martes, febrero 28, 2006

LA REDONDA Y EL BANDONEÓN

Los dos se estrenaron casi al mismo tiempo por el Río de la Plata. Uno venía de Inglaterra y era un deporte elitista jugado por los “nenes bien” en los selectos colegios sajones de una ciudad que lentamente se convertía en cosmopolita; el otro había nacido en las orillas de la otra Buenos Aires, en la atmósfera violenta del compadrito, del cabaret, y por años llevará ese estigma de clase.

Sin embargo, lentamente y con los años, el fútbol caminó hacia los arrabales y se quedó para siempre en la cotidianeidad de sus habitantes. El tango viajó hacia el centro y despacio fue conquistando los barrios de clase media y las zonas “bacanas” hasta llegar a la mismísima calle Corrientes.

La música de Buenos Aires y el fútbol florecieron juntos. El corte y la quebrada se unieron a la gambeta. No faltaron los cruces entre el juego y la música.

Un dato curioso, citado por un experto en el tema deporte-cultura, Jesús Castañón Rodríguez, revela que Raimundo “Mumo” Orsi, jugador que defendió los colores albicelestes en el primer mundial de fútbol y que luego fue campeón del mundo con Italia, era un eximio ejecutante de violín e integraba una orquesta típica. Pocos futbolistas conocieron la noche porteña como José Manuel “Charro” Moreno y pocos como él supieron moverse al compás del dos por cuatro.

Del otro lado, muchos músicos y cantantes eran apasionados por el fútbol. Uno de ellos era, por supuesto, Carlos Gardel, fanático de Rácing Club, que pasaba los domingos entre los “burros” y la cancha. Y fue el “Morocho” quien popularizó el tango “Patadura” cuya letra pone en evidencia lo poco dotado que está el protagonista para jugar al fútbol y sus ambiciones desmedidas, quiere ser un defensor como Seoane, hacer goles de media cancha como Tarasca y “ser como Ochoíta, el crack de la afición”.

Allá por la década del 30, el tango comenzó a cantarles a los nuevos héroes domingueros. Así tuvieron su tango, Antonio Sastre y Orsi de Independiente; “Pancho” Varallo y Natalio Pescia de Boca; José Manuel Moreno de River; fue Bernabé Ferreyra, el mítico delantero de la banda roja quien se llevó los éxitos más resonantes con dos tangos que destacaban sus dotes de goleador y su tremenda potencia física.

Aunque el tango ya no tiene el arrastre popular de la primera mitad del siglo XX, se siguió componiendo a los ídolos actuales, así hubo algunas piezas dedicadas a Maradona y Bochini por ejemplo.

El tango también supo sintetizar y transmitir las emociones, las vivencias y los sueños que este juego genera en la gente común. Así hubo notables éxitos que tienen como protagonistas a los chicos. Uno de ellos es “Déjelo, señora” que retrata a un pibe que tiene “los zapatos rotos de tanto jugar” y la madre cansada de llamarlo lo va a buscar. Otro éxito en los años 40 fue “El sueño del pibe”, el protagonista le asegura a su madre que va a ser como Martino, Boyé, y otros cracks de la época.

martes, febrero 21, 2006

FUTBOLISTAS Y CANCIONES


Así como la música ha nutrido al fútbol, éste también ha sido una inagotable fuente de inspiración para el mundo musical. Las canciones más recientes tienen que ver, sobre todo en Argentina, con la figura de Maradona.

Y es el rock el género que ha tematizado las inigualables dotes futbolísticas del “diez”, su rebeldía, su particular manera de vivir.

Así Los Piojos ven en el ídolo una metáfora del triunfo del débil frente al poderoso: “Cae del cielo brillante balón,/toda la gente y todo el mundo ve/una revancha redonda en su pie,/todo el país con él corriendo va./Caen las tropas de su majestad,/y cae el norte de la Italia rica/y el papa dando vueltas no se explica,/ muerde la lengua de Joao Havelange.Maradó, Maradó...”(Maradó).

Una imagen similar aunque con una mirada centrada en la sociedad argentina la da Attaque 77 con su tema “El francotirador”: "Vivo en el país de la depresión,/ juegos políticos, corrupción/ya no tengo nada más que una ilusión/ dispara goles la mano de Dios, el francotirador./Cabeza de mi patria, pueblo, santo y pecador/venganza de los pobres, ganador y perdedor;/lleva mis errores imágenes de mi frustración,/regala sus virtudes semejanza de pasión...”

