lunes, septiembre 27, 2004

¿GENER@?

Las lenguas son una construcción colectiva de los hablantes. Tienen cierta lógica interna, pero distan mucho de una coherencia diamantina. Pero como en todo sistema hay reglas, hay elementos que cumplen determinada función que no se pueden pasar por alto.

Los cambios más frecuentes que sufren las lenguas tienen que ver con las palabras. Se complica por la incidencia en el corazón mismo del idioma cuando los cambios provienen desde la sintaxis, que es la manera en cómo formamos la frase y desde la morfología, las formas que tienen las palabras.
En lengua las categorías de género no hay que asociarlas a las categorías de sexo, de macho, hembra. Masculino o femenino son términos lingüísticos que no se tienen por qué corresponder con el referente al que designan. De hecho en alemán la palabra que designa al sol es femenina y la que nombra la luna es masculina.
Los denominados estudios del género, estudios de reivindicación de la mujer en todos los órdenes que este escriba adhiere; también contaminan la gramática y en nombre de lo ahora políticamente correcto comienzan a realizar incoherencias lingüísticas que no siempre reflejan una consideración hacia la mujer; pero sí afectan en parte la estructura misma del idioma con la premisa de que hay en las lenguas tintes machistas.
Así vemos que todas las terminaciones de sustantivos en "e" que son por regla gramatical invariables y por lo tanto sirven para uno u otro género, resulta que ahora hay que agregarles una "a" cuando se trata de mujeres. Es decir que en vez de decir correctamente "La intendente local... o la presidente del club... etc." Uno tiene que hablar de intendenta y presidenta y se pregunta para qué cuernos están los artículos.
Y para conservar un mínimo de coherencia, quizás habría que hacer lo mismo con los adjetivos de igual terminación "e". ¿Se imaginan leer algo así? "La presidenta flamanta del partido..." o "una estudianta brillanta".
Ahora también han resuelto crear nuevos atajos y para designar en forma colectiva tanto a hombres como mujeres, algunos no han tenido mejor idea que en vez de una vocal poner el signo de la arroba, lo que ya se transforma en un verdadero esperpento gramatical. Así que ahora en vez de hablar de "Los chicos y las chicas" uno debe escribir "l@s chic@s" que quiere decir lo mismo(?).
Estos extravíos más tienen que ver con asociar a las palabras connotaciones que no están en la gramática sino en la gente que las usa. Es cierto que si queremos ver un tinte "machista" en el español, lo hay. Por ejemplo en hacer en masculino los plurales generalizadores como es el caso de "los alumnos" para designar tanto a alumnos mujeres como hombres.
No debe sorprendernos debido a la larga tradición que tienen las lenguas y el papel jugado por el varón en todas las sociedades. Pero esto se puede resolver fácilmente individualizándolas por género con su correspondiente artículo: "Los alumnos y las alumnas" y ya está. La lengua no necesita de esperpentos idiomáticos para apoyar una reivindicación justa pero que no pasa esencialmente por su territorio.

