lunes, junio 28, 2004

WERNICKE

Tiene orejas grandes y el pelo renegrido peinado hacia atrás formándole dos o tres ondas antes de llegar al punto superior de la cabeza, apenas sonríe y en esa mueca se marca la dureza de un rostro veteado de arrugas que el sol, los oficios y el tiempo cincelaron. Se llama Enrique Wernicke y siempre he observado con atención una de las escasas fotos que se le conocen.

Si la literatura argentina es también los nombres que calla, uno de los "ilustres" silenciados es Wernicke. Nacido en Buenos Aires en 1915; ejerció los más diversos oficios, fue topógrafo, periodista, agricultor, titiritero en la Patagonia y por último fabricante de soldaditos de plomo. Fue además poeta, dramaturgo y narrador.

A diferencia de escritores como Carver o Castillo, jamás hizo un mea culpa sobre la bebida, precisamente porque jamás dejó de beber. Lo que sí dejó al morir en 1968 fue un diario cercano a las 1500 páginas, al que bautizó Melpómene, en homenaje a la musa de la tragedia. Allí desnuda sus frustraciones y su oficio de escritor. De estas páginas apenas se conocen fragmentos y que todavía esperan para su publicación.

Escritor de culto, Wernicke es sin dudas uno de los maestros del cuento en español. "Los que se van", relato que le da título a uno de sus libros más importantes es una cabal muestra de la maestría de este escritor enrolado en el Partido Comunista y luego expulsado por rebelde y crítico. Mientras el resto de los escritores de su generación y su ideología andaban por el realismo socialista, él construía una estética especial basada en el laconismo y la omisión, en la perfección formal y en la cotidianeidad de los márgenes; una estética muy similar a lo que décadas después se llamará minimalismo y que los yankees adjudican a Carver.

Hay en Wernicke una fobia y huida de los circuitos de prestigio cultural, su reclusión en la ribera, su carácter hosco tienden a cimentar su fama de lobo solitario. Sin embargo los pocos amigos del autor de "La ribera" señalan su culto por la amistad, el alcohol y la literatura. Como alguno de sus personajes, Wernicke se ubica en los bordes. En su narrativa hay una elección deliberada de los márgenes.

El lugar en los cuentos de Enrique Wernicke suele tener importancia determinante, suele ser agrario o se sitúa en los límites de la ciudad o en los pueblos de la zona campesina. Entre calles y boliches se mueven sus personajes, tan marcados por lo extraño como por lo cotidiano.

Sus temas clásicos son el campo, la ribera, los perdedores que comparten ese espacio con los fracasados y pequeños rufianes de la minúscula burguesía envueltos en un humor ácido y corrosivo.

Enrique Wernicke ha influido en la forma de contar, en los temas de varios autores consagrados argentinos. Sin embargo su obra sigue siendo poco conocida por los lectores argentinos, ya va siendo tiempo de hacer justicia literaria con un narrador riguroso y brillante y de una ética inquebrantable.

lunes, junio 21, 2004

QUEDARSE

"Pinta tu aldea y pintarás el mundo" dice, en traducción libre, la frase acuñada por el ruso León Tolstoi. A la que habría que complementarla con: "si te quedas en tu aldea pocos sabrán de tu pintura", sobre todo en nuestro país de centralismo tan marcado, como lo hemos expuesto hace algunas semanas.

Sí, los que se quedan terminan pagando el precio de un reconocimiento tardío o la ignorancia por parte del resto del país; o bien tienen una valorización regional o provincial con la que muchos autores y autoras se contentan. Quedarse implica resistir, implica un lugar único para escribir y desde allí hacer literatura sabiendo que se lucha contra los molinos de viento del silencio.

Son opciones, vivir se torna para estos escritores y escritoras en "El" lugar en el mundo, y sin ese lugar todo tiene poco sentido, incluso la literatura. Toparse con sus libros, casi siempre de tiradas reducidas, muchas veces artesanales suele producirse como un casual encuentro de dos amigos en Tánger, algo tan difícil... Pero siempre hay oportunidades y allí aparecen determinadas joyas ocultas que bien valen el esfuerzo de tan afanosa búsqueda.

