lunes, diciembre 29, 2003

CEREMONIA NOCTÁMBULA
Escribir es un rito. Una ceremonia secreta que ocurre entre quien escribe y lo escrito. Algunos elementos de esa ceremonia han cambiado; desde la olvidada pluma de ganso y el tintero, luego la pluma ya de metal, después la lapicera fuente con el cargador incluido y su tintero, por último aquellas del menos artesanal cartucho. Pasó el tiempo y el rito se vulgarizó cuando algunos escritores utilizaron la birome. Después llegó el turno de las máquinas, la de escribir, denostada por unos y ensalzada por otros, y finalmente las estrella de los tiempos modernos: la computadora.
El otro elemento del rito es el lugar donde se plasma la escritura: el papel. Hay algunos que con morosidad preparan sus cuartillas, en algunos casos oficio, otros tamaño carta; también hay quienes lo hacen en cuadernos o en libretas como Eduardo Galeano, el autor de "Las palabras andantes". Otros como Mujica Láinez lo hacían en libros de actas o el colmo, alguna vez Roberto Arlt escribió en papel de estraza, ése que se usaba para envolver el pan o el fiambre en el almacén. La computadora elimina por completo este elemento, no más textura, no más olor a papel nuevo pero rapidez e infinitas comodidades de corrección.
Todo escritor o escritora con los elementos del rito realizan una ceremonia personalísima. Cada escritor convoca a las musas desde ambientes diferentes. Muchos prefieren la noche, como es el caso de Jorge Edwards, novelista chileno y autor de "Adiós poeta", una excelente biografía sobre Neruda. Edwards, en sus comienzos, cuando terminaba su labor en la embajada subía a su cuarto y durante horas robadas al sueño les daba vida a sus personajes de ficción.
Balzac enfundado en su larga camisola de dormir escribía hasta el alba, ayudado por litros de café que sostenían su inmensa humanidad despierta. Osvaldo Soriano, el autor de "Una sombra ya pronto serás", y la compañía noctámbula de los gatos que le hacían la noche más corta frente a la computadora.
Antonio Di Benedetto, el escritor mendocino compuso "El silenciero", y muchos de sus libros en la noche, evitando que el menor ruido, y en esto era obsesivo, perturbara su labor de escritura.
Faulkner escribió "Mientras agonizo" en seis semanas, en la noche mientras tenía a su cuidado una caldera de una planta de energía eléctrica, entre una paletada de carbón y otra, en el sonido monótono de la caldera se fue gestando esa novela.
De noche y en medio del bullicio de la gente, en los bares, ése es el sitio elegido por César Aira, autor de "La villa" y también por Federico Andahazi, quien escribió "El anatomista".
Los poetas son los noctámbulos por naturaleza, desde el romanticismo las musas parece que visitan de noche. Rilke, el poeta de "Elegías de Duino" compuso este libro durante varias noches en la soledad de un castillo medieval y con el mar como música de fondo.
Entre los poetas argentinos, Nalé Roxlo, Raúl G. Aguirre, Raúl González Tuñón tenían especial predilección por la noche.