lunes, septiembre 20, 2004

EL TONTO DE RAFAEL

Rafael Alberti, el último integrante de la generación del 27 de la lírica española, el que casi llega a los cien años, el que pasados los ochenta seguía conservando su larga melena y su ojo de halcón para las mujeres, el hombre que pasó gran parte de su vida en el exilio y muchísimos de esos años en nuestra Argentina, ése me enseñó que la poesía no tenía por qué ser solemne, que también podía ser alegre y juguetona.
"Marinero en tierra" sigue siendo un libro fundamental dentro de la lírica española, compuesto a los veintidós años tiene una rara madurez y marcó un corte importante en el devenir poético de su tiempo. Con ese libro y con otros se revela un temperamento lúdico con las palabras y también con la vida.
Pero no hay que confundir, detrás de esa poesía tan musical y a veces de sencilla apariencia estaba gran parte de la tradición española del Siglo de Oro, unida en un singular sincretismo temporal a las vanguardias. También la "poesía social" aparece en sus textos cuando la guerra civil española ya es una amenaza, esta poesía política está influida por sus viajes a Rusia, aunque luego Alberti busca un nuevo lenguaje orientado hacia lo individual.
La etapa Argentina de Alberti abarca desde 1940 a 1963, en todos esos años el poeta seguirá escribiendo y publicando, sin embargo hay pocos testimonios de que haya participado en algunos movimientos poéticos locales y por ende no hubo una influencia decisiva de su estética ya consagrada en los poetas argentinos.
Cuando regresó a España, tras treinta y ocho años de exilio en 1977, Alberti era un verdadero mito, alguien que condensaba desde el centro mismo de los acontecimientos todo lo que ocurrió en el arte, la política y la historia de España a lo largo del siglo XX.
Con los años--ya lo dijimos más arriba--cambiaron el lenguaje, los temas, los ritmos de su poesía; pero nunca, aun los poemas más dolientes, dejan de lado el humor. Como aquel poema titulado "El tonto de Rafael" que en alguna de sus partes dice:" Por las calles, ¿quién aquél?/ ¡El tonto de Rafael!/ Tonto llovido del cielo,/del limbo, sin un ochavo." El autorretrato continúa y muestra la maestría verbal y el desparpajo de Alberti.
Con su desaparición en 1999 se fue el último de una estirpe de poetas que eran además la condensación misma de la poesía, un personaje que encantaba tanto como sus versos; versos que bien podían rodar por las calles o por el claustro académico sin ruborizarse.
En su ejemplar autobiografía titulada "La arboleda perdida", recuerda un lugar de su Cádiz natal, el de la arboleda perdida y se pregunta si después de muerto... "cuando (...) seamos uno en el hundirnos para siempre, preparado ese golfo de oscuridad abierta, irremediable, quién sabe si a la derecha de otro nuevo camino, que como aquél también caminará hacia el mar, me tumbaré bajo retamas blancas y amarillas a recordar, a ser ya todo yo la total arboleda perdida de mi sangre".

martes, septiembre 14, 2004

LOS RELATOS DE VIAJES

Y llegamos al final del viaje. Aquí aparecerán algunos de los autores que dejaron en sus diarios, en sus crónicas la vivencia del lugar en el que ocasionalmente se encontraban. No es lugar para elucubraciones teóricas, pero hay un conjunto de relatos de viaje que ingresan dentro del vasto e indefinido campo de la literatura.

Siempre se ha considerado la literatura de viajes como una literatura "híbrida", que combina una variedad de géneros, motivaciones, propósitos, tonos y estilos. Así, relatos de viajes privados y con una intencionalidad lejana a lo estético son hoy considerados literarios como es el caso de los diarios de viaje de Cristóbal Colón o el corpus de las crónicas de Indias.
Pero es mi intención recalar a partir de fines del siglo XVIII, cuando el viaje se transforma en un valor cultural que comprendía una nueva experiencia y que exigía una nueva forma narrativa. En su excelente libro “El relato de viaje. De Sarmiento a Umberto Eco”, Jorge Monteleone caracteriza al relato de viaje como una forma narrativa que se sirve de la crónica “para sugerir la inmediatez de la mirada y la sensación, pero también del ensayo para preservar sus rodeos especulativos”.
Los críticos de la historia de las letras coinciden que el viaje de Goethe a la ciudad imperial cambió en parte su concepción estética. Muchos sugieren que ese viaje fue decisivo para volver su mirada hacia el mundo grecolatino. Goethe no será el mismo cuando vuelve a Alemania, habrá encontrado en Roma la serena sencillez y grandeza del arte.
París ha sido una de las ciudades constantemente retratadas por viajeros que sucumbieron a su hechizo. Sarmiento, Darío, Benjamin, Calvino dejaron sus sensaciones, sus experiencias de caminantes por la “ciudad luz”. Venecia es otra ciudad de embrujo para los viajeros, allí una noche Joseph Brodsky, el poeta ruso, captó en esa Venecia fría el misterio de la belleza. Brodsky volvería casi todos los años a esa ciudad que marcó un quiebre en su experiencia vital.
Pocos territorios atraen la fascinación de los viajeros como la Patagonia. Innumerables son los relatos de todo tipo sobre esta región. Algunos famosos en el mundo como el de Darwin, otros más domésticos como los del perito Moreno o los de aquellos pioneros que abrían paso a la colonización.

