martes, marzo 28, 2006

CAOS Y COSMOS II


Terminadas ya las disquisiciones teóricas sobre el orden y el desorden, era el momento de pasar a la acción de poblar de libros las estanterías. Estaba ya decidido, comenzaría por el módulo más cercano a la puerta y de arriba hacia abajo; esta verticalidad no implicaba una jerarquía, sino algo más cotidiano como la frecuencia de su uso, la comodidad.

En la cima de los estantes acomodé los libros de filosofía y todo aquello que se le parezca, algunos fueron allí por inclasificables. Preside el sector el clásico diccionario de filosofía de Ferrater Mora—regalo de un amigo que desguazó su biblioteca— es una especie de anfitrión, convive con todos, desde Aristóteles hasta Barylko.

Quien seguramente debe estar que se rebela en “La rebelión de las masas” es Ortega y Gasset, tan occidental y tan cristiano él, tener que convivir tapa a contratapa con el “Tao te king” de Lao Tsé debe ser un verdadero suplicio; además los dos integran una colección que, como siempre, no completé y tienen un aspecto de verdaderos mellizos.

Fernando Savater se codea con ellos, haciendo gala de su eclecticismo y cobija al irascible y gran provocador Ciorán, a quien seguramente no le hubiese disgustado la cercanía de su traductor y amigo.

Con quien sí he tenido problemas es con “Del sentimiento trágico de la vida” del impredecible Miguel de Unamuno. Lo he rodeado en estos días de diferentes pensadores; pero extrañamente se caen una y otra vez. Llegué a la conclusión que los empuja, que no quiere a nadie a su lado, hace unos días desbarrancó a “El mundo de Sofía” de J. Gaardner en medio de la noche, el tomo en cuestión no es de los más livianos y provocó un verdadero estrépito con el lógico sobresalto de familiares y vecinos. Ahora lo he rodeado con Kierkegaard y Platón y hasta el momento en ese sector hay paz.

Otro que prefiere la soledad a las malas compañías es el iconoclasta Nietszche, lo ubiqué junto a su compatriota Hegel, pero al parecer no resistió su cercanía y se tiró de allá arriba; resultado: “Así habló Zaratustra” es ahora un verdadero naipe. Ahora está con Foucault, veremos qué pasa; éste seguramente más que complacido por tan admirado compañero.

Junto a Foucault están Bourdieu, Derrida y Barthes, son los cuatro mosqueteros franceses que se toleran pero también se recelan. Desde otros estantes de la biblioteca algunos libros de Beatriz Sarlo, Jorge Monteleone, Jorge Panesi, Tomás Abraham los miran como si fueran el Olimpo.

Víctor Frankl y Eric Fromm comparten el lugar, los une el dolor y el horror del holocausto, por las dudas, el complaciente Heidegger está en un lugar alejado y cercano a sus queridos Aristóteles y Platón.

La “Filosofía para personas inteligentes” de Roger Scruton ha quedado en el lugar menos visible, su título de por sí mete miedo; qué decir después de recorrer sus páginas y no estar para nada de acuerdo con algunos de sus planteos.

Poblar los estantes de una biblioteca se parece mucho a la creación de una verdadera teogonía autoral y libresca.

martes, marzo 21, 2006

CAOS Y COSMOS

Pocas cosas causan tanto trabajo, placer y desasosiego al mismo tiempo que ordenar una biblioteca. Debo confesar que mi tarea no fue voluntaria, sino impuesta por dos pintores que pasaron y arrasaron con mi cuarto destinado entre otras cosas a los libros. En poco más de cuatro horas, como un verdadero tsunami seco dejaron solo desorden, látex, polvillo, aroma a solvente y la promesa de que todo volvería a la normalidad en dos días.

¿Qué es la normalidad? Me lo pregunté varias veces, y para el caso, mediante una contestación modesta me lo respondí: volver al orden anterior. Evidentemente ese concepto para los muchachos de la brocha y el rodillo distaba mucho de ser comprendido. Varios días después pude ingresar al sector vacío con las paredes impolutas ahora de un color crema. Me figuré que así los dioses se habían encontrado con el mundo, un vasto sitio al que había que poblar, y los elementos estaban dispersos en otro orbe paralelo, caótico que había que eliminar.

