EL RÍO MAGDALENA

Sé que en Latinoamérica hay ríos poderosos que la literatura ha tomado como elemento importante de sus ficciones. No pretendo abusar de tu paciencia lectora, lector y comprendé también mis limitaciones a la hora de referir algunos de estos ríos; menciono solo aquellos de los que alguna vez leí en un cuento, un poema, una novela. Como siempre sucede, lo no dicho será inabarcable y tal vez más importante; pero confío que estos pequeños rescates flotarán en tu memoria a modo de hojas que arrastra la corriente sin hundirlas.

El río Magdalena es la aorta colombiana, es imposible pensar al país mismo sin la presencia de esas aguas marrones que lo recorren de Sur a Norte por más de mil quinientos kilómetros. En numerosas obras el río se presta como escenario o protagonista, desde canciones prehispánicas, pasando por los cronistas españoles hasta el presente. Don Andrés Bello, insigne gramático, exhortaba a las musas a dejar los solares europeos para recalar en las tierras de Colón. En uno de sus extenso poemas lo menciona: “Los valles va a buscar del Magdalena/ Con salto audaz el Bogotá espumoso”. 

El ejemplo de Bello fue seguido por Manuel María Madiedo, un nativo de Cartagena, lugar cercano a donde el río se aposenta en el mar. Mediedo en uno de sus poemas dedicado al Magdalena, ve en el río una condensación de la patria, al par que exalta la flora y fauna autóctona. Transcribo aquí los versos finales: “Corre a perderte en los ignotos mares/ Como entre Dios se perderá mi alma!/ Cedros y flores ornan tu rivera(sic),/Aves sin fin que con tus ondas hablan,/[...] ¡Yo te saludo, hijo de los Andes!/ Puedas un día fecundar mi patria,/Libre, sin par por su saber y gloria,/Y habrás colmado toda mi esperanza!”

Presencia insoslayable del río Magdalena en la vida y la obra de Gabriel García Márquez. Así en Vivir para contarla”, su autobiografía, narra al comienzo el viaje por el río junto a su madre rumbo a Aracataca, allí se dice: “...la tormenta vapuleó la temeraria embarcación mientras atravesábamos el río Magdalena, que a tan corta distancia de su estuario tiene un temperamento oceánico”.


El río es casi un personaje central en “El General y su laberinto”, por él navega Bolívar en un viaje sin retorno...”Era la cuarta vez que viajaba por el Magdalena y no pudo eludir la impresión de estar recogiendo los pasos de su vida.”

En “El amor en los tiempos del cólera” aparece el río como escenario de la historia de amor, pero también lo muestra como víctima de la contaminación originada por el hombre. “Florentino Ariza se dio cuenta de que el río padre de la Magdalena, uno de los más grandes del mundo, era solo una ilusión de la memoria. El capitán Samaritano les explicó cómo la deforestación irracional había acabado con el río en cincuenta años: las calderas de los buques habían devorado la selva enmarañada de árboles colosales que Florentino Ariza sintió como una obsesión en su primer viaje”.
Dejo aquí esta columna navegante para guarecerme en buen puerto del frío invernal.

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