viernes, enero 16, 2004

VIAJEROS
Toda lectura de ficción puede ser vista también como un viaje. Un derrotero por el espacio y el tiempo. Por los lugares que soñamos, por los que no imaginamos, por el lejano ayer y el imposible futuro que nuestra acotada vida no puede abarcar.
La lectura es un viaje en el potro de la imaginación, también lo es la escritura. Ambas sin la imaginación son otra cosa, pero no literatura.
Hay escritores cuya imaginación tiene menos puntos de contacto aparente con la realidad cotidiana, como es el caso de los autores de Ciencia Ficción o bien aquellos que sitúan sus narraciones en mundos totalmente imaginarios que es lo que hace Tolkien, el consagrado autor de la saga "El señor de los anillos".
Cuando la imaginación anticipa lo que décadas después sucederá, la posteridad no tiene más que admirar no sólo el talento de un escritor, sino la capacidad casi de visionario para poder captar las futuras proyecciones de una época. Este es el caso emblemático de Julio Verne, escritor francés del siglo XIX. Verne es un caso sorprendente ya que sus novelas se sitúan en diferentes confines de la tierra, además anticipa por años el submarino en "Veinte mil leguas de viaje submarino", la llegada del hombre a la luna en " De la tierra a la luna"; y toda una serie de aventuras extrañas para la época. Lo curioso es que Verne se dice que jamás salió de su Francia natal.
Otro autor de prolífica imaginación y aventuras fue Emilio Salgari, el inolvidable escritor de "Sandokán", y tantas novelas donde el mar y Asia son los protagonistas. Sin embargo, Salgari llevó una vida de penurias económicas y totalmente sedentaria debido a su frágil estado de salud, por lo que viajó muy poco y casi siempre en el norte de Italia.
Al margen de estos dos casos excepcionales, los escritores tratan de viajar y documentarse sobre los lugares en los que van a situar sus relatos. Cervantes conocía al dedillo los sitios por donde se desplaza su Quijote. Hemingway, un incansable viajero, revela en "Por quién doblan las campanas" su saber sobre España que tanto le subyugaba y su conocimiento de la guerra, gracias a sus actuaciones en los dos conflictos bélicos mundiales.
Joseph Conrad, autor de "El corazón de las tinieblas" y de toda una saga de novelas marinas, es la antítesis de Salgari. Aventurero sin par, a los dieciséis años se fue de su Polonia natal a París, a esa edad se empleó como marino. A Conrad le interesaba el África negra, su experiencia en el Congo es reveladora, siempre embarcado y ocupando diversos puestos, hasta el de capitán. Finalmente el escritor de "Lord Jim" recala en Inglaterra en donde cambiará las aventuras por la pluma de escritor.
Los que se quedan y los que andan siempre, las dos especies de escritores han dado obras singulares, sobre todo porque detrás del viaje o de la inmovilidad está la imaginación que todo escritor tiene y que traslada a sus lectores.

