sábado, septiembre 29, 2007

COLUMNISMO II


Decía anteriormente que la columna tiene como misión informar entreteniendo o bien entretener informando. ¿Qué cosas, además de estas intenciones, caracteriza a una columna? Básicamente una estructura que tiene que estar acompañada por cierta periodicidad (diaria, semanal); y que ocupa un lugar y espacio determinados e invariables en el diario; tiene una presentación tipográfica destacada (se la suele aislar con recuadros para diferenciarla del resto de la página); generalmente tienen un título que las identifica, y más abajo el título del que tratará el escrito, en la mayoría de los casos está acompañada por la firma y el correo de quien escribe, en otras está la foto del autor.

Una definición muy ingeniosa la da Alexis Grohmann: El periódico es una caja vacía que hay que llenar a diario y yo añadiría que la columna es una minicaja (también vacía en un principio, pero de cuyo llenado son responsables otros) dentro de ésta”.

Ahora bien, no todo es tan sencillo, porque hay tanta diversidad de columnas como columnistas, entonces es muy difícil concertar una caracterización unificadora. En muchas de las columnas podemos dudar si son periodismo o literatura. Es el caso de los escritos del recientemente fallecido Francisco Umbral, maestro del columnismo español.

Es evidente que el “yo autor” que aparece en las columnas tiene un carácter complejo; cuando la columna es de información y claramente de opinión, el “yo autor” es el responsable de los dichos allí vertidos, además está avalado y sostenido por la firma o la mención de su nombre. En este diario tenemos como ejemplo de esta modalidad las columnas sobre folklore de Jorge Vergara.

El problema se presenta con las columnas que son más eclécticas, y que coquetean con la ficción además de la opinión y la información; este tipo de procedimiento, en determinadas situaciones, suscita equívocos, porque ese “yo autor” se transforma en un personaje que tiene puntos de contacto con quien firma, pero que no se identifica plenamente con el autor de carne y hueso. Esto lleva, claramente, a cierta confusión en los lectores que adjudican opiniones al autor o lo asocian a vivencias relatadas por las columnas que en realidad son producto de la imaginación. En esta categoría podemos agrupar a las columnas de María E. Salto, de Claudio Andrade y a quien estás leyendo.

Varias veces he tenido que explicar a lectores y lectoras que tal o cual opinión están puestas con ánimo de entablar discusiones, de deformarlas para una mejor calidad estética, y que algunas experiencias que suelo contar, en realidad, jamás me sucedieron, pertenecen al mundo de la ficción.

Por contarte todo esto, olvidé mi promesa de la semana anterior, referir un poco la historia de este género tan maleable. Al parecer nace en los periódicos del siglo XIX en Inglaterra y en Estados Unidos y adquiere un gran impulso a partir de los años treinta. En los países de habla hispana tienen un antecedente muy prestigioso, el articulismo, género en el que destacados escritores daban una mirada crítica sobre la realidad.

En España, el columnismo es el género relevante en el periodismo actual.

sábado, septiembre 22, 2007

COLUMNISMO

Soy un irresponsable. Los que me conocen asentirán unánimes. Irresponsable y privilegiado. Dos características no demasiado compatibles a la hora de trazar una semblanza florida del autor de estas líneas. Alguna vez un temerario editor me propuso escribir una columna; y esa vez no dudé ni medio segundo en decirle que sí.

Pasado el tiempo y mirando en derredor, uno se da cuenta que para escribir de los temas que trata PALIMPSESTO hay personas más capacitadas y de escritura más sólida o más amena. Uno se da cuenta también que tiene una tradición atrás, nombres ilustres la han construido y dignificado. Si aquella vez hubiese reparado en parte en estas cosas, seguramente mi respuesta habría sido negativa.

Ah, que estas líneas no te muevan a compasión, tampoco son resultado de una modestia simulada. Son mojones que comprueban mi irresponsabilidad. Querría seguir contándote un poco de dónde proviene la tradición del columnismo; pero antes quiero aclararte mi situación de privilegiado.