Andrés Calamaro nos da una visión más personal del jugador: “Maradona no es una persona cualquiera/es un hombre pegado a una pelota de cuero,/tiene el don celestial de tratar muy bien al balón./ Es un guerrero, es un ángel/ y se le ven las alas heridas,/ es la Biblia junto al calefón./ Tiene un guante blanco calzado en el pie/del lado del corazón,/no me importa en que lío se meta/ Maradona es mi amigo/ y es una gran persona (el diez)...” (Maradona).

Quizás el tema más popular sobre Diego sea el del cuartetero Rodrigo cuyo ritmo y letra cantaron y bailaron millones de argentinos: “A poco que debutó, Maradó, Maradó;/ luz el fue quien corrió, Maradó.../su sueño tiene una estrella/ llena de gol y gambeta./ Y todo el pueblo cantó Maradó.../ nació la mano de dios, Maradó...”

Pero los ídolos futbolísticos han tenido desde siempre sus canciones, celebratorias todas, de sus virtudes inigualables. Así el catalán J.M. Serrat homenajea a uno de los ídolos mayores del Barcelona: “...Todos tienen sus méritos/ a cada quien lo suyo/pero para mí nadie/ como Kubala./ Se ruega al respetable, silencio/ que para quienes no lo han gozado/ diré cuatro cosas...”(Kubala).


El uruguayo Jaime Ross canta las habilidades de una figura legendaria del fútbol rioplatense, el “Pepe” Sasía: “...jugador que echaba el resto/ donde hubiera que largar,/con pelota o sin pelota/ terror del área penal./José Sasía, amigo fiel...”

A ritmo de samba, Brasil tiene una larga historia de cruces entre el fútbol y la música. Van aquí algunos ejemplos donde se exalta a los ídolos: Rutinaldo grabó “Garrincha, chá, chá, chá” en la que homenajea al mítico puntero derecho y “O Rei Pelé”, exalta el inigualable talento del futbolista más importante de Brasil en la voz de Jackson do Pandeiro; como es de suponer las canciones sobre Pelé son numerosísimas y exceden ya el espacio de esta columna.

martes, febrero 14, 2006

LOS CANTOS FUTBOLEROS


(Fin del intervalo de vacaciones, retomo la serie relacionada con el fútbol)
Decíamos en la columna anterior que las influencias culturales, en este caso la del fútbol, nunca son recibidas tal cual sino que siempre el pueblo receptor las adapta y las resignifica. Eso sucedió como ya lo ejemplificamos, con muchísimas palabras propias del juego tomadas del inglés.

Todavía la gente mayor habla del “centrofóbal” (centrofoward), “centrojás” (centrohalf) cuando se refiere a determinadas posiciones de los jugadores dentro del campo de juego; o que son simpatizantes de determinado “cuadro”, adaptación del italiano “scuadra”.

Y si de adaptaciones hablamos, nada mejor que aquellas que realizan las hinchadas de diferentes canciones para alentar a sus equipos. En este rubro los hinchas argentinos se distinguen de los demás en la variedad y en el ingenio de los cánticos. Esto lo corrobora el poeta Horacio Salas “las coplas futbolísticas se pueden cantar porque tienen la rima sonora y la medida precisa para que una barra se entusiasme, aliente, ensordezca y festeje ...”.
Con una delantera así, todo equipo gana
Van aquí algunos ejemplos: “Tu corazón, nena,/tu corazón,/tiene los colores/ de Boca campeón”, (El camaleón, de Chico Novarro). “Ya todos saben/que en la Boca/ están de luto,/ son todos negros,/son todos p...”, (Vos sos un caradura, de Palito Ortega). “Tantas veces fui preso/tantas veces lloré por vos/ yo al cuervo lo quiero/ lo llevo dentro del corazón”, (La reina de la canción, de La Joven Guardia). Una publicidad del gobierno de Isabel Perón prestó su ritmo para uno de los cantos más populares: “Vamos, vamos Argentina,/ vamos, vamos a ganar/ que esta barra quilombera/ no te deja, no te deja de alentar”.

Muchas de estas coplas futboleras fueron recogidas por el poeta Roberto Santoro en “La literatura de la pelota”. Rescato una adaptación hecha por la barra de Racing a pocos días del golpe militar del ’55 y la prohibición del peronismo: “Los muchachos ranciguistas/ todos unidos triunfaremos/ y como siempre daremos/ un grito de corazón:/ Racing campeón, Racing campeón”.