lunes, enero 12, 2004

Amores contrariados
"Los amores felices no tienen historia, por lo mismo no inspiran novelas: El amor es algo tan personal, tan sometido a razones íntimas, imponderables que, cuando es perfectamente dichoso por ambas partes se vuelve un asunto que sólo interesa a los interesados ..." Tiene razón Alejo Carpentier, el hombre no ha hecho grandes creaciones con la felicidad, siempre me he preguntado por qué, y aún carezco de respuestas convincentes.
El éxito de las obras literarias y sobre todo de las novelas que tienen como temática central al amor se debe a que todas abordan la temática del amor contrariado, único amor que tiene historia.
Los ejemplos son ilustres a lo largo de la literatura. La tragedia griega explota esta vertiente del amor que termina mal, como en la Antígona de Esquilo. Ya los poemas amorosos de Safo son el recuerdo de lo que fue y ya no es. Andando en el tiempo, Shakespeare y el drama de "Romeo y Julieta" sientan las bases del amor trágico moderno.
El romanticismo se complació en el culto de los amores contrariados, en poesía hubo casos paradigmáticos como el de Gustavo Adolfo Bécquer, que compuso su libro más célebre "Rimas" basado en su amor imposible por Julia Espí una muchacha de clase alta que no se dignó ni siquiera a recibirlo.
"La dama de las camelias" de Alejandro Dumas cuenta el amor vetado por la sociedad entre un señorito y una cortesana, a este obstáculo importante se suma la enfermedad terminal de la mujer que hizo que en su época corrieran ríos de lágrimas entre sus lectoras.
"Los sufrimientos del joven Werther" narra desde la óptica de este joven su amor desgraciado por Lotte que al final termina en el suicidio del muchacho. Esta novela de Goethe causó gran alboroto en la sociedad de su tiempo, es más muchos jóvenes cuyos amores no eran dichosos terminaron suicidándose a la manera de Werther, lo que llevó al autor a pedirle a la gente que no imitara a su protagonista, que sólo era un personaje de ficción.
Cambiando de época, en Latinoamérica hay una novela esencial y quizás una de las mejores novelas de la historia de la literatura, se llama "Pedro Páramo" y el amor nunca correspondido de Susana San Juan, llevan al todopoderoso Pedro a dejarse morir.
Adolfo Bioy Casares, en su novela "La invención de Morel" el protagonista decide la muerte para poder encontrar en otra dimensión a una mujer que ha visto en la máquina inventada por Morel.
Ernesto Sábato en "El túnel" narra el amor obsesivo de Juan Pablo Castel por María Iribarne, amor enfermizo que termina en homicidio.
Terminamos con un poeta. Neruda ha cantado al amor ausente, al amor que ya no está. Sin dudas su libro más exitoso en ventas en "Veinte poemas de amor y una canción desesperada", exaltan la temática del amor perdido.
Quizás, la literatura sea una forma de consolación...


miércoles, enero 07, 2004

MIGUEL
Un río manso cruza la meseta de Castilla la Nueva, en esa tierra llana, poblada de cereales, el río es una extrañeza en su paisaje uniforme. Cercana al río, una pequeña ciudad llamada Alcalá de Henares, allí un 9 de octubre de 1547 bautizan a un niño llamado Miguel.
El pequeño se pierde por las angostas calles de Alcalá de Henares, sin duda está marcando desde el comienzo de su vida una constante: el camino, el viaje.
Después de varios traslados, el joven siente inclinación por las letras y lee " hasta los papeles tirados en las calles" y compone versos. Luego Italia lo seduce y allá va Miguel metido a soldado. Italia lo deslumbrará con el refinamiento, la exaltación a la vida. Ese viaje durará años y permanecerá siempre en su memoria, el soldado va por las fondas y posadas, por ciudades y pueblos bebiendo todos los vinos, los aires y las donnas.
Hay un hecho que divide en dos su estancia italiana: Lepanto, una batalla y una bala que le inmovilizará para siempre la mano izquierda.
Quizás desilusionado de la vida militar, quizás con ansias de probar suerte nuevamente en las letras, Miguel embarca nuevamente hacia España; sin embargo el viaje durará cinco largos años; cae prisionero de piratas y es recluido en Argel a la espera de que alguien pague el rescate.
Es curioso, muchos afirman que en aquella oscura cárcel africana se gestó "El Quijote", un libro que exalta el amor, la aventura, los caminos, la alegría y la libertad.
El hombre que llega a la patria quince años después es otro, tiene la memoria llena de imágenes y recuerdos. Se instala en Madrid, escribe obras teatrales, parece que por fin lleva una vida aquietada.
La pasión del camino puede más, es recaudador de cereales para la armada. Allá irá Miguel recorriendo pueblos, posadas, los vientos de Andalucía.
Está casi olvidado como escritor; se instala en Castilla. Allí, a comienzos del siglo XVII, escribe un libro distinto, extraño, no se parece en nada a los que circulan por España; es una novela, pero no de caballería. Es otra cosa, algo raro, una parodia, una aventura, una humorada, un mundo hecho de vidas y sueños, y más, siempre más, es tantas cosas...
Cuando en 1605 aparece en Madrid, "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha", Miguel tiene 57 años, es un hombre viejo para la época. Con el libro llega la fama, pero también la envidia, el rechazo de la mayoría de los escritores de la época.
Cuatro días antes de morir, escribe por última vez, es un prólogo a un libro que no verá. Él lo sabe, y se despide del mundo. "... adiós, regocijados amigos; que ya me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida".
El 23 de abril de 1616, muere Miguel de Cervantes, el padre del Quijote, un libro que es todos los libros. Nada más apropiado para que ese día se festeje el día del libro. La posteridad a veces suele ser muy justa.

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...