miércoles, marzo 19, 2008

LITERATURA Y EXILIO III

Hablar del exilio de los escritores del régimen soviético es entrar en una lista lamentablemente demasiado larga. No busco enumeraciones administrativas, sino apenas algunos reflejos sorprendentes del drama que se cuela, inevitable, en la escritura. Parte del horror ya ha sido registrado en una obra emblemática: Archipiélago Gulag de Alexander Solzhenitsyn, quién experimentó en carne propia la tortura y la cárcel hasta lograr exiliarse.

En una época difícil por el giro dado a la Revolución, Marina Tsvetáieva decidió volver a Rusia sabiendo que a los ojos de Stalin era mujer, intelectual y había vivido en el extranjero, todo esto la tornaba sumamente peligrosa; pero su nostalgia de Rusia pudo más. En un poema señala la suerte de todo un grupo de poetas e intelectuales, No nos desbarataron; nos perdieron/ por los tugurios de las latitudes:/ disgregados como huérfanos. La voz poética actualiza la tensión entre el amor a la tierra natal y el peligro de la disolución de la propia vida: Lo natal, lo pasado,/ rasgos todos y marcas:/ toda fecha borrada-/ donde ha nacido el alma./ Mi tierra me ha perdido...” Se suicidó en una remota región tártara donde fue deportada por el régimen soviético en 1941.

También el premio Nobel Joseph Brodsky soportó la cárcel y pudo exiliarse en Estados Unidos; al cumplir cuarenta años repasa algunos aspectos de su vida y mantiene vivo en su recuerdo el paisaje ruso: (He)Abandonado el país que me nutrió/ [...]He admitido en mis sueños la pupila azul del carcelero,/ mordisqueado el pan del exilio sin dejar una miga.

¿Qué es volver para un exiliado? ¿Realmente se vuelve? ¿Volvió verdaderamente Ulises a su Ítaca? Para la poeta rusa Ana Ajmatova, también deportada por Stalin a Siberia, pero que logró sobrevivir y volver a su ciudad, este regreso es imposible e ilustra las marcas que el exilio deja, marcas que no se borran por el resto de la vida: Unos van por un sendero recto,/ Otros caminan en círculo,/ Añoran el regreso a la casa paterna/ Y esperan a la amiga de otros tiempos./ Mi camino, en cambio, no es ni recto, ni curvo,/ Llevo conmigo el infortunio,/ Voy hacia nunca, hacia ninguna parte,/ Como un tren sobre el abismo.


El polaco Czeslaw Milosz, exiliado en Estados Unidos, recuerda en un poema su ciudad natal que vive en la memoria y que la escritura recupera, Nunca de ti, ciudad, he podido irme./ Clavando los ojos en las pardas colinas detrás de las torres de Santiago/ Donde se mueven un pequeño caballo y un hombre pequeño/ detrás del arado,/ Ciertísimamente desde hace mucho ya muertos.

Kostandinos Kavafis, poeta alejandrino muestra la imposibilidad de dejar de ser un exiliado: "No encontrarás otra tierra, otro mar./ Aquí terminarás, no esperes nada mejor. /No hay barco para ti, no hay camino./Como has destruido aquí tu vida,/en esta angosta esquina de la tierra,/así la has destruido en todo el mundo”.

martes, marzo 04, 2008

Literatura y exilio II

Los escritores y escritoras exiliados forman legión; pero no es para hablar de sus personas la intención de estas columnas, sino para abordar personajes, obras, en los que aparece el tema del destierro.

En particular me interesa destacar un periodo cargado de misterio y leyenda; pero casi desconocido para la mayoría, aquél de la permanencia árabe y judía en la península ibérica durante ocho siglos. De ese tiempo nos llegan, a veces, a modo de pequeñas grietas de un volcán enorme y poco explorado, pequeñas bocanadas de palabras, fumarolas líricas de poetas árabes y judíos que nos permiten atisbar cómo se vivía y sentía, cuál eran las costumbres, los anhelos, las cuitas de la gente en el Al-Andalus.

Y por supuesto, no podía estar ausente el tema del exilio. El poeta árabe Ben Al-Labbana refiere la despedida del desterrado Al-Mutamid y su familia, siglos después percibimos en la escena el desgarrado dolor de los que se van: “Todo lo olvidaré menos aquella madrugada junto al Guadalquivir, cuando estaban en las naves como muertos en sus fosas.[...] Partieron los navíos, acompañados de sollozos, como una perezosa caravana que el camellero arrea con su canción. ¡Ay, cuántas lágrimas caían al agua! ¡Ay, cuántos corazones rotos se llevaban aquellas galeras insensibles!”.

En aquellos tiempos de intrigas, recelos y traiciones era común perder los favores de los gobernantes del Al-Andalus y ser desterrados a algunas ciudades de África o a Damasco o Bagdad. El poeta Al- Ysuf Habib cuenta la pena y la añoranza de Córdoba de un desterrado: “Entre mi casa y yo median demasiados soles; es noche estrellada aquí y llega el viento frío del desierto. Allá en mi jardín el agua cantará triste y los pájaros del atardecer no tendrán quien les arroje migas blancas. Córdoba, ya no vivo ni viviré si tus calles me son ajenas.” Tanto en el poema del párrafo anterior como en este, se remarca uno de los efectos más constantes del exilio, el de ser muertos en vida.

El mayor poeta judío de la España medieval fue Rabí Yehudá Halevi, nacido en Toledo. Hay en muchos de sus poemas una añoranza eterna por la patria de su sangre, Israel: “Mi corazón está en el Oriente y yo, en el extremo Oeste. ¿Cómo podré saborear un alimento? ¿Cómo me puede parecer sabroso? ¿Cómo habré de pronunciar mis votos y mis promesas, mientras Sión yace cautiva en manos de Edom, y yo encadenado a los árabes?...”

El exilio es un castigo y es imposible torcerlo salvo con la intervención divina, según Salomón ibn Gabirol, poeta hebreo nacido en Málaga: “Yo he residido en el exilio, hundido en el fango y nadie ha hecho nada para liberarme ¿Hasta cuándo, Señor, demorará mi redención?...”

Hay una herida en el pueblo sefardí, expulsado de España, que aún no cicatriza, como lo refiere este poema contemporáneo: “Hay una llave que abre y cierra el pasado/ y el futuro y hace doler el presente./ La llave de la casa toledana/ que mis antepasados cerraron hace siglos,/ la llave que abrió un surco por donde aun brota sangre.”

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...