miércoles, febrero 09, 2011

BOLSITAS

No, no pretendo escribir acerca de la ecología y las bolsas de nylon, ni tampoco es un comentario de la que quizás sea la primera novela policial argentina: La bolsa de huesos” de Eduardo Holmberg. Pretendo usar a nuestras cotidianas bolsitas de mercado como una metáfora que intenta comprender determinadas situaciones de nuestra vida actual.
Utilizamos con ligereza estas bolsitas, y así como vienen con la caja de arroz, en casa pasan a  contener tornillos, pan, zapatillas, papeles y demás. Esta variedad de contenido se contrapone tarde o temprano con su único final, el cesto de la basura. Útiles en su momento, nos desprendemos de ellas sin ningún resquemor.       Esa especie de cultura de tengo y tiro para seguir teniendo, caracteriza nuestro tiempo; todo se ha vuelto una especie de bolsita cuyo provecho apenas dura y enseguida viene su reemplazo.
“Úselo, tírelo” es el título de uno de los libros de Eduardo Galeano, que resume la actitud de nuestra época. Sin embargo, pertenezco a una generación a la que le cuesta desprenderse de las cosas, quizás porque antes entablábamos una larga convivencia con ellas, teníamos otro trato, participaban de nuestra rutina por años, eran casi parte nuestra y no abundaban o bien era difícil  adquirirlas y renovarlas. Televisores que duraban más de dos décadas, máquinas fotográficas casi eternas, heladeras indestructibles, la spika con la que el abuelo escuchaba los partidos y tantas cosas más.
Por eso a quienes transitamos las cuatro décadas o  más, nos cuesta admitir que algo que compramos hace dos o tres años hoy sea una antigüedad, me niego a tirar una impresora rota, a pesar de que sale mucho más arreglarla que comprar una nueva. Sucede lo mismo con los teléfonos celulares, los televisores, los equipos de música, las cintas de video, las filmadoras con cassette, las máquinas de fotos, los mp3 y todo lo que se les ocurra. Cada vez su vida es más efímera y se parecen a las bolsitas, todas terminan en la basura. Como dato curioso y sintomático, en mi pueblo, son muy pocos quienes arreglan electrodomésticos o aparatos electrónicos, y los que hay son gente mayor.  
Como les decía, soy de una generación habituada a conservar, ya sea papeles, cuadernos, diarios, revistas, carpetas, apuntes, juguetes, fotos, archivos que van poblando todo un sector de la casa. Es posible que muchas de esas cosas que atesoro no las usaré nunca, o quizás cuando las necesite no las encuentre, suele suceder; pero tiene que ver con mi historia personal, esas cosas son parte de mí, explican a su manera mi derrotero vital, sin ellas me transformo en un ser anónimo.
Detrás de ese frenético recambio hay una sociedad a la que le importa la velocidad y no la duración. Por eso hoy la experiencia, las rutinas que calcaron parte de nuestra vida han dejado de tener la importancia de antaño. Zygmunt Bauman, el sociólogo polaco, resume así esta situación: los logros individuales no pueden solidificarse en bienes duraderos porque los activos se convierten en pasivos y las capacidades en discapacidades en un abrir y cerrar de ojos. Las condiciones de la acción y las estrategias diseñadas para responder a ellas envejecen con rapidez y ya son obsoletas antes de que las personas tengan siquiera la opción de conocerlas adecuadamente”.
Un panorama poco alentador, porque en ese modelo del “úselo y tírelo” también están un familiar cercano, un amigo, tu novia, tu padre, una hermana, todos tratando de esquivar el destino final de las bolsitas del mercado.

miércoles, febrero 02, 2011

Ganancias y pérdidas


               Pasan nubes grises en este anochecer patagónico, nubes que traen la ilusión de la lluvia frente a la realidad consuetudinaria del viento. Y uno, sentado en el jardín, mira y hace inevitablemente, como vos, un racconto de lo que sucedió este año. Aunque vos sabés que esto de los años es mera estadística, que por más tarjetas, brindis y fuegos artificiales nada se deshace y se renueva a partir del primero de enero, salvo la esperanza.
               Te decía que en estas fechas se nos da por el uso de la jerga económica y hablamos de balances, de ganancias y pérdidas, del debe y del haber, sabemos desde ya que la vida no se reduce a esto pero ahí estamos... haciendo balance.
                Esta actitud crítica con los meses que pasaron aumenta con los años, y tiene características particulares de acuerdo con nuestra edad. Es que a medida que nos hacemos más grandes reparamos más en las pérdidas, o tal vez, nos duelan más, y menos en las ganancias. Esto, quizás, sea simplemente porque aquello que perdemos ha convivido largo tiempo con nosotros, ha formado parte nuestra, y la novedad y las ganancias a esta altura pueden ser menores.
               Es posible que este año que se va se lleve entre tus pérdidas amigos/as que se fueron lejos por diversas circunstancias y extrañás sus charlas, los mates, los paseos; la ilusión de reconquistar a la persona que quisiste; clausurar un proyecto de vida definitivamente (irte a vivir a otro lugar, no terminar o comenzar la carrera que soñaste, cambiar de empleo, de auto, separarte, viajar...) porque es casi imposible o descubriste que después de tanto esfuerzo ya no te interesa. Entre las pérdidas están las de la gente que querés, las de aquellos amigos/as o familiares que intempestivamente hacen mutis por el foro dejándote desconcertado/a en el escenario de la vida; también están aquellos que los viste lentamente apagarse y emprendieron en el año que se va su viaje; esa gente querida nos deja más solos/as, más inermes y es como si nos sacaran pequeños anteojos por los que miramos la vida y nos dejaran más miopes, con menos experiencias, un poco más pobres.
                Es posible que este año que se va te haya traído sus buenas ganancias, claro dependerá de la distancia que haya entre tus reales posibilidades y tus deseos. Y en eso también tiene que ver nuestra edad, a medida que crecemos vamos tomando conciencia de muestra verdaderas posibilidades y recortando nuestros deseos; de no hacerlo conviviríamos con cierto clima de frustración permanente.
               Es por eso que uno valora los logros del auto nuevo, la ampliación de la casa, el viaje soñado, una nueva pareja, el nacimiento de hijos, el ascenso en el trabajo, el cuadro que pintaste o lo mucho que ahorraste teniendo en cuenta que vivís en Argentina; pero también hay que sumarle otras ganancias que te da la vida y que no dependen tanto de nuestro hacer, como por ejemplo que tus viejos estén con vos, sanos o no tanto, fuertes, que tus hijos/as tengan una infancia feliz, que tu mente y tu cuerpo estén bien, y que tu sueño cada noche sea en paz.
               Te dejo aquí, que tengas el mejor año. Merece lo que sueñas.

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...