martes, diciembre 29, 2009

GANANCIAS Y PÉRDIDAS



Pasan nubes grises en este anochecer patagónico, nubes que traen la ilusión de la lluvia frente a la realidad consuetudinaria del viento. Y uno, sentado en el jardín, mira y hace inevitablemente, como vos, un racconto de lo que sucedió este año. Aunque vos sabés que esto de los años es mera estadística, que por más tarjetas, brindis y fuegos artificiales nada se deshace y se renueva a partir del primero de enero, salvo la esperanza.
Te decía que en estas fechas se nos da por el uso de la jerga económica y hablamos de balances, de ganancias y pérdidas, del debe y del haber, sabemos desde ya que la vida no se reduce a esto pero ahí estamos... haciendo balance.
Esta actitud crítica con los meses que pasaron aumenta con los años, y tiene características particulares de acuerdo con nuestra edad. Es que a medida que nos hacemos más grandes reparamos más en las pérdidas, o tal vez, nos duelan más, y menos en las ganancias. Esto, quizás, sea simplemente porque aquello que perdemos ha convivido largo tiempo con nosotros, ha formado parte nuestra, y la novedad y las ganancias a esta altura pueden ser menores.
Es posible que este año que se va se lleve entre tus pérdidas amigos/as que se fueron lejos por diversas circunstancias y extrañás sus charlas, los mates, los paseos; la ilusión de reconquistar a la persona que quisiste; clausurar un proyecto de vida definitivamente (irte a vivir a otro lugar, no terminar o comenzar la carrera que soñaste, cambiar de empleo, de auto, separarte, viajar...) porque es casi imposible o descubriste que después de tanto esfuerzo ya no te interesa. Entre las pérdidas están las de la gente que querés, las de aquellos amigos/as o familiares que intempestivamente hacen mutis por el foro dejándote desconcertado/a en el escenario de la vida; también están aquellos que los viste lentamente apagarse y emprendieron en el año que se va su viaje; esa gente querida nos deja más solos/as, más inermes y es como si nos sacaran pequeños anteojos por los que miramos la vida y nos dejaran más miopes, con menos experiencias, un poco más pobres.
Es posible que este año que se va te haya traído sus buenas ganancias, claro dependerá de la distancia que haya entre tus reales posibilidades y tus deseos. Y en eso también tiene que ver nuestra edad, a medida que crecemos vamos tomando conciencia de muestra verdaderas posibilidades y recortando nuestros deseos; de no hacerlo conviviríamos con cierto clima de frustración permanente.
Es por eso que uno valora los logros del auto nuevo, la ampliación de la casa, el viaje soñado, una nueva pareja, el nacimiento de hijos, el ascenso en el trabajo, el cuadro que pintaste o lo mucho que ahorraste teniendo en cuenta que vivís en Argentina; pero también hay que sumarle otras ganancias que te da la vida y que no dependen tanto de nuestro hacer, como por ejemplo que tus viejos estén con vos, sanos o no tanto, fuertes, que tus hijos/as tengan una infancia feliz, que tu mente y tu cuerpo estén bien, y que tu sueño cada noche sea en paz.
Te dejo aquí lector, lectora, que tengas el mejor 2010. Merece lo que sueñas.

lunes, diciembre 21, 2009

El Sena y la literatura




Ha llovido y las veredas parecen lucientes y un cierto olor a ¿almizcle? se esparce por la noche del recién venido verano. A mi izquierda el Sena, quizás el río emblema de la literatura mundial. Pocos poetas o escritores han permanecido indiferentes a su encanto; sin embargo esta visión que tengo del río no tiene el efecto esperado, porque en esta zona de París va encajonado entre dos muros que lo transforman casi en un canal.


Uno mira el río y es imposible no tener la mirada contaminada por el recuerdo de algunas páginas memorables, inevitable que al río concreto que corre a metros de mis pies añada los anteojos de mis lecturas. Contemplar el Sena desde la torre Eiffel es como si viésemos una hoja gigante cuya nervadura principal es el río; no hay forma de imaginar París sin ese hilo de agua. Y ayer desde la altura parisina fue la visión de Rastignac, aquel joven ambicioso de Papá Goriot”,  la que se interpuso en mi camino con ese célebre final.  Al quedar solo, Rastignac dio unos pasos hacia lo alto del cementerio y contempló París, tortuosamente extendido a lo largo de las dos orillas del Sena, en el que comenzaban a brillar las luces. […] Lanzó sobre aquella zumbante colmena una mirada que parecía extraer su miel por anticipado y pronunció estas grandiosas palabras: '¡Ahora nos veremos las caras!'... 