El garaje era el caos; libros y papeles por donde se lo mirara. Estos dos mundos contiguos permanecían separados e incomunicados. Por qué no dejarlos así, me dije en un vano intento de conformarme y aperezarme. Permanecí varias horas en repachingada meditación entre los papeles y los volúmenes, muchos de éstos dejaban ver sus tapas ya olvidadas con el aluvión de los años.

¿Qué es el caos? ¿qué el cosmos?, me pregunté en ese momento cual si fuera un griego del siglo IV. ¿No será que el desorden es el orden natural de las cosas y el orden un mero accidente casualístico o causalístico? En el mito griego de la creación la Madre Tierra surge del Caos (lo no ordenado) y todos los dioses venideros y las generaciones humanas intentan domesticar al Caos que reina en el mundo para que devenga en el Cosmos (lo ordenado). Los griegos se dieron cuenta que el orden el mundo era muy particular y resolvieron que el intento estaba bien y que el verdadero Cosmos estaba en los cielos. Dicho en buen criollo: se sacaron la pelota de encima.

Iluminado por la salida tangencial de los helenos, me dije que iba a ordenar libros y papeles según mi propio y desordenado criterio. Del enunciado a la práctica hay tanta distancia como de Bush al Nobel de la Paz. Y nuevamente las dudas me acometieron como las Erinias mitológicas: ¿cómo ordenar una biblioteca? ¿qué criterio usar? ¿ordeno los libros por materias, por título, por temas, por encuadernación, por autores?

¿Qué hago con determinados ejemplares de cuya existencia apenas recordaba y que son un verdadero estigma a mis pretensiones de lector “ilustrado”? ¿Debo incluir en mis anaqueles los “Aforismos” del interminable don José; el delirante “Yo visité Ganímedes” del peruano Ibrahim; “El sexo tántrico”, regalo de una amiga vaya a saber con qué intenciones; o la antología “Florilegios poéticos” publicada por la asociación de criadores de caballos percherones (sic)?

Desechados estos ejemplares, con todos los demás intenté--en una tarea ciclópea—y hasta donde pude, sacarles el polvo y trasladarlos a la biblioteca. Me esperaban varias sorpresas.

martes, marzo 14, 2006

FÚTBOL E INTELECTUALES


“El juego es más viejo que la cultura; pues por mucho que estrechemos el concepto de ésta, presupone siempre una sociedad humana y los animales no han esperado a que el hombre les enseñara a jugar. Con toda seguridad podemos decir que la sociedad humana no ha añadido ninguna característica esencial al concepto de juego”. Así comienza un libro pionero que intenta reflexionar, no ya sobre el fútbol, sino sobre el juego en general: “Homo ludens” de J. Huizinga, escrito a finales de la década del 30.

Hoy no sé si Huizinga podría sostener su afirmación en forma tan tajante sobre el hombre y el juego. Es que en nuestra época el juego es más un espectáculo armado por la industria cultural que un espacio lúdico. El fútbol es, al menos por estos lares, el deporte estrella de la televisión. Si se recorre la grilla de la programación por cable, inevitablemente en algún canal, en cualquier horario, viejo o nuevo, se emite un partido de fútbol. Seguramente en ese mismo recorrido habrá algún programa sobre fútbol lleno de opinólogos y de notas a jugadores que hablan siempre de lo mismo.

Asistimos a una “fetichización” del fútbol impuesta por los medios masivos. Diversos sectores de la sociedad marchan en caravana festiva cuando el equipo de sus amores logra un éxito deportivo; pero pocas veces (y soy generoso) esos mismos sectores marchan para pedir una salud o una educación mejor, pocas veces hacen oír sus bocinas para protestar por la impunidad de un funcionario, el mal gasto de los fondos públicos, la inseguridad o la inoperancia de la justicia.

Así en los círculos intelectuales hay quienes denostan la pasión por este juego y hay quienes la celebran. Muy conocido es el texto de Albert Camus, el autor de “El extranjero” en el que concluye: “...Porque después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga acerca de la moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol, lo que aprendí con el RUA (su equipo) no puede morir”.

El gran poeta y cineasta italiano Pier Paolo Pasolini, en uno de sus escritos sobre fútbol lo asemeja al lenguaje y sostiene: “Puede haber un fútbol como lenguaje fundamentalmente prosístico y uno como lenguaje fundamentalmente poético. (...)En el fútbol hay momentos que son exclusivamente poéticos: uno de ellos es el momento del gol. Cada gol es siempre una inversión, una subversión del código. Cada gol es ineluctabilidad, atropello, estupor, irreversibilidad. Tal como la palabra poética”.

