lunes, agosto 29, 2005

NOTAS FINALES

Y para ya concluir con estas historias de animales, esbozaré algunas características salientes del género fabulístico. La fábula se cuenta contra alguien o algo; no hay crítica desde lo positivo, generalmente. Es una de las pocas formas literarias antiguas en las que se resalta al vencido, no en lo que pueda tener de valorable, sino en lo reprochable; por eso se lo satiriza, se lo ridiculiza, no sólo con palabras, sino también con actos.

No hay en estas composiciones un sistema de ideas acerca de las costumbres. A veces una fábula contradice a otras y a su vez una tercera contradice a las dos. Esto se debe a su historia, en su devenir, la fábula ha estado sometida a los avatares de los tiempos que le ha tocado atravesar. Hay diversas ideologías en su evolución, y por consiguiente, diversas concepciones morales y diversos puntos de vista.

Son relatos que han llegado hasta nosotros teniendo innumerables versiones, reelaboraciones, contaminaciones y préstamos; en otros casos se han mantenido misteriosamente fieles a una época antiquísima.

Pese a las diferencias de ideas que contienen, es posible ver en ellas algunos rasgos comunes, por ejemplo, la naturaleza está vista con detenimiento. Esto se ve en la utilización de animales que se transforman en "tipos", ya que rara vez hacen otra cosa que lo que la tipología no les haya marcado. Así, el león es el fuerte, el zorro es el inteligente y astuto, el burro es el necio, el mono es siempre ridículo, etc.

Hay un determinismo férreo en estos relatos, las cosas son como la naturaleza dictamina; por eso aparecen quizás dos de las ideas más repetidas a lo largo de todas las fábulas: 1) La ley del más fuerte: el débil siempre lleva las de perder, y en la mayoría de los casos esa pérdida significa ni más ni menos que la vida. 2) La naturaleza inmutable: aparece con frecuencia la noción de que la naturaleza no cambia. Aquel que pretende traicionar su esencia paga las consecuencias; por eso el animal es usado como símbolo de diversos tipos de personas en toda la literatura griega y es ésta una constante literaria universal.

En cuanto a su estructura, podemos decir que la narración fabulística consta de tres elementos vertebradores: a) Una situación de base, en la que se expone un cierto conflicto entre los personajes; b) La acción de los personajes y c) La evaluación de la situación provocada por medio de palabras o acciones. La moraleja, ese elemento añadido a la historia, es una creación posterior, producto del ingreso de la fábula a lo que podemos denominar literatura didáctica.

A modo de cierre, bien vale otra fábula: “Una zorra se metió en un rebaño de ovejas, tomó un cordero de los que aún mamaban y fingió acariciarlo cuando se dio cuenta que el perro la había descubierto. El perro preguntó: ‘¿qué estás haciendo?’. ‘Lo cuido y juego con él’, dijo la zorra. A lo que el perro contestó: ‘Si no sueltas el cordero ya mismo, te voy a dar yo caricias de perro”.

lunes, agosto 22, 2005

HISTORIA FABULÍSTICA



El término fábula, que utilizamos en la actualidad para designar a un tipo específico de relatos en los que intervienen generalmente animales, y del que se deduce habitualmente una enseñanza práctica, tiene diversas acepciones en español.

Esta palabra, como sabemos, es un derivado latino, relacionado con fari (hablar), fatum (hado, destino). En griego nunca hubo un término específico para designar a la fábula, lo que reafirma las dificultades que tuvieron los escritores para delimitar el género en su forma y contenido.

El término más antiguo para designar a la fábula es el de “ainoi”, empleado por Hesíodo; también la usa Arquíloco. Esta palabra designaba un "relato" o "cuento", con cierto matiz apelativo de "consejo" u "orden"; también significaba "proverbio", "adivinanza". Esto ilustra que no había clara distinción entre estos géneros; además en Grecia no hubo una conciencia clara de que la fábula con animales era un género propio, y esto se refleja en la ausencia de un término particular para este tipo de relatos.

En cuanto al origen se sabe que esta forma llega de Oriente, principalmente de la India y de la Mesopotamia, y se adapta en Grecia con características propias surgidas del ambiente cómico de los banquetes. La burla y la broma dominaban en estas fiestas agrarias.

Este ambiente festivo permitía a los participantes la más amplia libertad en la expresión. La fábula no fue en su origen más que un elemento dentro de los mismos. En algún momento en estos banquetes (que tienen gran cantidad de temas en común) la fábula cobró libertad y se comenzó a contar sola, como una especie de intercambio de chanzas.

Sin embargo, lo que vamos a encontrar durante largos siglos en Grecia es la fábula como un relato incluido en otros textos. Este es el caso de Hesíodo, que se propone en Trabajos y Días instruir, una de las ideas principales que sustenta es la creencia en un orden moral del mundo; la injusticia que él ve lo lleva a ilustrarla con la fábula "El halcón y el ruiseñor" en que el fuerte triunfa sobre el débil, es ésta la primera fábula escrita en griego de que tenemos noticias; vamos a conocerla:

“Así habló un halcón a un ruiseñor de cuello multicolor, mientras muy alto, entre las nubes, lo llevaba en sus garras atrapado; éste, lastimeramente traspasado por las garras lloraba: El halcón, le dijo con orgullo estas palabras: ‘Desdichado, ¿por qué gritas?; en su poder ahora te tiene uno mucho más poderoso; allí irás, a donde yo te lleve, por muy cantor que seas; te convertiré en cena, si quiero, o bien te dejaré marchar. Insensato quien ansía medirse con los más fuertes, se ve privado del triunfo y, además sufre dolor y humillaciones.’ Así dijo el halcón de anchurosas alas”.

