miércoles, julio 18, 2007

MENOS INODORO


En el mundo y cada diez segundos se acumulan pruebas irrefutables sobre la absoluta ausencia de dios, y también en ese mismo tiempo suceden cosas que hacen pensar en la ineludible presencia de una divinidad. Ante esta disyuntiva he suspendido el juicio, a la manera de los lógicos.

En el arte, en la creación, hay una lucha constante por dominar los materiales para que se adapten a los designios de artista, la mayoría termina resignándose ante tamaña empresa, otros en cambio lo logran y aquí mucho tiene que ver el talento. De uno de esos talentosos quisiera hablar en esta página, pero antes daremos una recorrida por el mito.

Cuentan los griegos que hubo un extraordinario flautista llamado Antico que recorría el país mostrando su arte inigualable, una noche, quizás envalentonado por el vino, se jactó de tocar mejor que el dios Pan. Los dioses le inflingieron un castigo terrible, Antico al posar sus labios sobre la flauta no podía soplar y así desesperado por tener toda la música en su cuerpo y no poderla expresar, Antico enloqueció.

No sé si a la manera del pobre flautista griego, los dioses o vaya a saber quién, le han propinado al “Negro” Fontanarrosa el peor de los castigos: ya no podrá dibujar. Lo sabíamos, era inevitable a pesar de que nos empeñábamos en que no sucediera, como cuando uno tiene la secreta esperanza de que Di Caprio y el Titanic no se hundirán.

En una carta del 16 de enero a sus lectores de la revista “Viva”, Fontanarrosa explica su drama, aunque no suene a tal ya que saca a relucir una de las cualidades de su talento, el humor. El creador de Inodoro Pereyra y de Boggie, inolvidables por sus trazos y sus salidas disparatadas, sus juegos de palabras, sus parodias, ha resignado una parte de su creación—algo que debe ser muy doloroso—sin embargo, el “Negro” lo transforma en ingenio y humor gracias a su talento.

Reproduzco a continuación fragmentos de esa carta: "Finalmente, la mano derecha claudicó. Ya no responde, como antaño, a lo que dicta la mente. Por lo tanto, e independientemente de que yo siga intentando reanimarla, me veo en la necesidad de recurrir a alguno de los muchos excelentes dibujantes y amigos que tengo para que pongan en imágenes mis textos”. Luego de detallar de qué manera va a resolver los compromisos de trabajo, se despide: “Vale este informe a los lectores para que no se sorprendan al advertir que he mejorado notablemente la calidad de mis trazos y de mis colores. Nos estamos viendo. Negro Fontanarrosa".

Es decir, tendremos la voz de Inodoro, pero en otro cuerpo y entonces ya no será el mismo. Fontanarrosa hará gala del excelente manejo del idioma (a mi modesto entender su punto más destacado como historietista), pero sus trazos, que él siempre los tuvo en menos, estarán ausentes.

Los que lo seguimos a lo largo de los años, los que disfrutamos a carcajadas sus historietas desopilantes, tendremos que conformarnos—no sin cierta bronca por la injusticia—a un Fontanarrosa menos pleno, pero ojalá siempre ingenioso.

jueves, julio 12, 2007

LUGONES


El 13 de junio se celebra en Argentina el “día del escritor”. Cierto escepticismo me acompaña con este tipo de acontecimientos. La elección del día se debe al nacimiento de Leopoldo Lugones (1874-1938), considerado en su momento la máxima figura de las letras y de la intelectualidad argentina. Es curioso, hoy apenas si se lo menciona y en el mundo de las letras es una figura institucional que tiene más que ver con la historia de la literatura que con la actualidad de sus escritos. Algunos de sus coetáneos o discípulos han tenido mejor suerte con la posteridad, por ejemplo Alfonsina Storni, Horacio Quiroga.

Lugones fue el representante argentino más sobresaliente de un movimiento literario denominado “Modernismo”. Este movimiento tuvo como principal objetivo renovar el lenguaje artístico, sacar a la poesía y la prosa escritas en castellano de su estancamiento. Y lo lograron. La poesía contemporánea les debe mucho; pero el modernismo con sus cánones estéticos envejeció y hoy la mayoría de sus poemas son una curiosidad literaria, piezas de museo.

Eso mismo sucede con la poesía de Lugones. Sin embargo el cordobés fue un maestro en el manejo del verso, de la técnica y del idioma. En medio de tanto oropel modernista es posible encontrar en su obra verdaderas joyas: un verso, una estrofa, a veces un poema completo, que muestran a Lugones como un gran poeta.

La mayoría de sus obras en prosa ha caído en el olvido, nadie hoy lee “La guerra gaucha” que de hecho es casi ilegible. Ilegible porque como decía acertadamente Borges, Lugones creía que escribir bien era escribir con todas las palabras del idioma”. El resultado de esa experiencia es un verdadero mamotreto más parecido a un galimatías que a una obra literaria. Sin embargo, “Las fuerzas extrañas”, esa colección de cuentos que rondan lo fantástico es un libro singular y perdurable.