Escribir es una actividad placentera, pero en mi caso también es trabajosa; nada me sale en el primer intento y debo ir y venir por las hileras de palabras buscando enderezarlas, cortando las malezas, reemplazando aquí un adjetivo, allá una idea.

Y que estas palabras que se engendran en la soledad de una habitación, en los ajetreos de un viaje, en la pantalla o en un cuaderno, que tratan de ocurrencias, de gustos, de hechos impactantes; estas palabras, digo, que forman esta silueta alargada en las últimas páginas del diario, llegan a vos, lector o lectora, una vez a la semana y se produce el milagro del encuentro, ya cercano, ya distante, ya apasionado, ya indiferente. Y eso es un privilegio inmenso.

En el mar de mensajes del mundo actual, arrojo mi botella a modo de náufrago y del otro lado hay quienes recogen la botella y leen lo que en ella hay escrito. Sin conocernos estamos en contacto, quizás no nos veremos nunca; pero si una línea te ha conmovido, una imagen te emocionó o te causó risa, ya es suficiente paga para seguir escribiendo.

Ahora sí, retomo la ruta para hablar de un género que ha pasado por altibajos y que podemos denominar a grandes rasgos como columnismo. Desde hace unos años las columnas periódicas viven un gran auge. Algunas de las causas pueden ser de tipo práctico ya que los columnistas garantizan la ocupación de cierto porcentaje de espacio independientemente del resto del contenido.

Otra causa tiene que ver con una cuestión de estilo y de enfoque. Las columnas proporcionan un tono distinto, un enfoque personal que contrasta con el enfoque más general del resto del diario, además pueden entretener y dar un toque liviano, en medio de la gravedad de las informaciones y del estilo más restringido de las noticias.

La búsqueda del acento personal es algo que los diarios actuales han recuperado del periódico decimonónico; esto tiene que ver con la velocidad actual de la información en la era digital.

La columna contribuye con su estilo a informar entreteniendo o bien a entretener informando.

viernes, septiembre 14, 2007

ESCRITORES Y MARIHUANA


Si hay una droga asociada a los artistas en la consideración de la gente, es sin dudas la marihuana; sobre todo a partir de los años 60 con el movimiento hippie, se la vincula con la vida bohemia de artesanos, músicos, pintores, escritores. Es desde ese momento en que la marihuana se constituye en la droga de mayor consumo en la sociedad actual.

Sin embargo ya en un libro de farmacia chino del año dos mil setecientos treinta, aparece el uso de la planta de cáñamo para curar diversas enfermedades. Durante la Edad Media la planta llega por los invasores de Oriente o bien por los guerreros cruzados que vuelven a Europa. Algunos críticos sostienen que el “pantagruelión” es el nombre que se le daba a la marihuana en la obra de François Rabelais, “Gargantúa y Pantagruel”.

En la campaña que Napoleón hace a Egipto a comienzos del siglo XIX, los soldados descubren las potencialidades de la marihuana y difunden su fama, pero todavía en ese siglo su consumo estuvo bastante acotado a médicos y artistas. Sorprende que la autora de un clásico juvenil como “Mujercitas”, Louissa M. Alcott, haya sido una inesperada defensora de la droga y escribió sobre ella en “Un juego peligroso”, en 1869.

Es Valle-Inclán el escritor que en lengua española nos introduce en el mundo de la marihuana, las referencias son varias, lo que indica el interés del escritor gallego por la sustancia, su historia, sus variedades, su uso y la experiencia de sus efectos, aquí un ejemplo: “Y no existe paleta / ni existirá tan rica y soberana como su ardiente fantasía / de alucinado y de poeta, / ebria de sol y marihuana”.

La denominada “Generación Beat” estadounidense, que influyó tanto en los jóvenes de los 60, tuvo en Jack Kerouac uno de sus símbolos. Escribió una novela emblemática, “En el camino”, en ella el alcohol y la marihuana ocupan un lugar destacado, como en la propia vida de su autor. Si Bukowski o Löwry son el paradigma de los escritores borrachos, nadie duda que William S. Burroughs es el escritor drogado por antonomasia, ninguna sustancia le ha sido ajena. Alguna vez dijo: “He escrito sin droga pasajes que encontraba maravillosos y que releyéndolos al día siguiente he tirado a la papelera. Mientras que algunos pasajes escritos bajo la influencia del cannabis han resistido la prueba de una lectura crítica".

