miércoles, diciembre 24, 2008

HISTORIAS DE NAVIDAD


a W.F.T

El otoño en Wlodawa solía ser muy bello cuando la nieve no se anticipaba y el sol manchaba con una pátina brillante los campos, el pueblo y la gente. El otoño en Wlodawa era el tiempo propicio para el amor. Los jóvenes, ya liberados de sus tareas de cosecha, se ocupan apenas de los preparativos para superar el largo invierno. Allí a la vera del puente que cruza el río, Basilio y Ana descubren caminos nuevos de la pasión mientras se ríen y sueñan con una vida juntos.

Se habían conocido en el coro de la iglesia, Ana era hija de comerciantes que venían de Varsovia; Basilio era el mayor de los Sanchuk, una familia que poseía unas pocas hectáreas de tierra y muchos hijos en las afueras del pueblo. Los padres de Ana cuando se enteraron del pretendiente de su hija, amenazaron con mandarla a la capital, dispuestos a no hacer concesiones con ese joven gigantón sin ningún futuro. Pese a todo, y ante el menor descuido, ellos se las ingeniaban para verse.

Volvamos lector, lectora, cerca del río donde los dejamos. Se escucha la inconfundible voz de Basilio cantando y Ana lo escucha y mira el cielo -recostada sobre el pasto- y piensa si las nubes en América tendrán las mismas formas que aquí. América se llama el sueño de Basilio, ahora que ya es mayor de edad y que su padre ha decidido enviarlo con unos parientes para que el muchacho tenga una vida mejor y haya una boca menos para alimentar.

Ana le propone escaparse juntos, él se ríe y le pide que lo espere y que tiene dos años para convencer a sus padres de que la dejen partir, que no sabe si vendrá a buscarla o le enviará el pasaje, que tenga paciencia, que ya estarán juntos, que en América todos son ricos.

Cuando Basilio llega a la casa de sus parientes, allá en la colonia rusa como la llaman los argentinos, siente que éste puede ser su lugar en el mundo. Le adjudican unas tierras, trabaja a destajo, la extraña; pero sabe que dos años pasan rápido. Todos en la colonia están encantados con el nuevo inmigrante, muchas se maravillan de su voz en la iglesia o en las fiestas. Basilio junta, peso a peso, mientras levanta su casa, el dinero para el pasaje.

La noticia llegó de noche, en la voz ondulante de un locutor en la radio del bar de la colonia. La guerra, la invasión a Polonia. A la luz de una vela, esa noche escribió a Ana, a sus padres, pero las respuestas nunca llegaron. Algunos años después supo que algunos de sus hermanos sobrevivieron a la guerra; de ella y su familia, nada.

Basilio se ve solo en el mundo. Se casa, tiene hijos que ya grandes repiten la historia de su padre y se van a la ciudad porque el sueño de América es de aliento corto. Desde aquella vez no volvió a cantar, tampoco volvió a la iglesia.

Cuando lo conocí, ya viudo, me impresionó su enorme estatura. La misma que ocupó gran parte del espacio que dejaba la puerta abierta de la iglesia aquella nochebuena de 19.., ya comenzada la misa. Cuarenta años después Basilio volvió sin saber por qué, ante el cuchicheo frenético de las viejas y la mirada sorprendida de los amigos. También esa navidad era especial en la colonia, estaban las Hermanas Basilianas, que venían de Misiones.

Basilio supo que el destino es una madeja enmarañada cuando escuchó una voz en el coro. Cuando terminó la misa la vio, ella también. Se dedicaron una sonrisa y luego se abrazaron y más allá de la toca y de los trajes, más allá de las mutuas arrugas, de las mutuas canas, de las vidas que se les gastaron, oyeron el río de Wlodawa.

"Feliz Navidad" fueron sus primeras palabras.

lunes, diciembre 15, 2008

PAIDEIA


Claro, el título hace alusión al célebre e ineludible libro de W. Jaeger en el que se estudia los ideales de la cultura griega antigua y son esos ideales los que nacen y perduran gracias a la educación. De esa obra señera quiero tomar su título para bosquejar ciertos aspectos de la educación nuestra de cada día.

El disparador fue la manifestación del sábado 29 en Valencia, allí una multitud salió a la calle a protestar contra una iniciativa de un funcionario de la Generalitat Valenciana (una especie de ministro de educación) que obliga a dictar la materia Educación para la Ciudadanía (algo similar a nuestra Formación Ética) en inglés. Esto provocó el rechazo de padres y docentes. Los últimos protestaban porque no todos tienen el nivel apropiado de inglés para dictar la materia en ese idioma. De paso la manifestación ha servido para reclamar algunas cosillas pendientes en lo educativo al gobierno valenciano.

La mayoría de las declaraciones de padres y madres que leí estaban en contra del proyecto; no protestaban por ser una lengua extranjera o se mostraban chauvinistas; protestaban porque el nivel de inglés que tienen los chicos y chicas en sus colegios no se condice con esta nueva exigencia y por ello, les iba a resultar muy difícil comprender la materia, aunque todos estaban de acuerdo con una educación polilingüe.

Esto me llevó a considerar cómo en nuestro nivel medio hay materias que no tienen un objetivo claro y específico, o si lo tienen raramente se cumple. Inglés es una de esas asignaturas. ¿Qué queremos que haga un chico o una chica con el idioma de Shakespeare? ¿Que lo lea y comprenda? ¿Que lo traduzca? ¿Que lo hable? Mi experiencia me dice que muy poco de todo esto sucede a lo largo de los años y esto es así, quizás, porque no hay un objetivo claro de para qué está el inglés en la escuela media.

Otro caso similar es el de computación. He sido testigo de cómo las escuelas durante la década pasada se disputaban la inscripción de alumnos y alumnas; entre las “ofertas” de prestigio que traía réditos seguros estaba poseer un aula de computación y el dictado de la asignatura. En realidad lo que había y sigue habiendo son computadoras; pero en general muy poco de informática educativa. Así los chicos y chicas aprendían las partes de la computadora y luego practicaban con los programas más populares...¿y luego? El Paint pasa a ser la solución y el programa más usado para llenar el escritorio de dibujos con corazones y mensajes como “Juan y Gabi se aman” en colores rutilantes. Lamentablemente es el uso inadecuado del recurso lo que sobresale y esto tiene una razón que es la ausencia de una política educativa definida con respecto a la computación en el colegio.

Estos son dos casos emblemáticos—por supuesto que hay más—de aquello que “no debe faltar en la escuela” según los teóricos de la educación, y no faltan; pero en la mayoría de los casos son pura forma, esqueletos rancios, vacíos peligrosos que la educación argentina se ha acostumbrado a disimular.

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...