La fábula, en general, pretende mostrar la vida de la gente común, es un mundo "natural", sin el tamiz del deber ser; la moral, si se quiere, es una moral natural, utilitaria y pragmática.

Como se ve, esforzado/a lector/a, el mundo en algunos aspectos no ha cambiado mucho en estos últimos tres mil años.

lunes, agosto 15, 2005

TEORÍA DE LA FÁBULA

En la antigüedad son los retóricos (estudiosos de la gramática y de la forma de construir los textos con el objetivo de provocar determinados efectos) quienes teorizan sobre la fábula y tratan de definirla. Estas definiciones están influidas por sus propios intereses intelectuales y de la escuela y la época a la que pertenecen.

El primero que se ocupa de la fábula y establece una definición es el filósofo griego Aristóteles. Distingue dentro de los elementos retóricos comunes a todos los géneros, el ejemplo que subdivide en, el ejemplo histórico y el ficticio; y dentro de éste, estarían la parábola y los “logoi esópicos” y es decir, la fábula.

En general, los tratadistas reiteran que la narración para que sea fábula debe incluir animales y hacen hincapié en su carácter ficticio. Teón y Aftonio repiten que la fábula es un un relato ficticio que es imagen o alegoría de una verdad.

Fedro manifiesta una característica importante, su intención crítica, sobre todo de crítica encubierta; son para él ioci, burlas que en el fondo intentan un cambio de conductas. En cuanto a Babrio, parece considerar a la fábula como un ejercicio literario, un grato pasatiempo.

Entre los modernos tenemos algunas definiciones interesantes. Una de ellas, extensa y descriptiva, la encontramos en J. Janssens: "La fábula es un relato de corta extensión, en prosa o en verso, que se propone instruir, poner de relieve una verdad, enunciar un precepto, mediante la historieta, que ilustra un caso concreto, y cuya consecuencia lógica tiene fuerza de demostración y ofrece el valor de una enseñanza universal... La fábula es la puesta en acción de una moraleja por medio de una ficción, (...)una instrucción moral que se cubre con el velo de la alegoría".

Otro estudioso de la fábula, Carlos García Gual la caracteriza en cuatro grandes términos: a) su carácter alegórico, por medio de la fantasía del mundo animal aplicado al mundo humano. b) la intención moral, ya que evalúa una determinada conducta. c) la brevedad, el relato en las colecciones esópicas muestra un estilo austero y sencillo, propio de las literaturas con origen oral. d) la difusión, hay una doble tradición, la clásica y la hindú.

En resumen vemos que en cuanto a la forma, la nota característica es su brevedad. En lo que hace al fondo, tres notas se nos imponen, el carácter ficticio, el carácter alegórico y el carácter crítico-evaluativo con una intención moral.

Y de la aridez teórica pero necesaria para develar un poco su esencia, es bueno pasar a compartir una de estas historias intemporales:
“Un burro cargado de sal atravesaba un río. Al resbalar cayó al agua y como se disolvió parte de la sal, se levantó más liviano. El burro se quedó contento de la caída. Más tarde, cuando otra vez pasó por un río, cargado de esponjas, creyó que si se dejaba caer de nuevo se levantaríamos ligero de peso; entonces resbaló adrede. Y le ocurrió que al empaparse de agua las esponjas, no pudo levantarse y se ahogó allí”.

La moraleja, la aplicación cotidiana, corre por cuenta suya.

martes, agosto 09, 2005

ESOPO


“Un cabrito que estaba en una casa se burlaba de un lobo que pasaba por delante. El lobo le dijo: ‘No eres tú el que se burla de mí, sino el lugar’ ”. Y uno inevitablemente piensa en cuántos personajes amparados en su lugar, en su envestidura, en su cargo se burlan de aquellos/as que más valen.

Al releer estas historias de animales llamadas fábulas, tan antiquísimas y al mismo tiempo tan actuales, pensamos en el fabulista por antonomasia: Esopo. ¿Quién era Esopo? Es desde ya una pregunta compleja no siempre fácil de responder. Veamos.

Suele decirse que todo género literario griego tenía un inventor, pero sobre Esopo más de un estudioso defiende que se trata de un nombre sin ninguna realidad. Quienes abonan esta tesis sostienen que la fábula es una creación popular. Tras el nombre de este autor late el espíritu colectivo de una comunidad, y ese espíritu popular es el verdadero creador del género fabulístico.

