martes, julio 26, 2016

LUGARES


              
Siempre resuena en mi memoria aquella frase de Agustín de Hipona acerca del tiempo: “¿Qué es, pues el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero explicarlo a quien me lo pide, no lo sé”. Perplejidad ante lo inasible y sin embargo visible, el tiempo se torna en esa especie de niebla que todos vemos,--¡ay, vemos sus obras en nuestros cuerpos!—y  sin embargo, al momento de intentar atraparla se desvanece en nuestras manos. Y en tren de rememorar citas, cómo olvidar aquel espléndido verso de Quevedo que sintetiza ese misterio del tiempo: “lo fugitivo permanece y dura”.

               No, no pretenderé aquí filosofar sobre el tiempo, sino simplemente intentar rozar su superficie, recorrer algunos lugares que muestran su piel huidiza. Hay dos cuentos sobre el tiempo que me han impactado como un torpedo en la sensibilidad y que tratan, por vías diferentes, de apresarlo. Uno de ellos se llama “Los siete mensajeros” y es del italiano Dino Buzzatti, al leerlo un escalofrío temporal difícil de resistir sube por mi columna, las grandes preguntas metafísicas sobre el tiempo están planteadas allí  a modo de parábola; el otro es una de las historias más lindas de la literatura argentina, se llama “Las doce a Bragado” y la escribió Haroldo Conti. En este cuento el tiempo está asociado con lo cotidiano, que suele velarnos su cara hasta que en determinado momento el velo se descorre y la confusión y el asombro impactan de lleno en nuestra humanidad. Vuelvo al cuento, son las cosas y sobre todos los lugares los que se van alterando por el tiempo, y el tío Agustín, el protagonista, reúne, ya viejo, en su cabeza los sitios del pasado y del presente.

               Algo similar al tío Agustín me sucede a veces con la ciudad en la que he vivido tantos años. Sucede lo que yo creía les ocurría únicamente a la gente de mucha edad, sin darnos cuenta que en realidad nos pasa a casi todos los que hemos doblado el codo de la vida. De alguna manera, los que permanecemos mucho tiempo en un lugar no vemos solamente el lugar a secas, sino que los lugares son una suma de capas temporales a la manera de las eras geológicas. Así, cuando vos lector o lectora pasás por determinada tienda, nos ves solamente ese local, en tu memoria también está aquella dueña que la atendía o el almacén en el que comprabas cuando tus padres te mandaban.

               Sí, me pasa ahora con la ciudad, y cuando estoy por el centro es inevitable buscar con la mirada el bar de la Fortunata y encontrar una tienda, o ver un nuevo edificio donde doña Exequiela despachaba el pan o la harina; y más allá la tienda donde el “pibe” García calzaba  los zapatos más brillosos de la ciudad. Las anchas veredas tratan de disimular los viejos surtidores de nafta que instaló José Daima. Tampoco están don Arroyo ni don Dahir para vendernos los primeros cigarros.

               Los lugares son los mismos, pero son otros, y uno siente que va perdiendo referentes, que la ciudad se hace un poquito más extraña cada día.
              

jueves, julio 14, 2016

CINE Y LITERATURA II



Hablamos anteriormente de las siempre complejas y ríspidas relaciones entre la literatura y cine; el innegable vínculo obliga a utilizar un concepto ya empleado que proviene del mundo de las letras: el de intertextualidad. Es innegable la gran cantidad de películas que tienen su origen en el mundo literario; pero más allá de temas compartidos están los procedimientos, en especial el de la narratividad y sus modos de plasmarla, presente en ambos géneros.

También la intertextualidad se da en el interior mismo del campo cinematográfico cuando una película remite a otra con diversas intenciones ya sea de crítica, homenaje, sátira, guiños humorísticos, etc. Hay diversas formas de intertextualidad en el cine como lo señala Pérez Bowie, estudioso de la teoría cinematográfica. Una de ellas es la modalidad del cine dentro del cine, es decir hay una historia cuyos personajes se transforman en espectadores que asisten a una función, esto se puede ver en dos películas del hoy desleído W. Allen, Misterioso asesinato en Manhattan”, allí los disparos que matan al asesino coinciden con los disparos que destrozan los espejos enLa dama de Shanghai” de Orson Welles que se proyectaba en ese momento en la sala. Es evidente el homenaje que Allen le hace a uno de los genios del cine. En “La rosa púrpura de El Cairo” hay una estructura que semeja a las cajas chinas, y explora la ficción dentro de la ficción, los personajes que salen de la pantalla y se relacionan con los espectadores.

Otra forma de intertextualidad es la de mostrar aquello que sucede detrás de la pantalla, especialmente el proceso de realización de un film ya sea como autocrítica; pienso en Ocho y medio” de F. Fellini, allí el maestro italiano repasa su vida en medio de una crisis creativa. “Cantando bajo la lluvia” de Donen es en opinión de este cinéfilo aficionado una de las cimas del género musical, interpretada por el inolvidable G. Kelly narra el intento de Don Lockwood por filmar musicales. Quiero rescatar un documental argentino “El ambulante” realizado por tres directores a modo de homenaje sobre el cineasta Daniel Burmeister, quien cargado con un pequeño equipo y a bordo de su desvencijado auto, anda miles de kilómetros ofreciendo de pueblo en pueblo la creación de un film interpretado y realizado con la ayuda de los vecinos de cada localidad a cambio, únicamente, de casa y comida. Esa aventura a su vez es registrada por los directores y da cuenta del proceso creativo de Burmeister, y muestra asimismo cómo se hace una película, la búsqueda de los escenarios,  la selección de actores,  la edición y la proyección.