“El terror y la gloria” escrito por Abel Gilbert y el novelista Miguel Vitagliano, estudia de qué manera la junta militar argentina manipuló el Mundial 78 y lo convirtió en verdadera cortina de humo sobre las continuas desapariciones de presos políticos. Parafraseando la célebre frase de Marx, muchos intelectuales de izquierda sostuvieron: “el fútbol es el opio de los pueblos”.

La serie sobre fútbol termina aquí, no sin antes mencionar dos fuentes muy importantes para estas columnas: una edición extra de la revista “La Maga” y el sitio idiomaydeporte.

martes, marzo 07, 2006

FÚTBOL Y POESÍA

Algunos sociólogos arriesgan la hipótesis que toda sociedad necesita de héroes y que en nuestra contemporaneidad ya no los hay al estilo de los griegos o medievales y por lo tanto son los deportistas quienes han tomado el rol de héroes actuales.

La poesía, desde sus más remotos orígenes, ha celebrado con su canto al héroe. También lo ha hecho con los deportistas. El poema que canta las virtudes del ídolo deportivo tiene ilustres antecedentes. Es en la literatura griega donde encontramos las primeras composiciones dedicadas a los ganadores de algunas competencias atléticas. El autor por excelencia que celebra la gloria de estos deportistas es Píndaro (542-448 a.C.) quien compuso una serie de odas celebratorias a Hierón, vencedor de una carrera de caballos, Arcesilao, ganador de una carrera de carros, Aristómenes, triunfador en la palestra y tantos otros.

Y es en el riel de esa tradición que habría que insertar la “Oda a Platko” de Rafael Alberti. En un encuentro entre la Real Sociedad y Barcelona, al que asistió el poeta, tuvo una destacada actuación el arquero húngaro Franz Platko, quien se retiró del campo con una herida en la cabeza que necesitó seis puntos para cerrarla; a pesar de eso Platko volvió al juego provocando la admiración del autor de “Marinero en tierra”. Aquí alguno de sus versos: “Nadie se olvida, Platko,/no, nadie, nadie, nadie,/oso rubio de Hungría./(...) Ni el mar, ni el viento, Platko,/ rubio Platko de sangre,/guardameta en el polvo,/pararrayos...”


También el español Miguel Hernández escribió una elegía para su amigo Lolo, arquero en Orihuela. “...Te sorprendió el fotógrafo el momento/ más bello de tu historia/ deportiva, tumbándote en el viento/ para evitar victoria,/ y un ventalle de palmas te aireó gloria”.

Humberto Costantini, uno de los mejores cuentistas de la literatura argentina dejó en un poema su pasión y estigma por ser hincha de Estudiantes de la Plata: “Uno vivió humillado y ofendido,/ se sintió negro, paria,/ risible minoría/ adventista, croata/ o bicho raro./ Uno aguantó silencios,/ miradas bocayunior,/ sonrisas riverplei y/ condolencias...”

El poeta Roberto Santoro (desaparecido en la última dictadura militar) dedicó un libro a estudiar la relación literatura-fútbol, y por supuesto, también escribió poemas sobre este juego: “...levanta el balón/lo empuja/si lo resbala/lo mima con una gana/ lo enrolla con otro pie/ le da una vuelta/ en el aire/ de taco que ni se ve...”

Otro poeta, Carlos Ferreira, rememora los años de simbiosis entre el fútbol y la escuela: “ ...Se escaparon los años entre bancos de escuela./ Aprendí que el planeta era número cinco,/ que a los ángulos rectos el arquero no llega,/ que con cero uno puede irse a marzo/ o perder un partido que ya estaba empatado...”

Y para concluir, un fragmento del poeta chileno Samuel Orellana en el que parodia un poema de Neruda: “Sube a nacer conmigo, Zamorano./Dame la mano desde la profunda/ zona de los goleadores expulsados./No volverás del fondo de las redes./No volverás del túnel subterráneo./No volverá tu frente endurecida./No volverá tu acento castellano./ Sube a nacer conmigo, Iván Bam Bam/ Zamorano”.

La poesía y el fútbol, dos juegos, dos pasiones.

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...