Pero, discutible o no, el prestigio de la Patagonia dentro del relato de viaje literario se debe a un inglés andante y mochilero: Bruce Chatwin, con un libro ya mítico: “En la Patagonia”. Chatwin no sigue las reglas comunes para textos de viajeros. Se calla sobre sus propias experiencias para que sus lectores puedan oír las voces de la gente de la Patagonia. Chatwin está casi ausente de la narrativa. No escribe sobre las dificultades del viaje. Está más interesado en lo que ve. Y ve no tanto el paisaje patagónico sino que su mirada es más de corte antropológico, quiere contar historias de la gente que vive allí.
Viaja quizás como todos, para encontrar al Otro.

lunes, septiembre 06, 2004

VIAJES ARGENTINOS

Hay una vieja frase que habla de que el origen de los argentinos es viajero. "Los argentinos vienen de los barcos". Como toda generalización es errónea, pero la historia de los hombres de letras en nuestro país está muy relacionada al viaje.

Los letrados del siglo XIX, generalmente escritores y políticos al mismo tiempo viajaban ya sea por placer, por trabajo o por exilio. No es el propósito comentar hoy la gran cantidad de diarios de viaje de la Generación del 80', ni los viajes de placer a Europa de la oligarquía ganadera de comienzos del XX.

Seguimos en la ficción, tiempo habrá para dedicar un espacio a los libros o diarios de viaje. Viaja Martín Fierro buscando un nuevo lugar en el mundo junto a los indios, ya que siente que la "civilización" lo acorrala y lo agrede.

Viaja ese auténtico dandy de la vida, que es Lucio V. Mansilla en "Una excursión a los indios ranqueles", libro por demás inclasificable lo mismo que el "Facundo" de ese otro gran viajero que fue Sarmiento.

Viaja Don Ramiro de la mano de Enrique Larreta por los caminos de España y los de América buscando la gloria que quizás encuentre en las plegarias de Santa Rosa de Lima.

Horacio Quiroga va desde París a Misiones y en muchos de sus cuentos el motivo del viaje es estructurante; para recordar y admirar es "A la deriva", ese hombre que viaja agonizante por la mordedura de una víbora en un bote camino de la muerte.

Viaja Martín por las cloacas de Buenos Aires, y al final el sur se presenta como la esperanza de una nueva vida en esa novela caótica, desmesurada y extraña que es "Sobre héroes y tumbas".

Edmund Ziller viaja por el nuevo mundo y lo sorprenden las más variadas aventuras, también su viaje es en el tiempo y todo eso nos lo contará Pedro Orgambide, escritor poco tenido en cuenta a la hora de hablar de literatura argentina, y que en el momento de escribirse esta columna nos enterábamos de su deceso; vaya mi gratitud por tantas buenas horas en compañía de sus cuentos o novelas, como es el caso de "Hacer la América", quizá una de las mejores historias sobre la inmigración en nuestro país, y por supuesto el motivo esencial en ella es el viaje.

Poblada de viajeros casi sin rumbo, tristes y fracasados es la literatura de Osvaldo Soriano, en "Una sombra ya pronto serás" el escenario es la ruta, allí el experto en informática se encontrará con los más variados personajes que también viajan, de antología es ese Coluccini y su destartalado Renault

Y para concluir menciono ese extraño relato de Fogwill denominado "La buena nueva de los libros del caminante" en el que cuenta las peripecias vividas por un joven de Quilmes que sale a recorrer a pie el mundo.

Y también "Siete de Oro", la novela de Dal Masetto, cuyo protagonista emprende un viaje hacia el sur, que será en el fondo un viaje de aprendizaje y fiel retrato de toda una generación.

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...