martes, junio 28, 2016

LITERATURA y PULPERÍAS



Hace ya un tiempo te hablé de mi predilección por los boliches. Pero no en el sentido que hoy es usado el término como lugar o espacio de baile; sino como un local de venta de comestibles y demás, con su anexo de mesas y mostrador en donde los asistentes toman una copa y juegan a las cartas o los dados, y más acá en el tiempo al metegol o billar. Estos locales tienen un olor inconfundible en los que se mezclan los aromas de las especias, del pan,  el tabaco rancio de los parroquianos y sus sudores y el olor a las bebidas con los demás artículos variados que se exhiben en las estanterías. Son claramente lugares pueblerinos o bien de la campaña. Cuando estos locales llegan a las ciudades o pueblos grandes se quedan en la periferia y comienzan a llamarse bares, pierden en su mayoría el expendio de mercaderías y quedan como un lugar de esparcimiento en el que se toma y se juega. Claro, todos tienen un antecedente ilustre, todos vienen de la misma matriz, la pulpería. Muchos de estos sitios han sido esenciales para el destino de algunos personajes de la literatura.

La suerte del gaucho Martín Fierro está maneada a las pulperías, porque qué hubiese sido de Fierro si no estaba aquella noche cantando en un baile cuando llegó el Juez de Paz con la policía y los reclutó a todos para la milicia. Ese es el germen de todas las peripecias de Fierro, de pasar de ser un gaucho aficionado al canto que vive libre y tranquilo a un gaucho matrero, desertor y asesino. En la pulpería del fuerte reclama su salario, esto lo enfrenta con sus superiores, por lo que toma la decisión de desertar. En otro baile en una pulpería mata al moreno y luego”Otra vez en un boliche/ estaba haciendo la tarde;/ cayó un gaucho que hacia alarde/ de guapo y peliador;/ a la llegada metió/ el pingo hasta la ramada,/ y yo sin decirle nada/ me quedé en el mostrador...”. Sigue una serie de provocaciones que terminan con la muerte de este gaucho peleador. Muchos años después Martín Fierro se reencuentra con sus hijos, ya grandes, en una pulpería. En ese mismo lugar ocurre la célebre payada del moreno con Fierro, cuya continuidad nos relata Borges en “El fin”.

También decisiva fue la pulpería, en las afueras de San Antonio de Areco, para la vida de Raucho, el jovencito deslumbrado por el arquetipo del gaucho: Don Segundo Sombra. Absorto por mis cavilaciones crucé el pueblo, salí a la oscuridad de otro callejón, me detuve en "La Blanqueada". Para vencer el encandilamiento fruncí como jareta los ojos al entrar al boliche. […]Oímos un galope detenerse frente a la pulpería, luego el chistido persistente que usan los paisanos para calmar un caballo, y la silenciosa silueta de Don Segundo Sombra, quedó enmarcada en la puerta”. El encuentro con Don Segundo cambiará completamente la vida del joven, quien gracias a su maestro se hace un hombre completamente diferente del chico huérfano y desdeñoso de sus tías.

¿Qué hubiese sido de las picardías del Laucha si no hubiese perdido el tren a Buenos Aires por quedarse a tomar una copa en la pulpería de la estación Benavidez? Gracias a esa copita, muy pronto se convirtió en dueño de una pulpería al casarse con la dueña, doña Carolina. Aquí la descripción del negocio que hace Payró en “El casamiento de Laucha”. La casa era bastante grandecita, con negocio de almacén, tienda, y un poco de ferretería. Tenía también un despacho de bebidas, con gran reja de fierro adelante del mostradorcito, y sin mesas, ni bancos, ni menos sillas, para que el paisanaje y el gringaje, no teniendo en qué sentarse, se largara en cuantito tomaba la tarde o la mañana”.

Como ves, cuando un personaje literario relacionado con el campo pasa por una pulpería, algo importante va a suceder, no tengas dudas de ello.

miércoles, junio 08, 2016

ALMUERZO



El 19 de mayo de hace 40 años sucedió uno de los almuerzos más célebres y polémicos de la literatura argentina y que traería luego innegables repercusiones que llegan hasta el presente. Los comensales: el dictador Jorge Videla, su secretario Villareal,  Ratti, presidente de la SADE, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato y el padre Leonardo Castellani. El almuerzo tenía como objetivo explícito, al parecer, hablar sobre el estado de la cultura argentina. Es evidente que detrás de esa intención había otras soslayadas y de mayor peso como legitimar desde el prestigio de dos escritores que apoyaron el golpe, el nuevo gobierno de facto.

Sobre esas dos horas de reunión hay tantas versiones de allegados, estudiosos e inclusive de los propios protagonistas de lo que allí se habló, que es materialmente imposible que tantas cosas hayan podido decirse en tan poco tiempo. Videla sostuvo que en la antesala del almuerzo, Borges lo saludó con un “¡Ave, César, vencedor de los peronistas!”. Sin embargo ninguno de los demás protagonistas menciona este hecho. Los más locuaces fueron Ratti y Sábato que traían diferentes proyectos sobre la ley del libro, los derechos de autor, etc. Los más parcos, Castellani y Videla.

