son como esos fuegos artificiales que alumbran por un instante la noche y luego se apagan, sin embargo sus resplandores permanecen largo tiempo en la retina. Y esas ideas son contradictorias muchas veces; pero coherentes dentro del sistema unamuniano, para quien "el hombre es un animal contradictorio"...y Dios casi una creación humana.
"Del sentimiento trágico de la vida" es una obra singular del pensamiento español del siglo XX, postula en ese caótico y único libro que en realidad la preocupación fundamental del hombres es cómo no morirse del todo cuando uno muera. En esa obra se anticipa por años al movimiento existencialista. Su obra ensayística -- género al que Unamuno dio nuevos bríos-- es extremadamente personal como no podía ser de otra manera en alguien tan egocéntrico. Por ejemplo, algunos de sus artículos religiosos llevan como título "hinchar cocos"; en otros propuso como característica del espíritu español "la real gana", que tenía su asiento no en el alma, sino en los testículos.
Pero más allá del pintoresquismo, estaba el ansia de saberlo y devorarlo todo. Fue uno de los primeros europeos que conoció profundamente la obra de Kierkegaard, tanto que aprendió danés sólo para leerlo en su idioma propio.
Introdujo en aquella España mojigata a Spinoza, Kant, Nietzsche; a los poetas escandinavos y latinoamericanos. En 1894, Unamuno había exaltado por todo el mundo hispánico la excelencia del "Martín Fierro".
Escribió novelas singulares, a contramano con las corrientes de la época; la crítica las rechazó y negó que fueran auténticas novelas. Unamuno no se inmutó y acuñó el nombre de "nivolas" para sus creaciones. En ellas, la caracterización del ser español, el anhelo de inmortalidad y la búsqueda de la fe son sus temas principales.
Y para dejar a este ilustre vasco, termino con otra anécdota. Cierta vez el rey Alfonso XIII convocó a muchos ilustres de la península, para otorgarles la orden Alfonso XIII, creo (cito de memoria). Todos estaban expectantes sobre el discurso de Don Miguel, al momento de retirarla dijo con su vozarrón: "agradezco al rey esta medalla que bien me merezco". El primer desconcertado fue el rey, no sabía si reírse o tomarlo en serio, luego de unos segundos incómodos en el palacio, el rey le contestó:" es raro, todos los que la han recibido antes dijeron que no la merecían"; y Unamuno remató: " y tenían razón".

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...