miércoles, agosto 29, 2007

ESCRITORES Y DROGAS II


Hemos escrito en la columna anterior que la droga es también un concepto cultural y que es la sociedad la que determina con base en determinados criterios (muy discutibles) qué es lo permitido y qué es lo prohibido. No podemos dejar al opio sin antes pasar por dos célebres escritores “malditos” de la modernidad que tallaron una marca indeleble en la literatura del siglo XX.

Edgar A. Poe (1809-1849) es para muchos el creador de la literatura policial con su célebre cuento “Los crímenes de la calle morgue” y de un poema inmortal, “El cuervo”. La vida de Poe está marcada por continuas pesadillas, las oníricas y las de la vida real. Esto lo hace refugiarse en el alcohol y las drogas. Poe consumía opio, quizás al comienzo como dosis medicinal debido a su dispepsia, luego ya como adicción. En un artículo que Rubén Darío dedica a su admirado maestro conjetura que el alcohol y el opio alimentaron una tendencia natural en Poe, que es la presencia constante en su literatura de los sueños.

En uno de sus cuentos un personaje habla sobre esta adicción "... pues soy un esclavo atado al yugo del opio, un prisionero que lleva sus ataduras, y mis obras, como mis voluntades, han tomado los fantásticos colores de mis sueños, a veces locamente excitados por una dosis inmoderada de opio... “

Ahora bien, esos sueños, alucinaciones, visiones, pesadillas nunca estaban escritos bajo el influjo del opio o del alcohol; la singularidad de Poe estaba en escribirlos pasadas esas crisis. Porque más allá de estas manías, lo que contaba y sigue contando es el talento del escritor y su manera única de usar las palabras.

Del otro lado del mar, París ya va camino a ser la ciudad luz, un hombre pasea por una ciudad desmesurada, “atacada” por las masas que lentamente se van apoderando de los espacios ciudadanos. Ese hombre solo que mira, camina, medita y escribe es quizás uno de los pilares de la poesía moderna, se llama Charles Baudelaire (1821-1867).

Baudelaire habla de las drogas y su relación con los hombres y con él mismo en un libro titulado “Los paraísos artificiales”, donde con extrema lucidez indaga las razones profundas que llevan a los espíritus sensibles a la búsqueda de nuevas realidades. En ese texto escribe sobre el opio: "El espacio es profundizado por el opio; el opio da un sentido mágico a todos los tintes y hace vibrar todos los ruidos con una más significativa sonoridad. Algunas veces, perspectivas magníficas, llenas de color y de luz, se abren súbitamente en sus paisajes, y se ve aparecer en el fondo de sus horizontes ciudades orientales y arquitecturas vaporizadas por la distancia, donde el sol arroja lluvias de oro."

Además del opio, Baudelaire integraba el Club des Haschischins, célebre reunión de intelectuales en la que se fumaba hachís o bien se lo comía en forma de pastilla acompañado de azúcar, miel, canela o vainilla para contrarrestar su sabor poco agradable.

Y será el autor de “Las flores del mal” el que nos abra la puerta a la historia del hachís.

sábado, agosto 18, 2007

ESCRITORES Y DROGAS


“¡Soy una drogadicta!” exclamaba asombrada anoche mi hija al enterarse de que el café, el mate y el té contenían drogas específicas. Claro, su concepto de las drogas es un concepto instalado por los medios, un concepto reducido y atemorizante. Droga para el diccionario de la RAE significa “1. Sustancia mineral, vegetal o animal, que se emplea en la medicina, en la industria o en las bellas artes. 2. Sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno.”

Trabajo fue intentar explicarle que la droga es también un concepto cultural y que es la sociedad la que determina con base en determinados criterios (muy discutibles) qué es lo permitido y qué es lo prohibido. Es curioso, la palabra “droga” deriva del árabe peninsular y significó en su origen “charlatanería”, quizás por los efectos de locuacidad que adquirían los consumidores de determinadas sustancias, especialmente el opio; también hoy el tema drogas es sinónimo de mucha charlatanería, aunque en un sentido distinto del original.

En la literatura hay gran cantidad de escritores que son consumidores de drogas en el sentido más amplio, recordemos los litros de café que bebía Balzac, el gran novelista francés autor de “La comedia humana”, para poder escribir durante la noche. Pero aquí nos referiremos a aquellas drogas que en la actualidad tienen la capa del demonio.

Una de las primeras drogas que se conocen es el opio, que se extrae de una variedad de amapola y que sometido a determinado proceso se lo utiliza como producto para fumar. “El veneno tebaico” lo llama Rubén Darío, el autor de “Cantos de vida y esperanza”, fue introducido a gran escala en Europa en el s. XVIII por Inglaterra desde sus colonias en China. Son los artistas románticos quienes comienzan a experimentar con el opio en la literatura. Coleridge, poeta romántico inglés al parecer comenzó a consumir a partir de los ocho años y lo hizo durante toda su vida. También lo hicieron otros poetas como Byron, Shelley, Keats y novelistas como Walter Scott y filósofos como Thomas De Quincey.

El hábito del opio en estos escritores no era tomado como una excentricidad por la sociedad inglesa de comienzos del siglo XIX, muchos lo consumían con fines medicinales y comenzó a popularizarse el láudano, un preparado farmacéutico formado a base de extracto de opio, azafrán y vino.

¿Cómo influyen las drogas en la creación literaria? Este es el gran interrogante que se han planteado escritores y estudiosos de la literatura. Las respuestas son dispares. Quien tiró la primera piedra fue De Quincey con su libro “Confesiones de un comedor de opio inglés”, en él sostiene que el opio facilita la creación artística y se accede a nuevos estadios de la inteligencia.

Los románticos con su fascinación por lo oscuro, lo inconsciente, el sueño, el más allá, buscaron en el opio la puerta de entrada a ese mundo. Coleridge lo sintetiza en estos versos: “El ojo del poeta en su hora de embriaguez / Tiene un poder magnífico / O mejor, el alma libera a los ojos / De los accidentes de la dimensión”.

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...