Al salir y ante la requisitoria periodística, todos destacaron la figura del presidente. Culto, modesto, inteligente”, lo vio Sábato; Sereno, humilde, preocupado por conocer la realidad argentina”, sostuvo Castellani. Borges dio la nota, le agradeció personalmente por el golpe que salvó al país de la ignominia. Un mes después la revista “Crisis” procuró tener el testimonio de los tres escritores sobre el comentado almuerzo. El único que accedió fue Castellani y corroboró muchas de las cosas que se dicen en la columna. Además el sacerdote introdujo la política en la conversación “Días atrás me había visitado una persona que, sumida en la desesperación, me había suplicado que intercediera por la vida del escritor Haroldo Conti.  Yo no sabía de él más que era un escritor prestigioso y que había sido seminarista en su juventud. Anoté su nombre en un papel y se lo entregué a Videla, quien lo recogió respetuosamente y aseguró que la paz iba a volver muy pronto al país”.
No sólo la paz no volvió pronto, tampoco Conti, y lo que siguió fue una enorme pesadilla de la que muchos no despertaron.

martes, junio 07, 2016

ÉPICA



Hoy te vas a convertir en héroe”; “La batalla final, es ahora o nunca”; “Estamos ante el compromiso más importante de nuestras vidas”. “Orgullosos de estos héroes”. “Son 23 leones que pelearon con dignidad”; “Vivimos una verdadera gesta”. Estos testimonios no pertenecen a cita alguna de Herodoto sobre generales griegos, ni a Leónidas (tan de moda actualmente) y sus trescientos espartanos; ninguna de estas frases fue pronunciada por Julio César antes de cruzar el Rubicón; tampoco las dijeron Rommel en la batalla de El Alamein o MacArthur al recuperar Filipinas. Son palabras dichas por futbolistas, por medios periodísticos o mensajes de la gente en las redes sociales a propósito del último mundial de fútbol.
Sí, todas pertenecen al lenguaje de la guerra y no al lenguaje del deporte. Están dichas por argentinos pero la nacionalidad es indistinta. Sucede que en época de los mundiales de fútbol todas las naciones participantes sacan a relucir sus atavismos, esencialidades, y erigen a un puñado de futbolistas en símbolos de una nacionalidad y de valores pegados a ella que tendrán que confirmar luego con su desempeño en el torneo. Es que a falta de guerras y de héroes de la independencia tornamos al mundial en una especie de campo de batalla que será testigo de nuevas epopeyas. Algo perdura en nuestros genes que nos hace desear la confrontación, el triunfo y la heroicidad. En la remota complejidad de nuestras células hay todavía humo, gritos y fragor de batallas que están dormidas hasta que un hecho las rezuma y las actualiza.
La “Ilíada” estaba presente desde los primeros años de la formación del niño griego, era un texto insoslayable, un canto épico sobre héroes y dioses, una gesta sobre la guerra de Troya. Se cuenta que los germanos tenían cantos guerreros orales que tendían a conservar tradiciones bélicas y nombres de héroes. Esa es una de las simientes que dio origen a los cantares de gesta europeos como la “Chanson deRoland” en Francia y el “Cantar de Mío Cid” en España que circularon primero de la mano de los juglares y luego, mucho más tarde, en forma escrita. Todos estos escritos pertenecen a un género literario que hoy ya nadie cultiva, el género épico. Sin embargo, sus huellas siguen presentes en nuestras consideraciones y en nuestro lenguaje como lo prueban las frases que hemos escuchado y leído a lo largo de este mes mundialista.
Sin caer en teorías a mi juicio bastante estrambóticas como la del poeta y cineasta italiano Pier PaoloPasolini que establecía una correspondencia entre fútbol y lenguaje, según la cual afirmaba que el primero, al igual que el segundo, era un sistema de signos. Así pues, los futbolistas ejercían de fonemas, es decir, serían jugademas.  Siguiendo con la equiparación lógica, la combinación de los jugademas daría origen a las palabras futbolísticas.  La sintaxis de todo este sistema se expresaría en el partido. La conclusión de Pasolini es que hay equipos en prosa (convencionales) y equipos poéticos (novedosos, creativos) en el fútbol. En fin, dejemos teorías y vamos a interrogaciones. ¿Qué hace que este torneo se viva con un espíritu bélico? ¿Por qué tenemos la necesidad de levantar héroes futbolísticos? ¿En cuánto influyen los medios en nuestra visión de este fenómeno?
No tengo demasiadas respuestas. Me llama sí mucho la atención la exacerbación de este tipo de lenguaje y la reivindicación (inconsciente) del género épico aplicado al fútbol. Quizá sea la exaltación de unos valores que nada tienen que ver con nuestro mundo mercantilizado, pedestre y uniforme. Quizá lata tras todo el fárrago mundialista un deseo de singularidad y excelencia que proyectamos y actualizamos cada cuatro años en los mundiales de fútbol.

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...