Una pequeña variante sobre el cine dentro del cine es la asistencia de personajes a una sala de proyección, generalmente hay un componente nostálgico ya que hacen foco sobre la infancia o adolescencia del personaje. Seguramente te viene a la memoria la cálida “Cinema Paradiso” de Tornatore, una verdadera historia de amor por el cine.

A veces una película incluye fragmentos de otras que le precedieron, es un procedimiento que busca citar para dar mayor verosimilitud al relato (por ejemplo amigos que hablan sobre cine y al nombrar algún film se incluye un pequeño fragmento) o bien con intención de homenaje (suele figurar alguna marquesina con el nombre de una película o folletos o posters, no recuerdo los nombres pero he visto en varias la figura de Chaplin).

Quizá vos tendrás muchos más ejemplos del cine y la intertextualidad, espero que estos ejemplos hayan disparado tu memoria sobre el mundo que viviste dentro de una sala de cine.

jueves, julio 07, 2016

CINE Y LITERATURA


Las relaciones de la literatura y el cine han sido muy estrechas y también muy complejas y en algún punto polémicas. Son relaciones maritales viciadas, es decir hay siempre una rémora de tensión en ese vínculo ya que para muchos existe parcial o totalmente una irreductibilidad entre ambos lenguajes. Me propongo discurrir libremente sobre la presencia de algunos textos literarios en el cine. Esto técnicamente recibe el nombre de intertextualidad, ya que en un sentido amplio son dos lenguajes (literario uno y cinematográfico otro) conectados. En este caso particular son las historias de la literatura las que van a nutrir las historias del cine.


Es evidente que desde los inicios mismos del cine, éste se nutrió de diversas manifestaciones culturales más o menos próximas; nadie puede negar la influencia que tuvo la novela realista decimonónica, la novela romántica, el folletín, y formas teatrales como el melodrama y el “music-hall”. Durante décadas los héroes y heroínas del cine fueron “pixelados” según los estereotipos del romanticismo, así teníamos seres intachables y sin fisuras de un lado y deleznables sujetos como antagonistas. Varias son las razones por las que el cine le echa el guante a las obras literarias, enumero algunas: la garantía del éxito comercial apoyado sobre el éxito previo de la obra literaria (la saga Harry Potter es uno de los tantos ejemplos), la necesidad de encontrar nuevos argumentos, el prestigio artístico y cultural que puede proporcionar al film el texto literario (ejemplo de ello son las innumerables adaptaciones de obras clásicas de Sófocles, Shakespeare o Lope de Vega), el acceso al conocimiento histórico que un texto condensa,  también la interpretación personal que un director da a obras emblemáticas (la película de Al Pacino “Looking for Richard” sobre Ricardo III).

Hay diversas formas de intertextualidad literario-cinematográfica. La más evidente es la adaptación del texto para el cine que según la intención del director puede ir desde la puesta en imágenes de la historia que presenta, tratando de ser lo más fiel al libro; hasta su utilización como pretexto para que el director pueda dar a conocer su mirada personal sobre determinado asunto. Ya se sabe que las adaptaciones no siempre dejan conformes a los escritores o al público que quiere ver fielmente el libro en la pantalla. Un especialista en adaptar textos literarios al cine (con fortuna diversa) fue el español Rafael Azcona cuyos guiones están presentes en películas como “La Celestina” o “Los girasoles ciegos”.

Otra forma de intertextualidad suele ser el abordaje que hace el cine del campo de la literatura, así tenemos películas sobre la vida de escritores, sus problemas con la creación, el mundo editorial puede aparecer en ellas, también el argumento se puede centrar en la figura del lector. La simpática “Medianoche en París” de W. Allen puede ser un buen resumen de lo dicho. Puedo agregar “El cartero de Neruda” basada en la novela de Skármeta  y “La historia interminable” (sobre la novela de M. Ende) en la que un niño vivirá una aventura inolvidable al leer un libro mágico.

 Otra manera que establece el cine de interactuar con la literatura es mediante los guiños, las referencias, las citas que en muchos casos revelan la admiración o un homenaje del realizador. Ese procedimiento lo utiliza José Luis Cuerda en su película “La lengua de las mariposas” cuando el viejo maestro le regala al niño un ejemplar de “La isla del tesoro” de Stevenson o la referencia al poeta A. Machado. Y una última forma tiene que ver con la estructura del relato, la manera de contarlo. La ruptura de la narración literaria tradicional en pos de una forma más compleja de contar también es adoptada el cine.

Como ya lo sabemos por Perogrullo, un film proceda del universo literario o toque algunas de sus aristas, no es garantía de ninguna excelencia.


HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...