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DESPEDIDAS

Andar citándose a sí mismo es más o menos como ir cortando flores y poniéndoselas en el ojal del saco, en el sombrero o detrás de la oreja, un gesto exhibicionista y pedante;pero en algunas columnas hace ya mucho tiempo te comentaba sobre la sorpresa y perplejidad que me provoca el gesto de algunos escritores que de un día para otro deciden poner punto final a su labor. Es un prejuicio, lo sé; porque no me causa la misma extrañeza que un jornalero, un carpintero o un médico, decidan un día no ejercer más. Ejemplos ilustres en las letras hay desde siglos, sin ir más lejos, siempre me pregunté por qué William Shakespeare decidió un día, en el pináculo de su fama, huir de Londres y volver a su aldea campesina y dejar definitivamente el teatro y la escritura. El mismo enigma para quien inauguró la poesía moderna, Arthur Rimbaud, que muy joven abandonó la poesía, luego de haber marcado una cesura clara en la historia de la literatura, para empeñarse en proyectos delirantes y aventureros qu…

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