miércoles, julio 07, 2010

POEMAS DEL DUERO


               Sentado bajo la sombra de las murallas de la ermita de San Saturio, mientras el sol lentamente declina sobre el río que pasa plácido entre los árboles e inicia su “Curva de ballesta en torno a Soria”, busco que la mirada sea una esponja poderosa y el rumor del agua y los pájaros quede indeleble en la memoria. El Duero, impávido sigue corriendo hacia la mar, llevándose jirones de Castilla, como dice Machado.


               Claro, estar en Soria y junto al Duero es convocar al poeta de estos campos y de este río. “A orillas del Duero” es quizás uno de los más extraordinarios poemas del siglo XX, en él el río aúna el pasado glorioso con el presente decrépito:El Duero cruza el corazón de roble/ de Iberia y de Castilla”. También estos árboles centenarios han sido testigos del vagar del poeta, He vuelto a ver los álamos dorados,/ álamos del camino en la ribera/ del Duero, entre San Polo y San Saturio”... y los versos siguen cayendo en la memoria.


               Sumerjo un minuto mis manos y las llevo a mi cara llenas de agua, sabiendo que me empapo de historia, que la lengua que hablo sólo pudo florecer en sus orillas. Sus aguas apagaron la sed del Cid y sus mesnadas y quizás del juglar que tiempo después escribió la historia. Y un romance me llega en la tarde sobre la Zamora de doña Urraca en que se menciona el río: “Zamora había por nombre, – Zamora la bien cercada;/ de un lado la cerca el Duero, – del otro Peña Tajada”. Muchos siglos después Unamuno evocará el río y esta ciudad en otro romance: “Zamora del recio ensueño,/ mi románica Zamora,/ poso en Castilla del cielo/ de las leyendas heroicas/ del lejano romancero,/ Zamora dormida en brazos/ corrientes del padre Duero”. También el río puede navegarse en otro poema de don Miguel en el que se conjugan lo histórico y lo geográfico ya en su título: “Dorium, Duero, Douro”.


               El poeta zamorano Claudio Rodríguez  en una elegía subraya la experiencia singular que significa haber vivido junto al Duero: “ponte como hoy en pie de guerra, guarda/ todas mis puertas y ventanas como/ tú has hecho desde siempre,/ tú, a quien estoy oyendo igual que entonces,/ tú, río de mi tierra, tú, río Duradero”.


               Otro cantor del Duero ha sido Gerardo Diego, aquí tenemos la primera estrofa de un poema con aire tradicional: Río Duero, río Duero,/ nadie a acompañarte baja;/ nadie se detiene a oír/ tu eterna estrofa de agua”. José García Nieto termina su poema dedicado al río con estos versos: A Urbión le cubre un pecho de paloma;/ deshecho en ti se vuelve mensajero,/ y al mar diciendo va, de loma en loma,/ que en hombros del amor se acerca el Duero”.


               Con el riesgo de que este centón se torne insoportable dejo aquí mis evocaciones sobre el río y la poesía que lo nombra. Camino hacia la ciudad y en el puente me detengo, veo pasar el agua imperturbable y perderse corva a lo lejos. Es cierto, es un río, me digo, pero por él también corren siglos de palabras.



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