Las letras y los ritmos del rock han servido de inspiración también a estos poetas populares y anónimos. “Y dale alegría, alegría a mi corazón./ Es lo único que te pido al menos hoy./ Y dale alegría, alegría a mi corazón,/ tenés que poner más huevos para ser campeón...”, (Dale alegría a mi corazón, de Fito Páez). También han sido adaptados León Gieco, especialmente el tema “Sólo le pido a Dios”, Los auténticos decadentes y otros más.

Algunas de estas canciones se reciclan, como la inmortal “Y ya lo ve/ y ya lo ve/ es el equipo de José”, entonada por la hinchada de Rácing campeón del mundo del ’66 que ahora la entonan los hinchas argentinos cuando juega—y bien—la selección, debido a la coincidencia onomástica de ambos entrenadores.

Concluye Horacio Salas: “Pese a la crisis y a la declamada tristeza de los argentinos los cánticos continúan domingo tras domingo en los estadios, sobre los compases de las nuevas canciones. De alguna manera y sin saberlo estos modestos poetas anónimos siguen la tradición de los payadores, capaces de improvisar (...) sobre la vida, la muerte, la soledad y el tiempo”.

lunes, febrero 06, 2006

REGRESOS


¿Qué es volver? Y el interrogante me aleja por un momento de los lugares concretos por los que camino. Es mediodía y el sol de enero en Mendoza es una metralla que desmiente las distancias de los tratados de astronomía.

Camino y dos ciudades aparecen superpuestas en la visión; aquélla de los ochenta y los bolsillos flacos y el tiempo y los sueños gordos, la de libros perseguidos y amores esporádicos, la de noches de café y discusiones infinitas; y ésta la de un “juventón” de paso, que busca con la mirada de un arqueólogo las huellas de la memoria en su geografía.

La ciudad ha cambiado y también la mirada con que la recorro. No es novedad esto. Noto sí, la lenta desaparición de los cafés en las esquinas tradicionales y el avance incontenible de los locales de venta de telefonía móvil. También cierto aire en el diseño de algunas fachadas y en el estilo de algunos comercios, un aire de impersonalidad cosmopolita a tono con los tiempos y el turismo. Hasta el bar “Mediterráneo” ahora se llama “Mediterranean’s dreams” (?) en una vana presunción de internacionalismo.

¿Qué es volver? Y se me antoja (mientras transito la Plaza Independencia) que es el intento de insertarse en una película de la que fuimos protagonistas y ahora somos irremediables espectadores. Un deseo que nos ilusiona a cada paso al comprobar que algunos de los elementos de la escenografía ciudadana son los mismos de antaño, como los árboles infinitos de sus calles y el acento y la tonalidad de las voces. Un deseo imposible por la distancia entre el ojo y la imagen.

Y fue ahí, en la Plaza Independencia—ahora llena de artesanos—donde aparecieron algunas remembranzas literarias. No sé por qué vino a mi mente el recuerdo del poeta Víctor Hugo Cúneo que en noviembre del 69, y harto de que el mundo fuera impermeable a la poesía se inmoló en señal de protesta, a lo bonzo, en esa plaza, testigo de su loca carrera de antorcha humana entre las flores que se encendían a su paso. Es posible que persiguiera esa ansia de unidad que ya había anticipado en uno de sus versos: “todas las cosas son una en el fuego”.

Pedro Orgambide recuerda al poeta como “flaco, enjuto, pequeño, nervioso, (...) como Rimbaud desgobernaba sus sentidos”. Y evoca también su constante caminar al borde del peligro, una escena frecuente era verlo colgarse, en los puentes del ferrocarril, de los durmientes mientras el tren pasaba. Para Cúneo era “una sensación maravillosa”.

Alguna vez dedicó un poema a la plaza que eligió para su muerte: “ De pronto nos hemos quedado solos/ y nos hemos encontrado, pecho a pecho/ (...) tú y yo, plaza que estás en la tierra y en el aire/ como la semilla en la fruta./ En esta tierra. En este aire/ que hacen mi soledad...”

Mientras dejo la plaza con los versos resonando llega la voz de un amigo perdido en el tiempo y sorpresivamente real en el abrazo. Un café y la película vuelve a empezar.

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...