Martin Amis, el novelista inglés autor de “Tren nocturno” explica en una entrevista su uso de la droga en el proceso de escritura: “Creo que no es bueno beber mientras escribes. Es bueno beber después, no durante. Para mí, la droga ideal para un escritor es la marihuana, es lo mejor para atrapar las ideas que flotan a tu alrededor, pero tienes que fumarla cuando tomas notas, no durante la redacción definitiva del texto. Sí. En todos mis libros he utilizado la marihuana, porque deja volar el inconsciente. El inconsciente es muy importante para escribir.”

La relación que se establece entre las drogas y la creación literaria es compleja y tensa. En muchos casos la que ha ganado ha sido la literatura.

sábado, septiembre 08, 2007

Escritores y drogas III

El consumo de determinadas sustancias tiene que ver con las costumbres de una época. El uso de una u otra droga está ligado a su popularidad, a su prohibición o no, a sus efectos, a su precio, al prestigio y seguramente un gran número de variables más. El opio, del que ya hablamos, y el hachís son “prestigiados” en Occidente en los últimos dos siglos, debido al alto consumo entre los poetas, pintores, dramaturgos, actores.

El hachís es una pasta o resina que se obtiene de la flor del cáñamo. En Oriente se conoce desde tiempos remotos y llega masivamente a Europa a fines del s. XVIII. Al igual que el opio comenzó a usarse con fines medicinales y fue adoptado inmediatamente por los artistas que buscaban nuevas percepciones y sensaciones. Su auge puede rastrearse en la segunda mitad del s. XIX y comienzos del XX, cuando las ciencias ocultas, los estados paranormales, los secretos de la mente, la teosofía estaban en plena euforia.

Ya en “Las mil y una noches”, ese libro que es suma de libros, se cuenta la "Historia de los dos consumidores de hachís", cuyo protagonista es un pescador dado al consumo de la droga, y ésta lo hace cometer varios desatinos, incluso hacerse pasar por el sultán ante el propio sultán, gracias al desparpajo con el que habla (por efecto de la droga), logra salvar su vida.

Pero vayamos hacia adelante, andamos otra vez en compañía de Baudelaire y París, entremos con él en el hotel Pimodan, allí se reúne el “Club des Haschischiens”, nos esperan Gautier, Nerval, todos ellos autores de libros sobre el hachís, también Alejandro Dumas, que menciona sus efectos en un pasaje de “El conde de Montecristo”: “...¿Sois poeta? Gustadla de nuevo, y se esfumarán las barreras de lo imposible; los campos de lo infinito se abrirán ante vos; os pasearéis con corazón libre y con libertad de espíritu por los campos sin límite de la fantasía. ¿Sois ambicioso? ¿Corréis tras las grandezas de la tierra? Gustadla otra vez y en una hora serás rey...”

Damos un salto y en los cafés de Madrid nos encontramos con Ramón del Valle-Inclán (1866-1936), el más excéntrico de los escritores españoles, bohemio, dandy, personaje singular del que hay un sin fin de anécdotas que muchas veces ocultan su talento de escritor. Recita un poema, “La pipa de Kif”, aún bajo los efectos del humo: “Mis sentidos tornan a ser infantiles,/ tiene el mundo una gracia matinal,/ mis sentidos como gayos tamboriles/cantan en la entraña del azul cristal. (...) Divino penacho de la frente triste,/en mi pipa el humo de su grito azul,/mi sangre gozosa claridad asiste/si quemo la verde Yerba de Estambul.”

Y para el final, una curiosidad etimológica: existía en la antigüedad una secta árabe llamada “hassassins” que consumía la droga con el propósito de ingresar en estados de conciencia más elevados, pero también sus miembros fueron utilizados para matar a todos aquellos que se oponían al ascenso al poder de su líder; del nombre de esta secta provienen los términos “hachís” y nuestro común y corriente “asesino”.

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...