Mientras camino y veo sus puentes iluminados y el ruido del agua allá abajo mezclado con el de alguna lancha con turistas, recuerdo que la noche y estas aguas (u otras, si vamos a creerle a Heráclito), cobijaron la angustia insoportable de Paul Celan, el poeta rumano, que se arrojó de uno de estos puentes. La misma angustia que sintió Víctor Hugo, el autor de “Los Miserables”,--novela  en la que uno de sus principales personajes, el inspector Javert, se arroja al río—cuando supo de la muerte accidental de su hija ahogada en sus aguas.



 Ahogada en un hábil juego de palabras resulta la mujer del narrador del cuento “El río” de Julio Cortázar, en el que se confunden el sueño con la vigilia: Y sí, parece que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al Sena, algo por el estilo, una de esas frases de plena noche, mezcladas de sábana y boca pastosa… [… y el final] miro con sorpresa mi mano que chorrea, y antes de resbalar a tu lado sé que acaban de sacarte del agua, demasiado tarde, naturalmente, y que yaces sobre las piedras del muelle rodeada de zapatos y de voces, desnuda boca arriba con tu pelo empapado y tus ojos abiertos”.  También Rayuela” tiene innumerables pasajes en los que aparece el río, y que muestra el entrañable amor por este sector de la ciudad que tenía Cortázar.


Escucho tañidos de campana a lo lejos, los puestos callejeros aún permanecen abiertos a pesar de la noche, me detengo en el Pont Neuf, sus piedras durante cuatro siglos han visto pasar gran parte de la historia de Occidente. 


Es suficiente, demasiado impacto por hoy. Decido ir a dormir. 

miércoles, diciembre 09, 2009

EL RÍO MAGDALENA

Sé que en Latinoamérica hay ríos poderosos que la literatura ha tomado como elemento importante de sus ficciones. No pretendo abusar de tu paciencia lectora, lector y comprendé también mis limitaciones a la hora de referir algunos de estos ríos; menciono solo aquellos de los que alguna vez leí en un cuento, un poema, una novela. Como siempre sucede, lo no dicho será inabarcable y tal vez más importante; pero confío que estos pequeños rescates flotarán en tu memoria a modo de hojas que arrastra la corriente sin hundirlas.

El río Magdalena es la aorta colombiana, es imposible pensar al país mismo sin la presencia de esas aguas marrones que lo recorren de Sur a Norte por más de mil quinientos kilómetros. En numerosas obras el río se presta como escenario o protagonista, desde canciones prehispánicas, pasando por los cronistas españoles hasta el presente. Don Andrés Bello, insigne gramático, exhortaba a las musas a dejar los solares europeos para recalar en las tierras de Colón. En uno de sus extenso poemas lo menciona: “Los valles va a buscar del Magdalena/ Con salto audaz el Bogotá espumoso”. 

El ejemplo de Bello fue seguido por Manuel María Madiedo, un nativo de Cartagena, lugar cercano a donde el río se aposenta en el mar. Mediedo en uno de sus poemas dedicado al Magdalena, ve en el río una condensación de la patria, al par que exalta la flora y fauna autóctona. Transcribo aquí los versos finales: “Corre a perderte en los ignotos mares/ Como entre Dios se perderá mi alma!/ Cedros y flores ornan tu rivera(sic),/Aves sin fin que con tus ondas hablan,/[...] ¡Yo te saludo, hijo de los Andes!/ Puedas un día fecundar mi patria,/Libre, sin par por su saber y gloria,/Y habrás colmado toda mi esperanza!”

Presencia insoslayable del río Magdalena en la vida y la obra de Gabriel García Márquez. Así en Vivir para contarla”, su autobiografía, narra al comienzo el viaje por el río junto a su madre rumbo a Aracataca, allí se dice: “...la tormenta vapuleó la temeraria embarcación mientras atravesábamos el río Magdalena, que a tan corta distancia de su estuario tiene un temperamento oceánico”.


El río es casi un personaje central en “El General y su laberinto”, por él navega Bolívar en un viaje sin retorno...”Era la cuarta vez que viajaba por el Magdalena y no pudo eludir la impresión de estar recogiendo los pasos de su vida.”

En “El amor en los tiempos del cólera” aparece el río como escenario de la historia de amor, pero también lo muestra como víctima de la contaminación originada por el hombre. “Florentino Ariza se dio cuenta de que el río padre de la Magdalena, uno de los más grandes del mundo, era solo una ilusión de la memoria. El capitán Samaritano les explicó cómo la deforestación irracional había acabado con el río en cincuenta años: las calderas de los buques habían devorado la selva enmarañada de árboles colosales que Florentino Ariza sintió como una obsesión en su primer viaje”.
Dejo aquí esta columna navegante para guarecerme en buen puerto del frío invernal.

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...