DIGNIDAD

 


“Sean felices”, “¡Feliz cumpleaños!”, “…y vivieron felices
”, “lo único que quiero es ser feliz”, “¡Feliz día!”. Las palabras son como moneditas de intercambio, cuando circulan demasiado se desvalorizan y se gastan. Nuestra época ha usado y abusado hasta el hartazgo de este término. Parece que la meta de todos los seres humanos es la felicidad, nuestro fin último. Pero la vara que la mide es tan inasible y personal que cada uno la concibe a su manera. En estos tiempos aparece muy ligada al tener, al éxito social y no tanto a la construcción de sí mismo como reclamaba la filosofía griega.

No creo que la felicidad sea nuestro Everest, la cima a alcanzar. Prefiero la dignidad. Vivir con dignidad implica seguir caminos hechos de valores presentes en el hombre desde tiempos atávicos. Y esos caminos se llaman decencia, excelencia, empatía, respeto, templanza. Tienen que ver con la forma de conducirnos por la vida en relación a los demás y a nosotros mismos. La dignidad implica muchas veces renuncias, dilemas, esfuerzos, postergaciones que están bastante alejadas de lo que hoy llamamos felicidad.


Hay un libro bellamente escrito por un hombre del renacimiento italiano, Picco della Mirandola, se titula
“Discurso sobre la dignidad del hombre” y es un verdadero manifiesto por instaurar al hombre en el centro de la creación y exaltar su libre albedrío. Gracias a Platón conocemos la dignidad de Sócrates, quien no puede dejar de seguir determinados principios y prefiere la muerte a renunciar a estos. Kenzaburo Oé, el escritor japonés, en sus “Cuadernos de Hiroshimaexplora a fondo el tema de la dignidad: “Pretendo reconfirmar la imagen que tengo de Hiroshima. En este ensayo, por tanto, me centraré en la dignidad humana. Eso es lo más importante que descubrí en Hiroshima y eso es, exactamente, lo que necesito para soportar y dirigir mi propia vida”.

Dignidad hay también en la derrota, en el fracaso cuando se ha hecho todo lo posible por lograr la meta. Dignidad hay también en la retirada aunque se nos estruje el alma. Dignidad hay en quien cuenta los granos de arena de su playa, aunque sepa que la vida no le alcanzará para contarlos a todos.

Comentarios

Entradas populares