jueves, enero 27, 2011

MUTIS POR EL FORO

               Si es cierto que el teatro es una representación de la vida, hay determinados elementos del teatro que bien pueden servir como metáforas de situaciones, vivencias de la cotidianeidad. La expresión que da título a esta columna es teatral, y significa que un personaje desaparece del escenario, se va en silencio por el foro. Esta frase como expresión figurada tiene diversos significados, entre ellos el de desaparecer de la escena de la vida, morirse; pero la podemos aplicar en otros contextos no tan dramáticos. ¿Quién no ha hecho mutis por el foro en la vida de la persona que alguna vez amamos? ¿quién no ha hecho mutis por el foro de un trabajo que padecíamos? ¿quién no se ha ido en silencio de un lugar y de las personas que habitaban ese lugar? Y desde una zona intimista podemos preguntarnos ¿en qué momento hizo mutis por el foro nuestra infancia, nuestra juventud? ¿Cuándo dejaron la escena algunos amigos, algunos amores?
               Te preguntarás lector, lectora, en qué parará esta parrafada. Pues bien, en el intento de rescatar algunos oficios, algunas formas de vida que lentamente se perdieron o van desapareciendo.
               Seguramente en tu ciudad, en tu pueblo todavía existe la mercería, con sus innumerables cajoncitos llenos de botones y la vitrina de vidrio con cierres, lanas, retazos, y una mujer que trajinó su vida entre esas estanterías y se empecina en seguir, porque sabe que cuando ya no esté, su comercio desaparecerá. Contados son los otrora innumerables almacenes de ramos generales con sus altas fachadas y su olor característico, resultado de la mezcla heterogénea de tantos productos.
               Apenas quedan sastres, aquellos señores siempre circunspectos y con el centímetro en sus hombros, que nos hacían la ropa a medida. El herrero y su fragua, un oficio esencial durante siglos, ya son una estampa del pasado. No hace tanto, algunas escuelas secundarias otorgaban el título de técnico linotipista. Es hoy un oficio extinguido y muchos de aquellos linotipistas, verdaderos orfebres, recuerdan la ardua tarea del armado de las páginas para que el diario o revista saliera justo a tiempo. Y ya que estamos con la escritura seguramente recordarán las academias de mecanografía, verdadera sala de tortura para aprender a utilizar los dedos con las teclas correspondientes, ¡y pensar que pagábamos por ello!
               Hay comercios que hoy ya comienzan a sufrir la lenta despedida de la escena, por ejemplo las disquerías, esas casas donde comprábamos los long plays, los casetes, y ahora los discos compactos y dvd; también las casas de fotografías, se han transformado en   imprentas digitales. Algunos oficios desaparecerán con el tiempo, es posible que el quiosco de revistas tenga ya fecha de vencimiento con el auge de las publicaciones electrónicas y la voz del canillita se pierda en las mañanas del tiempo.
               Mutis por el foro hacen hoy las viejas rondas y canciones infantiles que durante siglos los niños y niñas del mundo usaron en sus juegos. El aislamiento, los juegos electrónicos, la televisión hace que lentamente ese tesoro se pierda.
               Mutis por el foro ¡tantas cosas!, pero siempre la escena está ocupada, algo nuevo entra en el escenario y algo se despide. Quizás tengan razón los que dicen que el teatro se asemeja bastante a la vida.

martes, enero 18, 2011

LA BELLEZA


Serie "Los colores de mi tierra" (Imágenes robadas a R.C.)
               Dos hechos estéticos me han impactado hace unos días y  me han hecho reflexionar sobre el tema de la belleza. Tema que ha obsesionado a la filosofía y al arte a lo largo de los tiempos. Ya los griegos debatían qué cosa era la belleza, y uno de los ideales de su cultura era el “kalós kai agazós”, expresión intraducible pero que podemos simplificar como “bello y bueno”. Platón en varios de sus diálogos definía a la belleza como armonía y proporción. La estética se ha ocupado de este concepto a lo largo de la historia y ha mostrado su relatividad. Quiero centrarme en una noción un tanto inasible y algo más perdurable de Belleza, aquella en la que hay ciertas secretas correspondencias que hace que el objeto o el conjunto provoque en los demás cierto placer, cierto gozo inteligible y también sensible.
               Pero esta concepción no se corresponde en la mayoría de los casos con la realidad,  y así consideramos que algo es bello o feo de acuerdo con determinados cánones impuestos que luego se tornan “naturales”. Dicho de otra manera, en determinados ámbitos lo que consideramos bello es el resultado de una imposición  de culturas o grupos hegemónicos. Así en lo corporal, el ideal de belleza es ser de tez blanca, cabello rubio y ojos verdes o azules. Es un ideal impuesto por los medios, especialmente, por el cine estadounidense. Otro tanto sucede con los paisajes,  y para que sean bellos deben responder al estereotipo de manual de turismo suizo: pinos, montañas, bosques, el lago, ah, y la casita en el medio.
               No me interesan esos moldes de belleza. Vuelvo a aquel concepto intenso y de gozo inteligible y sensible; vuelvo también a los dos hechos estéticos que originaron estas bagatelas.
               El primero surgió de la lectura de “Endecha”, un largo poema elegíaco de Gerardo Burton[1]. Una y dos veces como un bello puñal de hielo en las entrañas tuve que  interrumpir la lectura. La completé en el tercer intento. El poema muestra cómo el perpetuo dolor de la pérdida puede mutar, gracias a la belleza, en una experiencia de gozo, que sume a quien la atraviesa en un estado diferente, y opera en nosotros una transformación. Una muestra de que la belleza no tiene mucho que ver con lo lindo. El poema es inquietante, terrible, pero bello como una postal de un tigre de Bengala.
               El otro impacto vino dado por toda una serie imágenes tituladas “Los colores de mi tierra” publicadas en su blog (http://flacofla.blogspot.com) por Ricardo Cascio, un fotógrafo que en su lente tiene ya la belleza incorporada. El paisaje de esta Patagonia norte asombra, gracias a la magia del “flaco”, y muestra cómo esta meseta agreste puede contener infinita belleza. Su lente agrega colores nuevos, formas insólitas, montes secretos, su lente hace que al mirar el paisaje, miremos diferente, los veamos como si antes el paisaje hubiese sido un simple negativo. 
               El “flaco” y Gerardo me muestran que la belleza, la inasible, habita en cualquier parte y que simplemente basta el clic de una cámara o la cadencia de un verso para que explote en nuestro cuerpo.   



[1] En este poema, Burton habla de la muerte de su padre.

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...