COLECCIONES II

 


Sabida es la pasión por la historia que tiene Arturo Pérez Reverte, el creador del Capitán Alatriste, también sabemos de su presencia como cronista en diversas guerras europeas, de allí que como síntesis entre historia y el mundo bélico, el escritor tiene estanterías llenas de sables de diferentes épocas. Es posible ver sables napoleónicos, de caballería, de infantería. Otro que colecciona armas, y también mujeres jóvenes, es el viejo don Lope, el personaje principal de la novela Tristana de Galdós. Mujeres maduras, cuadros, armas eran parte del mundo coleccionable de Gabriele D’Annunzio, el poeta y novelista italiano.

En la Fundación Camilo J. Cela, puede verse la colección de orinales recopilados en tiendas de antigüedades, viejas pensiones y vaya a saber en qué recónditos lugares de España por el autor de “La Colmena”.

El museo de la inocencia es una novela del premio Nobel turco Orhan Pamuk. Hay una

obsesión de su protagonista, el rico heredero Kemal, perdidamente enamorado de Füsun, un pariente lejana y pobre que se casa con otro. Esto lleva a Kemal a rondarla durante años y roba objetos de Füsun, como un deseo proustiano de percibir en ellos los ecos de su amada. Kemal se vuelve un coleccionista, casi un fetichista. Lo curioso es que en Estambul existe un “museo de la inocencia” y contiene todos los objetos pertenecientes a Füsun que colecciona el personaje de la novela. Los objetos -que incluyen ropa, joyas, jabones, porcelana, botellas de licor, juegos de mesa, juguetes, utensilios de cocina, boletos de micros, trenes y de cine, diarios, fotografías, pinturas, revistas- se exhiben en 83 compartimentos y vidrieras, que se corresponden con los 83 capítulos de la novela.

Y para terminar te cuento que mi tío Francisco coleccionaba latas de cerveza, en su casa había cerca de quinientas. Curiosamente también coleccionaba epitafios, los escribía en una carpetita o los recortaba de por ahí. Hubo un problema. Cuando murió la tía Justina, el tío hizo colocar el siguiente epitafio sobre su tumba: “Mientras tu reposas aquí, yo descanso”. Esto provocó una contienda familiar que exilió para siempre al tío Francisco de la mesa navideña.

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