martes, octubre 20, 2009

AGUAS INFERNALES





            Mucho trabaja Caronte cruzando almas por la laguna Estigia; pero quién sobrevive hoy con un solo empleo. Así el barquero—según los griegos—también cruza las almas a través del río Aqueronte que a diferencia de la Estigia, sí tiene una ubicación geográfica concreta. Este río se encuentra en la región del Épiro, al noroeste de Grecia. Es un río irregular y en algunas regiones sus aguas son subterráneas. Es posible que gracias a esta característica se le haya atribuido ser el camino hacia el mundo de los muertos. Hay otros ríos que también están asociados al otro mundo, como el Flegeton "Horrible" y el Leteo "que da olvido", sobre el que volveremos si no me tocan sus aguas.
               También el Aqueronte tiene una larga historia literaria, aunque antes debo decir que el río tiene la particularidad que nada flota en su superficie salvo la barca de Caronte, lo que se dice una  verdadera explotación monopólica. En el “Fedón”, Platón lo considera el segundo río del mundo; pero el Aqueronte y su barquero deben también su fama a la creación singular de Dante Alighieri, la “Divina Comedia”. En el canto III del Infierno, nos encontramos con el río y su personaje ya cristianizado“... y hasta llegado al río (Aquerón) hablar no quise./ Y entonces fue cuando a nosotros vi venir/ en barco un blanco viejo por antiguo pelo/ gritando: ¡Ay de vosotras, almas perversas!/ ¡No esperéis ya más de ver el Cielo!/ Aquí vengo a llevaros a la otra orilla/ a las tinieblas eternas, al calor y al hielo”...
               Hay un cuento del notable poeta mejicano José Emilio Pacheco que se llama “Aqueronte”, en el relato dos jóvenes que nunca se han visto y es posible que jamás se vuelvan a ver están a punto de conocerse, pero uno de ellos no cruza el río de su timidez y la muchacha se va del bar y el encuentro no se produce. Julio Herrera y Reissig titula uno de sus cuentos “Las aguas de Aqueronte”, en él su protagonista, Rodolfo, quiere morir a toda costa y sus amigos, ya cansados de tanta insistencia, le suministran morfina para que en su delirio crea que ha cruzado el río de la muerte.
               Para algunos el Aqueronte desembocaba en el Averno, un lago oscuro e inmenso. Es frecuente en la mitología que haya lagos generalmente sulfurosos que en su fondo abriguen al mismísimo infierno. Así lo vemos en el “Libro del caballero Zifar”, escrito en la baja Edad Media española. Uno de los episodios más famosos es el del “Caballero atrevido”.  La señora del lago engaña a quienes se acercan a sus aguas. El caballero atrevido sucumbe a los encantos de la dama y esta lo arrastra al fondo del lago. Luego de una serie de  peripecias y de hechos asombrosos, el caballero es expulsado y se descubre que la dama era el diablo en persona. Estos lagos infernales eran frecuentes en la literatura artúrica y el Quijote también los incluye y los parodia.
               Dejo de surcar estas aguas infernales, ya es tiempo de emerger y disfrutar de la luz y de este otoño patagónico.



miércoles, octubre 07, 2009

El Mississippi


Los ríos fueron y serán esenciales en la historia de los pueblos. Inevitablemente muchos de esos ríos también tienen una tradición literaria, aunque no todos; o si la tienen uno no la conoce, ya sea porque su literatura no es prestigiosa y por ende no llega a determinados mercados editoriales, o bien porque su lengua es minoritaria y existen pocas traducciones, y... las causas de este vacío pueden ser numerosísimas.

Sí hay un río que tiene una larga tradición literaria, el Mississippi. Sus aguas son una espina dorsal de Estados Unidos a lo largo de casi cuatro mil kilómetros. En su desembocadura, en el golfo de México, forma uno de los deltas más grandes del mundo. Su historia está unida no sólo a lo literario sino también a lo musical. Es el río del blues y del jazz.

Y es el río de Mark Twain (1835-1910), el célebre autor de dos grandes novelas sobre el Mississippi: Las aventuras de Tom Sawyer (1876) y Aventuras de Huckleberry Finn (1884).


El río apenas lo vislumbrábamos en los grabados que acompañaban las novelas de la célebre colección Robin Hood. Durante muchos años el Mississippi fue para mí un río de la imaginación, hasta que lentamente fue corporizándose en enciclopedias, textos geográficos y hoy con su patente realidad que llega desde la pantalla de la computadora.

Pero volvamos a este escritor sureño tan influenciado por el río en su obra y en su vida, ya que fue piloto de los conocidísimos barcos de vapor, experiencia que será descripta en un texto autobiográfico titulado Vida en el Mississippi (1883). Además utiliza como seudónimo una expresión que usan los marinos para indicar el calado mínimo de navegación en el río. Sin contar el conocimiento y el uso realista de los varios dialectos que se hablan en sus riberas.

Tom Sawyer es un personaje del que no me interesa hablar desde mi competencia letrada; de él hablo desde el recuerdo, desde la nostalgia, porque Tom es el niño que todos hubiésemos querido ser en nuestras siestas patagónicas, lejos de los ríos, zaheridos por el sol y picados por el viento.

El niño salvaje y aventurero, que desdeña las obligaciones y aprecia a sus amigos, el niño cuyo ingenio nos asombraba y nos hacía reír. El niño de un mundo que imaginábamos perfecto y del que nosotros -ya con un esbozo de vello en la cara- lentamente nos íbamos despidiendo.

Varios años pasan hasta que Mark Twain escribe la vida del amigo de Tom, llamado Huckelberry Finn. El tono ha cambiado y es el propio "Huck" quien cuenta su historia; ya no es una obra tanto para jóvenes, sino que la intención de Twain va más allá y se propone desde la mirada del muchacho dar una visión crítica sobre la sociedad estadounidense, sobre todo la sureña.

También aquí el Mississippi tiene una preponderancia central y moldea el habla y las costumbres de sus pobladores. Sobrevuela en sus páginas un tufillo a desencanto, a confianza perdida.

Mark Twain escribirá muchas obras, tendrá fama y poco dinero, vivirá en el Este rico; y sin embargo son estas dos obras las que lo han salvado para la posteridad, las que siguen vigentes, como el río que cruza por sus páginas.

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...