lunes, diciembre 22, 2003

WALSH
En pocos hombres hay esa atildada coherencia íntima entre lo público y lo privado como en Rodolfo Walsh. La vida y la obra de Walsh están caracterizadas por una permanente tensión entre la realidad y la ficción, entre el periodismo y la literatura, entre la escritura y la acción. En estas tensiones oscila la vida del autor de "Variaciones en rojo", tensiones que al final de su vida logran una asombrosa conciliación.
De ascendencia irlandesa, nacido en el último remanso del Río Negro, en la isla de Choele Choel; Walsh permanecerá allí hasta los cinco años, luego junto a su familia peregrinará por diferentes lugares de la provincia de Buenos Aires hasta que ya adolescente comienza a trabajar en una editorial. A partir de ese momento Walsh quedará ligado para siempre al mundo de la escritura.
En ese mundo desempeñó diversos oficios, corrector primero, traductor, antólogo y finalmente narrador, narrador siempre, en la literatura o en el periodismo, aunque en el caso de Walsh esa frontera es una ilusión.
El encuentro con algunos sobrevivientes de los fusilamientos clandestinos llevados a cabo por la "Revolución Libertadora", es contado en un libro único hasta ese momento en las letras argentinas: "Operación Masacre". Narrado utilizando todos los elementos de la investigación periodística y unido a procedimientos propiamente literarios el resultado es un género híbrido que cuestiona las categorías de ficción y verdad, de periodismo y literatura. "Operación Masacre" es el primer relato de ese género que los críticos estadounidenses denominaron "Non Ficcion" y que le atribuyen la invención, no a este escritor de las pampas argentinas, sino a Truman Capote por "A sangre fría", escrito cinco años después.
Más allá de la anécdota, el género inaugurado por Walsh refleja dos constantes en su narrativa y en su vida: la verdad y la justicia. Los relatos testimoniales de Walsh: "Operación Masacre", "¿Quién mató a Rosendo?" y "El caso Satanowsky" descubren una verdad sorprendente: el estado es el culpable y revelan la imposibilidad de ese estado de hacer justicia.
Las elecciones narrativas de Walsh van en esa dirección: el relato testimonial, el periodismo, el cuento policial. Los tres géneros persiguen una verdad y plantean la necesidad de la justicia.
No es de extrañar su posición política en contra del estado autoritario. Apoyó la Revolución Cubana, en la isla fue uno de los fundadores de Prensa Latina; además pocos saben que debido a sus conocimientos de criptografía descubrió con anticipación la invasión a Bahía Cochinos instrumentada por la CIA.
En los 70' milita activamente en Montoneros, y se aleja de la literatura, ahora sólo escribe textos políticos o periodísticos. Rescato dos de ellos, la conmovedora “Carta a mis amigos” sobre la muerte de su hija Vicki en un combate con las fuerzas armadas; y en especial la “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”, que terminó de escribir el 24 de marzo de 1977, el día anterior al de su muerte.
Ese día cae acribillado en una emboscada en plena calle y su cadáver es trasladado a la ESMA. De ahí en más nada se sabe. Tenía 50 años.

martes, diciembre 16, 2003

UN OFICIO SIN ESCUELA
Cuando uno tiene 18 años imagina a la universidad como el Oráculo de Delfos, de allí saldrá resuelto nuestro porvenir. Basta elegir la carrera, terminarla y luego dedicarse a lo que nos ha costado tanto conseguir. Esto sucede con algunas profesiones como la de abogado, médico, contador, ingeniero, etc.
Hay otros oficios que tienen menos suerte, o se mueven en un lugar incierto, son aquellas profesiones que tienen que ver con el arte. Si uno sigue cierta lógica dirá que alguien que quiere ser pintora va a Bellas Artes, bailarín a la Escuela de Danzas, actriz a la Escuela de Arte Dramático.
La lógica se rompe en el caso que la o el joven quiera ser escritor, porque la realidad demuestra que de las facultades de letras salen profesores, críticos, artistas del hambre, pero escasos escritores.
No hay facultades de escritores, entonces ¿dónde ir? Algunos lo intentan con los talleres literarios, pero como dijo un escritor amigo "los talleres a veces ayudan a los escritores; pero no hacen escritor a nadie". Es decir que un poeta, un narrador o un dramaturgo deben hacerse a sí mismos, desde una patética soledad.
Muchos de los grandes escritores lo han sido en las horas libres que dejaban otras profesiones que a veces pocos puntos de contacto tienen con la literatura. Macedonio Fernández era abogado, aunque ejerció poco y nada. El poeta Fernández Moreno era médico; Robbe-Grillet, uno de los fundadores de la "nueva novela" francesa, es agrónomo; esto le dio pie al crítico español Guillermo de Torre para denostar al francés con una célebre frase: "Robbe-Grillet es un ingeniero agrónomo extraviado en el campo de la literatura".
Borges se jactaba de poseer " un vago bachillerato ginebrino"; Piglia, el autor de "Plata Quemada" es profesor de historia; también profesor, pero de francés fue Antonio Machado; Gabriela Mistral, maestra; el notable poeta Roberto Juarroz, bibliotecario; Héctor Tizón es juez en su amada Jujuy.
La mayoría de los escritores suele provenir de otra profesión que hace de la escritura su actividad central, el periodismo. Fueron periodistas Sarmiento, Arlt, Rubén Darío, Hemingway, Haroldo Conti, Dino Buzzatti; lo son el español Pérez Reverte, García Márquez y el ahora premiado Eloy Martínez.
Al parecer esta profesión es la mejor plataforma de lanzamiento de los escritores, algunos de ellos la siguen venerando y hacen un verdadero culto al ejercicio del periodismo; otros, alcanzado el éxito literario, confiesan su desamor por las redacciones, los cierres, volantas y copetes.
Pocos casos en la historia de la literatura como el de Miguel Hernández, poeta español. Hernández era pastor de cabras en su Orihuela natal. Descubierto por Jiménez y Neruda, deciden llevárselo a Madrid. Neruda habla con un amigo que es ministro para que le dé algún cargo "fantasma" y así Miguel pudiese seguir escribiendo poemas. El ministro accede, lo cita y le ofrece diferentes empleos; Miguel Hernández manifiesta indecisión y una creciente incomodidad, finalmente le dice al ministro que él no sabe hacer nada de lo que le ofrece, pero si "usted, señor ministro, tiene un hato de cabras con gusto se lo cuido".

