lunes, octubre 31, 2005

ARGENTINOS Y AJEDREZ


Los argentinos han tenido y tienen predilección por el ajedrez. Martínez Estrada, el autor de “Muerte y transfiguración del Martín Fierro” busca las razones del interés por este juego; sostiene que el ajedrez es un juego solitario, que exige el perfeccionamiento en soledad y que los argentinos, por cuestiones histórico-políticas somos un pueblo de autodidactas, por lo que se aviene muy bien con el ajedrez.

Más allá de coincidir o no con los argumentos del prestigioso ensayista, es cierto que el juego ciencia tiene innumerables cultores, y entre ellos a conocidos escritores. El mismo Martínez Estrada era un buen jugador de ajedrez, lo mismo que Julio Cortázar, Abelardo Castillo, Rodolfo Walsh y tantos otros. El interés por el juego muchas veces lo trasladaron a su literatura.

Borges fue un apasionado del ajedrez, no como jugador, sino que vio como literato las posibilidades de explotación literaria del juego. Varios poemas, menciones en algunos cuentos así lo certifican; como ejemplo incluimos un fragmento de "El milagro secreto", allí cuenta que la noche del 14 de marzo de 1939, en un departamento de la Zeltnergasse de Praga, el escritor Jaromir Hladik, soñó con un largo ajedrez. "No lo disputaban dos individuos sino dos familias ilustres; la partida había sido entablada hace muchos siglos; nadie era capaz de nombrar el olvidado premio, pero se murmuraba que era enorme y quizá infinito; las piezas y el tablero estaban en una torre secreta; Jaromir (en el sueño) era el primogénito de una de las familias más hostiles; en los relojes resonaba la hora de la impostergable jugada; el soñador corría por las arenas de un desierto lluvioso y no lograba recordar las figuras ni las leyes del ajedrez. En ese punto se despertó. Cesaron los estruendos de la lluvia y los terribles relojes. Un ruido acompasado y unánime, cortado por algunas voces de mando, subía de la Zeltnergasse. Era el amanecer, las blindadas vanguardias del Tercer Reich entraban en Praga".
“En la revolución es un sueño eterno”, la novela de Andrés Rivera, el protagonista J.J.Castelli, integrante de la Primera Junta de gobierno, entretiene su ostracismo jugando al ajedrez con el doctor Cufré y varias partidas con su camarada Monteagudo mientras hablan sobre la actualidad política.

El bahiense Guillermo Martínez en su novela “Acerca de Roderer” pone frente a frente en el bar del club Olimpo a su protagonista adolescente con el recién llegado Roderer. Éste ganará la partida que dará inicio a una relación que marcará el destino del protagonista.

María Angélica Bosco también abordó el ajedrez como tema en el relato “Enroque al odio”; en él Marcos planea un crimen que está apunto de concretar, sin embargo de victimario para a ser la víctima en un enroque trágico.

Una partida de ajedrez entre el comisario Laurenzi y Daniel Hernández le sirve a Rodolfo Walsh para narrar uno de los mejores cuentos policiales sobre ajedrez escritos en español: “Zugzwang”. La historia de dos hombres que juegan una partida de ajedrez por correspondencia y el final de ese juego derivará en un asesinato.

Termina aquí también la partida entre el ajedrez y la literatura.

martes, octubre 25, 2005

LITERATURA Y AJEDREZ II

“Este juego pertenece a todos los pueblos y a todas las épocas y nadie puede saber de él qué divinidad lo regaló a la Tierra para matar el tedio, aguzar el espíritu y estimular el alma.” Así sintetizó el misterio del ajedrez Stefan Zweig, aquel famoso novelista austriaco que terminó suicidándose en Brasil luego de un largo periplo buscando huir de los horrores de la Segunda Guerra.


