viernes, febrero 17, 2012

PINTURA Y LITARATURA II


Hablábamos en la columna anterior de cómo la literatura se vale de la pintura como tema en los distintos géneros literarios. Ejemplo de este maridaje ha sido en el mundo de las letras el éxito de Dan Brown con su “Código Da Vinci”.  Pero no iré por esa ruta, volveré a la senda trazada por Mujica Láinez  en una novela no muy conocida llamada  “El laberinto”, que está protagonizada por "Ginés de Silva", el chico que, en la parte inferior del cuadro “El entierro del Conde de Orgaz” de el Greco sostiene un cirio encendido y nos da, como ya es conocido en Mujica Láinez, un verdadero fresco sobre la vida española  del siglo XVI.

 No solo la narrativa ha utilizado la pintura en sus historias, también en la poesía el lienzo ha servido de núcleo poético.  León Felipe, el poeta español, tiene un extraño poema llamado “Pie para el niño de Vallecas, de Velázquez” que toma como referencia el cuadro del pintor de “Las meninas”, en él se retrata a uno de los enanos bufones de la corte llamado Francisco Lezcano. El poema comienza: “De aquí no se va nadie./ Mientras esta cabeza rota/ del Niño de Vallecas exista,/ de aquí no se va nadie. Nadie./ Ni el místico ni el suicida”.

Otro poeta español que tiene muchas composiciones dedicadas a la pintura es Rafael Alberti, el autor de “Marinero en Tierra”. Alberti además de poeta fue un pintor destacado; aseguran sus biógrafos que su primera vocación fue el dibujo y él mismo lo confirma en su autobiografía. “A la pintura” es un poemario escrito a mediados de siglo que muestra la estrecha relación entre poesía y colores para el autor. Hay poemas a la pintura, al pincel, a los colores, a la perspectiva, a la proporción, a la acuarela; y por supuesto a los pintores que Alberti admira como Piero Della Francesca, Tiziano (“Nunca doró pincel en primavera/ mejor cintura ni mayor cadera”.), el Bosco (“Pintor en desvelo:/ tu paleta vuela al cielo,/ y en un  cuerno/ tu pincel baja al infierno”.), Goya (“La dulzura, el estupro,/ la risa, la violencia,/ la sonrisa, la sangre,/ el cadalso, la feria./ Hay un diablo demente persiguiendo/ a cuchillo la luz y las tinieblas”.), Picasso(“Dijo el azul un día:/ Hoy tengo un nuevo nombre. Se me llama:/ Azul Pablo Ruiz Azul Picasso”).

Ya que estamos con españoles y de la misma generación sabemos de la predilección y del talento de García Lorca para el dibujo, y de la contenida gravedad es la descripción hecha poema que Luis Cernuda realizó al detalle de dos cuadros de el Greco y de Tiziano.

Mi admirado Octavio Paz escribió ensayos antológicos sobre pintura moderna,  muchos de sus poemas tienen su semilla en algunos cuadros o en la obra de determinados artistas. Acá un fragmento de un poema dedicado a una serie de cuadros y collages de Robert Motherwell, importante figura del llamado expresionismo abstracto: “La marea de los ocres/ su cresta verdeante,/ su grito blanco,/ el desmoronamiento del horizonte/ sobre metros y metros de tela desierta,/ el sol,/ la traza de sus pasos en el cuadro,/ colores-actos,/ los hachazos del negro,/ la espiral del verde,/ el árbol amarillo que da frutos de lumbre,/ el azul/ y sus pájaros al asalto del blanco,/ espacio/ martirizado por la idea,/ por la pasión tatuado”.

Festival de colores, la pintura, cuenta lo que las palabras no siempre pueden.

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