Dominaba varios idiomas, fue traductor de griego, de latín; pocos campos del saber quedaron fuera de su interés y su conocimiento. Cito dos anécdotas de memoria, la primera cuando era Inspector General de Escuelas llegó a un establecimiento y advirtió que un curso tenía hora libre por ausencia del profesor, entró al aula, pidió un programa (la materia no la recuerdo) e inmediatamente desarrolló la clase. La segunda es en un museo de geología, un grupo de alumnos aguardaban la llegada de su profesor, Lugones que también visitaba el museo se interesó por ellos e inmediatamente dio una clase sobre minerales, ante la perplejidad del geólogo que refirió: esa bestia (Lugones) sabía más de piedras que yo”.

Su derrotero intelectual lo llevó de ser un ferviente socialista a un enconado conservador, en la cumbre de su prestigio pronuncia la frase en la que auguraba que había llegado “la hora de la espada”, en tácito apoyo al golpe militar de Uriburu. Fue el escritor referente, el intelectual del poder y tuvo un papel central en la construcción de la literatura argentina como institución. Erigió mediante una serie de conferencias al “Martín Fierro” como el texto central de nuestra literatura y al gaucho como símbolo de la argentinidad. Dos legados, discutibles, que aún perduran.

miércoles, julio 04, 2007

DEL PAPIRO AL LIBRO ELECTRÓNICO


Tengo ante mí la imagen de dos pequeñas tablillas casi blancas halladas en Tell Brak, en Siria, tienen más de 6000 años; es posible que las tablillas ya no existan y sólo pervivan sus imágenes después de los bombardeos sobre Irak, en una muestra más de que las guerras y los libros nunca se han acompañado en el largo camino de la historia. Cada libro es un bloque que sumados forman una verdadera catedral del conocimiento humano, una verdadera radiografía de la humanidad.

Tan útiles han sido que no podríamos imaginarnos los hombres sin ellos, ni tampoco qué hubiese sido de nuestra civilización sin la presencia de los libros. Pero como especie nos caracteriza la contradicción. El mismo empeño que hemos puesto en construirlos también lo hemos puesto en destruirlos, muchas veces con armas engendradas desde la sabiduría de los libros. La biblioteca de Alejandría en el mundo antiguo, la de Bagdad en la contemporaneidad dan prueba de ello.

Vuelvo a la imagen, esas humildes tablillas de arcilla son un libro en el que están esculpidas dos figuras de animales y una muesca, un pedazo de memoria que quizás un comerciante, un pastor, ¿una mujer haciendo un pequeño inventario del ganado familiar? tallaron en la infancia del hombre. Los arqueólogos dicen que cada muesca representa el número diez y las figuras parecen ser las de una cabra y una oveja.

Parece raro considerarlo libro, digo por el soporte de apenas dos tablillas pequeñas, por su escritura tan elemental; sin embargo hay algo de familiar en ese texto escrito por alguien que es ya más polvo que el polvo del desierto, esos caracteres recrean el temblor de la mano que los talló, remiten a un autor innominado pero igualmente perenne por obra y gracia de la escritura y su soporte.

Esa familiaridad está dada por la mágica trilogía presente en las tablillas: autor-escritura-lector. Un ovillo mágico nace de allí y se despliega hasta hoy, pasa de las tablillas al papiro, del papiro al pergamino, del pergamino al papel y del papel a la pantalla. Por ese ovillo pasan los profetas de la Biblia, Hammurabi y su código, Platón empeñado en que Sócrates viva, Herodoto que entiende que el hacer de los hombres es finito y decide hacerlos perdurar, Homero y los héroes, Horacio que no duda en afirmar que sus libros son más duraderos que el bronce y las pirámides de Egipto, Agustín y sus dos ciudades, Tomás de Aquino y su edifico escolástico, los monjes repitiendo en los pergaminos el saber de los antiguos, los códices enormes, el papel en el que Alfonso X escribe su Crónica General, Dante y su visita al infierno, Erasmo y su Dios sencillo, Nebrija y su gramática, Kepler y su movimiento planetario, Colón y su diario insuficiente para desentrañar un nuevo mundo.

Después el objeto libro adquiere la fisonomía actual y se multiplica, se hace cada vez más mercancía. Pero durante siglos siguió siendo un objeto precioso reservado para aquellos que los podían adquirir y leer, y la lectura era casi siempre en voz alta para compartirla con sus pares o bien con aquellos que no entendían esos signos dispuestos sobre las páginas. El hábito de la lectura silenciosa, individual, es propia de la modernidad.

Claro, si abrir un libro es siempre abrir un mundo, eso se lo debemos al lector o la lectora, de lo contrario el libro es un objeto más perdido en una serie infinita de objetos; lo que construye eso que podemos denominar el “efecto libro” es la lectura; somos nosotros en tanto lectores o lectoras los que tendemos un puente y nos apropiamos de esa materia inasible proporcionada por el formato, la escritura y el autor.

Al igual que aquellos monjes que vacilaban entre el pergamino o el papel, hoy estamos en las puertas de un nuevo escalón en la historia del libro, el inevitable cambio de soporte del papel al libro electrónico. Aunque nos cueste aceptarlo, estamos siendo testigos de esa transición; quizás ya nuestros nietos vean con curiosidad nuestras bibliotecas.

Mientras exista la trilogía autor-escritura-lectura seguiremos convocando, cualquiera sea el soporte, la vieja ceremonia en que los hombres y mujeres se hicieron semejantes a los dioses.

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...