Zweig en una de sus novelas titulada “El jugador de ajedrez”, publicada un año antes de su muerte, relata cómo el juego salva de la locura de la prisión al doctor B, quien roba un libro donde se resumen partidas famosas; las estudia hasta el cansancio y luego--ya liberado-- por circunstancias fortuitas se encuentra frente a frente con Mirko Czentovic, campeón mundial de ajedrez. El desenlace obliga al doctor B. a pasar por una situación límite.

Otro autor fanático del ajedrez fue el asturiano Leopoldo Alas, conocido mundialmente por el seudónimo de “Clarín”, autor de “La regenta”. El escritor era respetado por su buen ajedrez y también eximio billarista. Muchos curiosos presenciaban las partidas de Clarín que solían ser muy extensas ya que el escritor se tomaba todo el tiempo para mover las piezas, lo que provocaba la exasperación de sus contrarios.

Un curioso relato titulado “Mi entierro (Discurso de un loco)”, el protagonista rememora las circunstancias de su funeral y sobre todo las habladurías que hacen los amigos sobre el muerto; éste reacciona cuando uno de ellos dice que hacía trampas jugando al ajedrez, su indignación es tanta que se levanta del cajón en pleno entierro para desmentir esa afirmación. En su delirio cree que está vestido de peón blanco en una casilla negra y vigilado por un caballo.

También Ricardo Palma, en sus "Tradiciones Peruanas" incorpora el ajedrez a sus escritos; en una de esas tradiciones narra la supuesta partida entre el inca Atahualpa y el conquistador español Francisco Pizarro.

El escritor ruso Vadimir Nabokov publicó en la década del 30 una novelita titulada "La Defensa". En ella un gran maestro de ajedrez, Luzhin, se refugia en el juego para huir de una vida atormentada.

En "El Amor en los Tiempos del Cólera", novela del colombiano Gabriel García Márquez, el doctor Juvenal Urbino, es un apasionado jugador de ajedrez y dejaba sus ocupaciones habituales para ir a jugar a un pequeño conventillo donde vivía Jeremiah de Saint-Amour, un aventurero de quien se decía que le había ganado una partida nada más y nada menos que a Capablanca.

Arturo Pérez-Reverte, autor de la novela “La Tabla de Flandes” cuya trama es una doble y “simultánea” partida de ajedrez entre el caballero Roger de Arras y el duque Fernando de Ostenburgo representados en una pintura de Pieter Van Huys; y entre César, el anticuario y Muñoz, un ajedrecista. En esta historia el ajedrez es la clave para encontrar a un asesino, quien deja pistas de sus siguientes pasos a través de problemas de ajedrez.

La lista es interminable, como dos juegos humanos, la literatura y el ajedrez bien merecen tablas, por hoy.

lunes, octubre 17, 2005

LITERATURA Y AJEDREZ

Omar Kayyam, el célebre astrónomo y poeta persa, acuñó una metáfora del ajedrez que ha perdurado: la de establecer una semejanza entre el juego y la vida, entre el blanco y negro de los días y las casillas del tablero y sus piezas regidas por una libertad siempre condicionada a un ser superior. La metáfora ha tenido excelente fortuna en la literatura mundial.

Prueba de ello es uno de los poemas de Jorge L. Borges titulado “Ajedrez”. “Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada/ Reina, torre directa y peón ladino/ Sobre lo negro y blanco del camino/ Buscan y libran su batalla armada. No saben que la mano señalada / Del jugador gobierna su destino,/ No saben que un rigor adamantino/ Sujeta su albedrío y su jornada. También el jugador es prisionero/ (La sentencia es de Omar) de otro tablero/ De negras noches y de blancos días. Dios mueve al jugador, y éste, la pieza/ ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza/ De polvo y tiempo y sueños y agonías?”

Poe en el cuento que según la tradición funda el género policial: “Los crímenes de la calle Morgue”, hace que su narrador no tenga demasiada simpatía por el ajedrez, sobre todo niega que pueda tener que ver con la inteligencia, sino más bien lo asocia a la capacidad de calcular y juzga que el juego de damas es superior al ajedrez en el uso de la reflexión. Este pasaje al comienzo del relato ha traído innumerables comentarios, muchos de ellos tendientes a refutar a Poe y enrostrarle que “no entendió el ajedrez”, cuando en realidad quien lo dice es el narrador del cuento.

