miércoles, febrero 20, 2008

LITERATURA Y EXILIO

Los dos son casi tan viejos como la humanidad misma y como no podía ser de otra manera están relacionados a lo largo de la historia. Muchas veces es la literatura (quién lo diría, con lo inofensiva que parece) la que provoca el exilio, en otros es el exilio el que genera literatura, ambos casos se dan en el poeta latino Ovidio, quien en la columna anterior abrió esta serie.

Antes de continuar vayamos a la intimidad de la palabra, a su intra historia para auscultar algunos de sus secretos. La palabra exilio es un cultismo derivado del latín exsilium, a su vez esta palabra está compuesta por el prefijo ex, que significa más allá”, fuera y el sustantivo solum, asociado a la tierra, la región, el país, el solar, la casa, los antepasados. El equivalente castizo de exilio es des-tierro y sus derivados. En ambos casos siempre está un componente de poder que, en cierta manera, determina la salida e impide nuevamente el ingreso, es decir que el exilio se liga indefectiblemente a lo político.

El propósito de esta serie de columnas es recorrer algunas obras literarias que abordan el tema del exilio.

El primer ejemplo ilustre y a su vez extremo está en la Biblia, Adán y Eva son los primeros exiliados por no acatar las órdenes del poder dominante. Son el primer modelo de una serie que llega a nuestros días. Y el Señor lo sacó del jardín del Edén, para que labrase la tierra de donde fue tomado [...] Dios puso al oriente del jardín del Edén querubines y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino al árbol de la vida. Caín es otro de los exiliados al que Dios le niega la muerte para que su condena sea aún más terrible. En ambos casos el exilio es la resultante de un castigo.

La misma función cumple en el primer cantar de gesta conservado de la literatura española, El poema de Mío Cid. Ruy Díaz de Vivar ha caído en desgracia ante el rey, debe abandonar su tierra con premura; el poeta para hacer más dramático este momento nos describe primero al Cid y después lo que éste ve. De sus ojos tan fuertemente llorando,/ giraba la cabeza y los estaba mirando./ Vio puertas abiertas y puertas sin candados/ perchas vacías sin pieles y sin mantos/ y sin halcones y sin azores... A pesar de ser una obra medieval tiene rasgos muy contemporáneos que ilustran el dolor del exiliado al dejar su casa y sus posesiones, el guerrero llora sin tapujos mientras el caballo comienza su marcha hacia lo desconocido. Con la visión empañada por las lágrimas distingue su casa vacía, de puertas abiertas, ya que nada guarda. El exiliado, como su casa, va vacío, deberá construirse una nueva identidad para poder sobrevivir.

El cubano Guillermo Cabrera Infante, autor de Tres tristes tigres, recordaba que al dejar su casa en La Habana una de las imágenes persistentes al verla ya vacía, era aquélla del Cid llorando.

viernes, febrero 08, 2008

ATARDECE EN TOMIS



El exilio es la muerte, se dice todos los días el anciano que camina junto al mar en la tímida primavera de Tomis. Camina y el viento le revuelve la túnica y la exigua cabellera. Algunos funcionarios romanos lo saludan con respeto; los getas, los sármatas, habitantes de esta región, lo ignoran, salvo un puñado de ilustrados, rara avis en este lugar tan salvaje.

El Ponto Euxino es un mar inclemente y crispado, las costas escarpadas y violentas, el sol apenas calienta y el verano es un suspiro. El invierno es eterno. ¡Qué lejos, Roma! ¡Qué lejos su casa, su esposa, sus hijos! Seguramente la primavera estallará en los árboles junto al Tíber, en sus posesiones en las afueras de la ciudad.

Sólo dos cosas lo mantienen vivo en este sitio hostil y bárbaro, la escritura, me salen versos como si hablara y la esperanza de que Augusto levante su castigo y pueda regresar a Roma. Como Ulises, ese otro exiliado, tiene la ilusión de volver a su Ítaca, como Ulises, los años se acumulan y no hay señales propicias; por eso escribe: Aquí, aunque aturdido por el estruendo de las armas que en torno mío resuenan, endulzo con la poesía mi triste situación; y aunque no haya un solo oído dispuesto a escucharme, abrevio y engaño con ella las horas eternas del día. Si vivo aún, y conllevo la dureza de mis trabajos, y no he llegado a aborrecer mi penosa existencia, es, Musa, gracias a ti, que me consuelas, que calmas mis inquietudes y alivias mis dolores.

El anciano, camina hacia su casa y recuerda a otro exiliado ilustre, Pitágoras, que aconsejaba no mirar hacia atrás al salir de la tierra natal, pues las Erinnias, estas diosas lo convertirían en piedra.No he podido, soy como una estatua de piedra o de sal que mira fijo en dirección a Roma, por eso escribo epístolas a mis amigos, con la esperanza de que ellos las lean y comenten, que sepan que el áureo autor de la Metamorfosis, el poeta aclamado por Roma, aún respira.

No ha tenido la dignidad de Sócrates que puesto a elegir entre el exilio o la muerte, eligió a esta última; no tuvo opción, ¿pero es una opción? El exilio es la muerte repite mientras el sol apenas se vislumbra en las calles sórdidas de Tomis.

El anciano no sabe que siglos después, un hombre que habla la lengua del Imperio dirá desterrado de Florencia, que ser exiliado es un honor, claro que Dante nunca salió de la península itálica. Otro escritor, Víctor Hugo, dirá, ya cercano a nosotros, que el exilio es la vida, en su doble acepción de libertad para trabajar y de salvar su propia existencia.

Nada de eso sabe Ovidio, en la soledad de su casa, escribe pero la mayoría de las veces arroja sus escritos al fuego. Entretiene el tiempo, consuela sus achaques. Anochece en Temis. Ovidio sueña todas las noches con Roma, una ciudad que ya no volverá a ver.

Estatua de Ovidio en Tomis

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...