Hay otros autores que defienden que Esopo fue un personaje real. La tradición hace de Esopo un esclavo bárbaro, originario de Asia Menor, posiblemente de Tracia o de Frigia, que vivió hacia mediados del siglo VI a.C. Se busca su patria fuera de Grecia ya que su nombre no es griego, hay algunos que lo relacionan con un guerrero troyano que aparece en Homero "Aisepos", y con el de un río de Frigia del mismo nombre. Parece ser que esta figura histórica era famosa por sus fábulas y relatos.

Después su vida se confunde con toda una serie de tradiciones que vuelven a este personaje una especie de demiurgo. Estas diferentes leyendas hacen de Esopo uno de los siete sabios de Grecia, también otras lo pintan cojo, jorobado y de una fealdad grotesca.

Hay otras historias referidas por varios autores griegos y latinos en las que aparece Esopo como un sacrílego, por haber robado una copa de oro del templo de Apolo en Delfos y por lo tanto fue ejecutado.

Esta misma historia refiere Heródoto con algunas variantes, que era esclavo del samio Yadmón ya que cuando los delfios decidieron dar una compensación por la vida de Esopo, ejecutado injustamente por el robo de la copa, un solo hombre se presentó a reclamarla, un hijo de Yadmón.

La crítica moderna que se inclina por la existencia de Esopo, concluye que vivió en Grecia en el siglo VI a.C. y tuvo renombre como autor y contador de fábulas. Posiblemente fue esclavo de Yadmón y murió en Delfos condenado a muerte.

En lo que no hay duda es que Esopo era una figura conocida en Grecia ya en el siglo V. a.C., y a él se atribuían las fábulas como autor indiscutido. Los autores que incluían fábulas en sus textos, por ejemplo en la comedia de Aristófanes, citaban la historia introduciendo la expresión: “relato esópico”.

Es evidente que estos relatos eran orales y que cada autor y cada persona que los repetía los alteraba; por lo tanto no conocemos fábulas compuestas por Esopo (en caso de que haya existido), sino fábulas griegas que la tradición atribuye a este autor.

(Grabado italiano pertenenciente a un libro del siglo XV, que ilustra a un águila y una serpiente)

lunes, agosto 01, 2005

POE


Si hay un escritor que está en el inicio de la literatura contemporánea como figura iniciática en varios aspectos, ése es Edgar Allan Poe. Leer a Poe es asomarse a un mundo tenebroso y sin embargo perfecto; como piezas de relojería sus cuentos fueron el molde en el que se forjó gran parte de la tradición cuentística posterior.

Nacido en Boston en 1809, huérfano a los dos años, su infancia y juventud transcurren en Virginia, en ese sur esclavista con una fuerte influencia del folclore negro con su música, y sus leyendas de ultratumba. Enamoradizo --siempre de mujeres imposibles--, tenaz bebedor y consumidor de opio, Poe concurre a la universidad y agrega a sus pasiones, la del juego. Enemistado con su tutor, éste le retira su apoyo económico y el escritor agrega a su lista de acompañantes una que lo seguirá hasta la muerte: la miseria.

En casa de su tía, María Clemm, en Baltimore, escribe sus primeros cuentos y logra reconocimiento literario lo que le permite colaborar con diversos periódicos y lo llevan a una vida trashumante por Nueva York, Boston o Filadelfia. Siempre acompañado de su tía y de su prima, Virgina, con quien se casa.

Su vida estuvo signada por el constante vaivén de su labor de escritor, sus crisis nerviosas, la angustia, las depresiones. Todo esto se exacerba cuando muere Virginia. Desde ese momento y durante dos años, tiene pocos momentos de lucidez. En 1849, en una oscura calle de Baltimore, en la puerta de una taberna, muere Poe.

“No es lo mismo la oscuridad de expresión que la expresión de la oscuridad”
. Esta frase del escritor bien puede condensar su poética. A la rigurosidad de su estilo le agregaba una clara conciencia (justo él), de los engranajes de la composición literaria, plasmados en ensayos notables, como “Filosofía de la composición”, que explica de qué manera escribió su poema más famoso, “El cuervo”.

Debido a sus penurias económicas, Poe escribe poesía en su juventud y al final de su vida. Los poemas tienen marcada influencia europea y se caracterizan por ser diferentes en cuanto a sensibilidad y estética de todo lo que se escribía en ese momento en ambas márgenes del Atlántico. Así, con los años, su poesía influirá en Baudelaire, en los simbolistas y parnasianos que están en el vestíbulo de la poesía actual.

Pero Poe debe su fama a un género del que se lo considera maestro: el cuento. Esos relatos son verdaderas “expresiones de la oscuridad”. Atmósferas enrarecidas, sombras, bajo fondos, un manejo perfecto del suspenso y la omnipresencia de la muerte en “Ligeia”, “El corazón delator”, “El gato negro”, etc.

“Los crímenes de la calle Morgue”
inaugura un género de favorable fortuna, el relato policial. Poe crea el primer detective moderno, Auguste Dupin, dueño de una inteligencia sublime que heredarán otros célebres investigadores, entre ellos Sherlock Holmes.

Sus personajes anuncian ya al hombre contemporáneo, perdidos entre sus pasiones y la fatalidad están más cerca del sin sentido que de la salvación.

Tumba de Poe en Baltimore

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...