miércoles, junio 24, 2009

Hallazgos


Suelo tener como costumbre en vacaciones recorrer las librerías de viejo en las ciudades que visito; esto por supuesto provoca la unánime protesta familiar, pero gracias a ese hábito he descubierto preciosos tesoros. Así este enero infernal me topé con el último ejemplar de la revista “Anteojito” fechado el 9 de enero de 2002.

Fue la primera revista que tuve entre mis manos en aquella inaugural y analfabeta infancia campesina; todavía veo aquel niño en la cocina que olía a leña, pasear sus ojos asombrados por ese abanico de colores y la lámina gigante de San Martín en su caballo blanco, aquellas imágenes han quedado marcadas a fuego en la memoria.

Dicen las estadísticas que Anteojito vio la calle el 8 de octubre de 1964. Mantuvo una línea editorial que no se modificó mucho con el paso del tiempo. Los chicos teníamos las primeras disputas intelectuales entre aquellos del bando de Anteojito y los del bando Billiken, una especie de Boca-Ríver revisteril. No sé por qué razón olvidé aquel primer deslumbramiento y ya en el pueblo estaba con la pandilla de Billiken. Los de la revista de Atlántida éramos más serios, más formales, teníamos fama de estudiosos ya que la revista superaba largamente en contenidos a su rival; pero a veces envidiábamos a esa serie de personajes divertidos que tenía Anteojito, personajes que después lograron mayor fama cuando pasaron a la televisión o el cine.

¿Qué sería de la ciudad de Trulalá sin ese grupo de malos malísimos que le ponían un poco de acción? El más malo de todos, el profesor Neurus, secundado por la bruja Cachavacha y el Gran Hampa, un malo misterioso que García Ferré le adjudicó su identidad oculta a Serrucho.

Por el lado de los buenos estaban Anteojito, el tío Antifaz, el gran Hijitus, el perro Pichichus, el Comisario y el millonario Gold Silver. Después estaban aquellos que ocupaban un lugar intermedio, Oaky, el bebé caprichoso y malcriado, el arrabalero Pucho, el mudo Serrucho y el detestable mayordomo Gutiérrez. También había otras historietas como Pelopincho y Cachirula, Pi-Pío, Ico el caballito y ¡Calculín! , sinónimo del chico inteligente y estudioso y seudónimo de todo compañero que usara anteojos y se destacara en la escuela. En cuanto a los temas, siempre enfocados a las necesidades escolares hacían ver cierta ideología conservadora en la historia y una visión centralista desde lo geográfico.

Billiken se modernizó, no sé si para bien o para mal, pero comenzó a tener contenidos más vinculados a la televisión y a las productoras de espectáculos para chicos, ya no es su fuerte el conocimiento sino el entretenimiento. De aquella revista que leía en los setenta poco y nada queda. La única que menos cambió y permaneció fiel a su estructura y espíritu fue Anteojito, quizás también por eso no pudo resistir los embates de la era electrónica.

Con Anteojito se fue un modo de hacer revista orientada a los chicos que concurrían a la escuela primaria. Mezclaba el entretenimiento con el saber. Los contenidos escolares con las historietas. Respondía a necesidades de un mundo ya irremisiblemente agotado.

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