Del mismo autor es el ensayo “El jugador de ajedrez de Maelzel”, allí Poe conjeturó que si se construía una máquina capaz de ganar una partida, será suficiente extender esta lógica para construir una máquina que las ganara todas. La computación ha venido a demostrar por el momento el error en el que cayó Poe, ya que las computadoras ganan y pierden partidas. Esto es simplemente porque el ajedrez es mucho más complejo que lo que creía el célebre escritor estadounidense. Baste señalar como ejemplo que el número máximo de jugadas es de 5899 y que la partida más larga no alcanzó las doscientas.

Lewis Carrol, autor de "Alicia en el País de las Maravillas", escribió en 1871 la segunda parte y la tituló “Alicia a través del Espejo". En esta historia el ajedrez cumple un rol fundamental y es la propia Alicia, que caracterizada como un peón blanco, se corona reina al llegar a la octava casilla y gana el juego.

Por experiencia propia ya sabemos que la vida imita al arte, y me he encontrado con un buen ejemplo para corroborarlo: el búlgaro Elías Canetti escribió la novela “Auto de fe” en 1935, en ella el protagonista es un hombre llamado Fischer que quiere ser campeón del mundo de ajedrez. En 1972 Bobby Fischer se proclamó campeón mundial de este juego. No sé si Bobby le habrá agradecido a Canetti o viceversa.

lunes, octubre 10, 2005

LEYENDAS DEL AJEDREZ

Caballo de ajedrez del siglo XII
“Demasiado juego para ser ciencia, demasiada ciencia para ser un juego”, así lo definió el gran filósofo y matemático Leibniz al ajedrez. Este juego ha acompañado a grandes porciones de la humanidad a lo largo de la historia y ha recorrido todos los continentes. Muchos estudiosos refieren que llegó a Occidente gracias a los árabes, que en su expansión y conquista lo trajeron a España y de allí se diseminó por el resto de Europa; otros manifiestan que el intercambio cultural con las Cruzadas provocó la llegada del juego a tierras europeas.

Lo cierto es que el ajedrez está íntimamente ligado a la literatura y hay innumerables escritores que han sido excelentes jugadores de ajedrez, baste nombrar a Teresa de Ávila, Goethe, Schiller, Tolstoi, Unamuno, Samuel Beckett, Jean Genet, Milan Kundera, Cioran, por ejemplo. También es cierto que el “juego-ciencia” ha sido incluido en diversos argumentos y también poemas.

Las leyendas que se tejen sobre el mismo son innumerables, hay una de origen celta, referida por Borges y Bioy Casares, en la que dos reyes enemigos disputan una partida mientras sus ejércitos combaten. Los mensajeros vienen a cada momento trayéndoles a ambos las noticias de la batalla, sin embargo ninguno de los dos les presta mucha atención. “Hacia el atardecer, uno de los reyes derriba el tablero porque le han dado jaque mate y poco después un jinete ensangrentado le anuncia: tu ejército huye, has perdido el reino".

Otra leyenda cuenta que los dos hijos de una reina, enemistados definitivamente por una mujer y el poder, se traban en una guerra fratricida con sus ejércitos. Uno de ellos muere en la batalla, el otro a pedido de su madre, inventa el ajedrez para mostrarle como fue la batalla en la que sucedió esa muerte.

Malba Tahan es un escritor y matemático brasileño que aunó sus dos pasiones en su libro más famoso, "El Hombre que calculaba". En una de las historias refiere la leyenda de la creación del ajedrez inventado por un joven brahmán para apaciguar la tristeza de un rey hindú quien había perdido a su hijo en una batalla. El joven le enseña las particularidades del juego y le hace entender al rey que a veces es necesario sacrificar alguna pieza para ganar finalmente la batalla.

