COFRES

 


Un libro no es solo un objeto entre los objetos, ni únicamente un artefacto estético, también es un cofre que sirve para guardar virutas de tiempo, huellas de fantasmas, gestos efímeros… Recorrer nuestros libros en busca de información, de una frase, de un cuento o un personaje puede depararnos gratas sorpresas y hallazgos sorprendentes.

A veces en los textos viejos que compramos por ahí llama la atención las anotaciones, los subrayados que alguien hizo en algunas de sus páginas. En las marcas indelebles de tinta o de lápiz podemos avizorar (a la manera de un grafólogo improvisado) las tensiones de la mano anónima que anotó el concepto general del párrafo, las impresiones sobre el pasaje destacado; y así imaginar cuáles eran

sus preferencias al leer ese libro. Nos sucede igual con nuestros ejemplares, pasados los años, a veces leemos nuestras marcas y las reconocemos y hasta podemos reconstruir en la memoria el momento en que las hicimos; pero otras veces nuestras propias huellas se parecen a las pisadas que un desconocido deja sobre la arena.

y en sus páginas la ajada/ violeta, monumento de una tarde/ sin duda inolvidable y ya olvidada,. Los versos de Borges resumen una actitud frecuente, aprisionar flores entre las páginas del libro que leemos. Las circunstancias en que las guardamos pueden ser múltiples, el recuerdo de alguien importante que nos las regaló, la seducción de la belleza de una flor que queremos conservar, el encarcelamiento de un instante singular al que pretendemos darle eternidad entre las páginas. Lo mismo sucede con las hojas de los árboles, ya sea porque nos llaman la atención, ya para dejar testimonio de una experiencia irrepetible.


Hay frases que juzgamos imprescindibles y duermen estampadas en un papelito entre las páginas, lo mismo que algún desusado (y ahora histórico) boleto capicúa. En mis libros suelo encontrar cartas, cartas de mis hijas entonces pequeñas, cartas de personas que ya no están, cartas que condensan historias que no fueron, amores que se perdieron en alguna esquina del tiempo. Cuando aparecen en medio del libro, en forma intempestiva, no puedo dejar de leerlas. No puedo evitar tirar del hilo de la memoria.

Como pequeños alhajeros, los libros, también son cofres de tesoros inmarcesibles que vamos recolectando a lo largo de los días.

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