sábado, abril 19, 2014

LINCHAR



Palabra de moda en la actualidad, palabra que desnuda, que revela un síntoma de que algo anda mal en nuestra sociedad; y cuando digo “algo” me refiero a un sin número de aspectos que se han descosido del tejido social. No pretendo en esta columna adentrarme en este análisis, sino ir hacia la vertiente lingüística y literaria de este acto de hacer justicia por mano propia. El término “linchar” es relativamente nuevo en nuestro idioma, al parecer la hipótesis más fiable es que proviene del inglés “to lynch”, y refiere al apellido de un militar ( juez, según otras fuentes) del estado de Virginia, quien con otros terratenientes constituyen un tribunal de justicia apócrifo para castigar a delincuentes ya que la justicia estadounidense recién se estaba consolidando luego de la independencia. En general a los supuestos culpables se los ahorcaba, rara vez, salvo que al delincuente se lo encontrara “in fraganti”, se lo mataba a golpes. En algún momento la palabra pasó a nuestra lengua con el significado de “ejecutar sin proceso y tumultuariamente a un sospechoso o a un reo”.
Si bien la palabra es relativamente nueva en castellano, el acto que designa es tan viejo como la humanidad. Es más, aún hoy en algunas culturas sigue estando vigente el ajusticiamiento de personas por parte de una multitud. Quizá la obra más famosa de la literatura en la que hay un linchamiento es “Fuente Ovejuna” , la pieza teatral de Lope de Vega. Escrita a comienzos del siglo XVII, esta comedia (Lope las llama comedias y sus obras conjugan lo cómico con el drama, hoy no las llamaríamos así.), ambientada en el siglo XV, se basa en el hecho histórico que te cito, en 1476 “los de Fuente Ovejuna, una noche del mes de abril, se apellidaron para dar la muerte a Hernán Pérez de Guzmán, Comendador mayor de Calatrava, por los muchos agravios que pretendían haberles hecho. Y entrando en su misma casa le mataron a pedradas, y aunque sobre el caso fueron enviados jueces pesquisidores, que atormentaron a muchos de ellos, así hombres como mujeres, no les pudieron sacar otra palabra más que esta: ‘Fuente Ovejuna lo hizo”. Es decir que en tiempos de Lope era común utilizar el refrán “Fuente Ovejuna lo hizo” para no identificar a nadie en particular y atribuirlo a una voluntad colectiva.
Tanto en el hecho histórico como en la obra de Lope quien muere en manos del pueblo no es cualquier persona, es una de las máximas autoridades militares que tiene señorío sobre Fuente Ovejuna, que hace y deshace. Y en este deshacer lo que hace Fernán Gómez de Guzmán, tal es el nombre del comendador de la comedia lopesca, es perpetrar una multitud de abusos, entre ellos la violación repetida de mujeres, la humillación de los hombres y los castigos arbitrarios a quien se opone a sus mandatos. Esta muerte es incómoda para el poder regio, porque el pueblo ha hecho justicia por mano propia y contra alguien de la clase noble; por lo tanto en una época de abusos de autoridad hay que evitar que el ejemplo cunda. Los jueces reales que llegaron al pueblo “atormentaron” a hombres y mujeres, es decir los torturaron para que digan la verdad pero no se pudo castigar a los culpables porque todos los torturados respondían “Fuente Ovejuna lo hizo”. En el desenlace de la comedia el Rey dice: “Pues no puede averiguarse/el suceso por escrito,/ aunque fue grave el delito,/por fuerza ha de perdonarse.”
Dicho de otra manera, el Rey perdona a regañadientes y deja en claro que fue un delito grave, que si otros lo hacen serán castigados. Porque Fuente Ovejuna subvierte el orden y eso era demasiado peligroso. Lope no cuestiona nunca el poder regio y aquí lo hace parecer magnánimo con el pueblo justiciero a la fuerza.


jueves, abril 03, 2014

DESFASADOS II




Te hablé en la columna anterior de la injusticia que significa vivir desfasados en el tiempo, y cómo determinadas habilidades y oficios ascienden en prestigio y otros se deslizan pendiente abajo hasta, en algunos casos, caer definitivamente. No te hablo de la prehistoria, apenas unas décadas atrás, en mi pueblo había un lechero, don Lagos, que recorría todas las mañanas mi barrio con su carrito verde y su caballo blanco. En los costados del carro iban los tachos de aluminio y con una jarra medidora te daba el litro de leche en el recipiente que vos llevabas. Sé que por la velocidad de la vida actual don Lagos parece hoy un vendedor del cabildo de Mayo, de esos que representábamos en los actos escolares. Y sin embargo hay otro tipo de vendedor que se parece bastante y tiene presencia hoy, el repartidor de bidones de agua. ¿quién nos iba a decir hace décadas que este oficio iba a ser tan numeroso en la actualidad?

El Rolo Santamarina fue herrero, del gremio de Hefesto, de los de fragua y martillo. Tenía las manos deformadas por el calor, las esquirlas y los golpes dados a las rejas de arado, a las herraduras de los caballos; pero ya grande tenía deformada el alma cuando su fragua definitivamente se apagó porque nadie entraba a su herrería.

Entre lo vivido y lo leído, en mi caso, la frontera es cada vez más lábil y por eso me acuerdo ahora también del grotesco criollo de Armando Discépolo, “Mateo”. En esa obra don Miguel, un cochero de plaza a caballo ve lentamente cómo su oficio es deshilachado por el progreso y reemplazado por el automóvil. Aunque ahora los cocheros perviven como nota exótica transportando turistas en algunas ciudades del mundo, son eso, un embeleco para viajeros.

Mi tío Segundo tuvo diversos trabajos, pero creo que su favorito era el de arriero, esa ocupación que llevaba animales marchando por días de un territorio a otro, la misma que dignificara en la literatura Raucho y Don Segundo Sombra, los personajes de la novela de Güiraldes. El tren en algunos sitios y luego el camión terminaron con un trabajo complejo que implicaba un sinnúmero de conocimientos que había que aplicarlos sobre la marcha.

La era de la electrónica ha creado y enterrado varios oficios debido a su cultura de la novedad constante. Cada vez son menos quienes se especializan en reparar electrodomésticos ya que generalmente es más caro reparar que comprar uno nuevo y lentamente esta actividad va desapareciendo, cuesta encontrar a alguien que arregle lavarropas, heladeras, televisores. El oficio de técnico en telefonía móvil ha llegado pronto a su techo y parece ser que en un futuro más que componer celulares se dedicarán a vender perifollos para estos aparatos. Hace tres lustros reparar computadoras era un trabajo con un porvenir prometedor; sin embargo en la actualidad los técnicos se abocan sobre todo a reemplazar piezas o sacar virus de nuestros equipos. Vos te acordarás, seguramente, de los técnicos en máquinas de escribir, hablar de ellos hoy es casi como hablar de los dinosaurios.

Si no es un cumpleaños de quince o un casamiento ya las modistas apenas tienen trabajo de composturas y ni hablar de los sastres, una especie ya extinguida. “Confecciones Pirineo” era el lugar donde exhibía sus creaciones el último sastre de mi pueblo, don Egido; pero sus tijeras no pudieron cortar el avance de los tiempos y el local desapareció.

Y los soles también han ido desgastando el prestigio del relojero, ese que verdaderamente arreglaba nuestro reloj pulsera o los despertadores y que ya apenas van quedando algunos.

Seguramente vos recordarás otros oficios desaparecidos o a punto de hacerlo…espero que el de columnista dure un tiempito más…

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...