lunes, diciembre 08, 2003

LA DESGRACIA DE ACERTAR

Cuenta la leyenda que Fidias, el escultor griego, luego de haber realizado gran cantidad de estatuas en toda Grecia, esculpió en su taller a la más hermosa de todas las mujeres; y por temor a que alguien la dañe o se la robe, Fidias no abandonó el taller por el resto de su vida.
Suele ser paradójico que los artistas busquen constantemente la perfección en sus obras y que a veces esa perfección termina encarcelándolos. A veces esto sucede cuando el público encuentra una obra que juzga perfecta y la hace suya.
Orson Welles por más que lo intentó no pudo nunca escapar de "El ciudadano". Al flaco Spinetta lo sigue persiguiendo una "muchacha ojos de papel" pese a todos sus esfuerzos por extraviarse.
En la literatura también oímos voces lamentándose de que la gente reconozca sólo una obra, que el escritor quizá hace tiempo dejó de lado por otras creaciones que él juzga superiores.
Alguna vez le sucedió esto a Pablo Neruda. Venía el poeta de regreso a Chile luego de alguno se sus incontables exilios, en Lima un grupo de amigos le organizaron un recital poético para reponer las menguadas finanzas de don Pablo. El poeta recitaba sus últimas creaciones, inéditas por estos lares, mientras la gente insistía, como en una salmodia, pidiendo el "poema N° 20". Ese que comienza "puedo escribir los versos más tristes esta noche/ escribir por ejemplo la noche está estrellada...".Al final Neruda, de mala gana, lo recitó; pero refieren algunos biógrafos que ese poema era uno de los que el vate chileno no le tenía mucha estima.
"Escriba lo que escriba, siempre seré el poeta de Setenta balcones..." confesaba con resignación y amargura, a minutos de recibir un prestigioso premio, Baldomero Fernández Moreno. A casi 70 años de aquel momento, esas palabras tienen plena vigencia; Fernández Moreno escribió mucho, pero la mayoría recuerda sólo el poema: "Setenta balcones hay en esta casa/setenta balcones y ninguna flor..."
Conrado Nalé Roxlo dejó alguna de las mejores páginas de humor de la literatura argentina, fue también dramaturgo y poeta. No sin un dejo de tristeza, Nalé reconocería ya entrado en años, que él también para la gente era el autor de un único poema, cuyos primeros versos dicen: "Música porque sí, música vana/ como la vana música del grillo..." compuesto una lejana madrugada de 1921, de un tirón y en menos de dos horas.
La mayoría de los citados en estos casos son poetas, ellos son las víctimas más frecuentes. Con los narradores es más difícil, pero hay también muchos ejemplos.
Para nombrar uno actual e ilustre: Gabriel García Márquez. Él también se podría adueñar del lamento de Fernández Moreno, porque escriba lo que escriba, siempre será el autor de "Cien años de soledad". Y es inútil cualquier empresa destinada a romper ese determinismo casi fatal, por más que el "Gabo" lo haya intentado.
Todos ellos han tenido la trabajosa desgracia de acertar.

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...