El rey comprendió su error y aceptó la muerte de su hijo, y le dijo al joven que le daría la recompensa que él pidiese. El joven le pidió la siguiente recompensa: “por la primera casilla del tablero quiero un grano de trigo, por la segunda casilla quiero 2 granos de trigo, por la tercera casilla quiero 4 granos de trigo, por la cuarta casilla quiero 8 granos de trigos...” y así sucesivamente por las demás casillas, el rey ordenó que entregaran la recompensa inmediatamente y agregó que era un pedido muy poco digno de su generosidad. Cuando los sabios del rey quisieron calcular el número exacto de granos se dieron cuenta que era casi imposible y el joven se convirtió en millonario gracias a su inteligencia.

(La foto corresponde a un caballo de marfil de un juego francés del siglo XII que se encuentra en el museo del Bargello de Florencia)

lunes, octubre 03, 2005

ORIGEN DEL AJEDREZ


El Rey adivinó la noticia en el semblante serio y borroso de sangre y barro de su general. Corrió desesperado hacia el lugar donde la batalla era más ardorosa sin que nadie osara detenerlo. Se abalanzó sobre el cuerpo todavía caliente y ensangrentado y gritó, aulló, sollozó aún más fuerte que el fragor de las espadas entrechocándose y el vocerío de las milicias o el retumbar de los cascos de la caballería. Los soldados, al ver a su Rey postrado por la más enorme desesperación y a su príncipe inerte, fueron fácilmente derrotados.

Desocupado/a lector/a, hay diferentes versiones de lo que luego aconteció; la menos inverosímil dice que el Rey fue tomado prisionero y llevado a los confines del reino rival, más allá de las montañas y separado de toda presencia humana, salvo la de dos o tres sirvientes que lo custodiaban y atendían.

En su mente ya extraviada sólo había un punto de encuentro: vengar la muerte de su hijo. En sus delirios y mientras vagaba por los campos cercanos a su cautiverio, soñó o imaginó una nueva batalla y en ella el rey enemigo era aniquilado.

Con herramientas precarias talló la figura del rey en la que se asomaba su propia cara; otra tarde con frenesí esculpió a su enemigo. En el impasible discurrir del tiempo labró su ya fantasmal ejército y las almenas de su castillo; también como una labor funesta pero necesaria erigió a sus enemigos ante la mirada lejana e incomprensible de los sirvientes.

Pasaron quince, veinte años—con precisión no lo sé—,y el rey vencedor volvió un día a los territorios de su antiguo reino. Viejo y cansado de tantas conquistas, de tantas batallas, apesadumbrado por no tener descendencia, pese a los desvelos de sus magos y médicos y al infinito número de mujeres que en los días y noches visitaron su tienda o su palacio.

Paseaba solitario una tarde por el castillo, cuando recordó al Rey loco que alguna vez tomó prisionero. Nadie supo darle noticias, salvo que estaba recluido más allá de las montañas, aunque la mayoría de sus consejeros conjeturaba que ya había muerto.

Varios meses empleó en llegar al confinamiento que hacía décadas había ordenado para su antiguo enemigo. Los sirvientes apenas lo reconocieron y él mismo se sorprendió de lo viejos que estaban. En el claro de un bosque lo vio. Se asemejaba a un tronco de vid nudoso y encorvado, sobresalían sus huesos en la carne magra y la piel ajada. Junto a él, el fruto de su delirio: dos extraños ejércitos libraban una contienda interminable.

El Rey loco lo vio, y desde la penumbra de su lucidez, reconoció a su enemigo. Notó que uno de los reyes de su juego adquiría las facciones de su rival, el otro rey se asemejaba a su propia imagen de antaño. Miró hacia los costados y vio sus torres, los caballos protegiéndolas, sus generales en cada flanco, la reina increíblemente viva después del parto y adelante la infantería.

El otro rey se acercó, obnubilado por las piezas, hasta que estuvieron frente a frente; entonces, el confinado, el Rey loco supo que el día de la venganza había llegado.

HOTELES y ESCRITORES

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