Juan Carlos Dávalos es salteño, creció entre cerros, riachos y quebradas. Sus versos y relatos retratan, a veces con humor e ironía, los ambientes y paisajes norteños y la vida, los conflictos y las costumbres de sus personajes. “Los casos del zorro” es una de sus obras más difundidas.

Juan Draghi Lucero es probablemente uno de los escritores más representativos de Cuyo. Abarcó todos los géneros: la investigación, el ensayo, la poesía, el cuento, la novela y el teatro. Merece destacarse su ya famoso libro "Las mil y una noches argentinas".




Luis Franco, poeta y narrador catamarqueño, poseedor de una vida novelesca, de día cultivaba la tierra en su pueblo, Belén, y de noche leía y escribía. De producción copiosa, dejó una gran cantidad de volúmenes inéditos. Era admirado por Lugones Y Arlt, nada menos.



José Escol Prado, escritor y periodista pampeano, tuvo el mérito de publicar la primera novela de tema y ambiente del lugar reconocida, "Pare...y largue!", además de numerosas obras y ensayos sobre su provincia.

Fausto Burgos se llamaba a sí mismo "el Balzac de la literatura argentina", por la fecundidad de su trabajo que se reflejó en numerosos ensayos, artículos, poemas, cuentos y novelas. Vivió casi 40 años en San Rafael (Mza) donde trabajó como profesor y periodista.

Juan Filloy, cordobés, necesitó cumplir 100 años para que el país pusiera atención en su dilatada y excelente obra, antes era conocido de unos pocos. Filloy manejó como muy pocos la parodia, e influyó en grandes escritores argentinos como Marechal y Cortázar.

lunes, junio 14, 2004

IRSE O QUEDARSE

Escritores provincianos que se fueron hacia la metrópoli por diversos motivos, lograron desde ahí el reconocimiento literario. A los ejemplos ya dados, algunos generosos lectores aportaron más datos. Eduardo Mallea, autor de "Historia de una pasión argentina", y numerosas novelas nació en Bahía Blanca y en sus textos hay siempre alusiones explícitas e implícitas a su terruño natal.

Eduardo Belgrano Rawson es puntano. Este escritor y periodista que vive actualmente en Buenos Aires, escribió una de las mejores novelas de la década del '90: "Fuegia", en la que cuenta la historia de una familia de nativos fueguinos, canoeros, que vivió en aquella isla a comienzos del siglo.

De Tucumán llegó un día un notable poeta que luego devino en excelente narrador, especialmente de cuentos, Juan José Hernández, hoy algo relegado por las modas literarias, pero un autor singular en el panorama argentino de la segunda mitad del siglo XX.

En un derrotero particular, Mempo Giardinelli, autor de "Luna caliente", un thriller negro ambientado en el norte argentino, vino del Chaco hacia la Capital, de allí al exilio y luego desandó el camino para vivir hoy nuevamente en su provincia.

Coronel Pringles es el solar de un narrador, ensayista y traductor sobre el que se vierten los más dispares juicios: César Aira, quien escribió novelas como "La Liebre".

De la misma provincia, pero de Adrogué vino a estudiar historia otro narrador, teórico y ensayista renombrado como Ricardo Piglia, ganador de un polémico premio años ha con la novela "Plata Quemada".

En la localidad de Choele-Choel nació en 1927, Rodolfo Walsh, célebre autor de relatos policiales y de un género que él anticipó: el relato de "non-ficción", atribuido por los historiadores de la literatura a T. Capote. Rosarino es Juan Martini, quien escribió en la década del '70 varias novelas policiales insoslayables en la literatura argentina, como ejemplo podemos citar "Los asesinos las prefieren rubias".

La lista sería interminable, hay algunos casos especiales; las de aquellos escritores y escritoras que lograron construir una obra respetada desde sus lugares y que luego por distintas razones tuvieron que irse del sitio natal.

Juan José Saer es santafesino. Desde su provincia publicó algunos libros que le valieron la consideración del público. Pero gran parte de la obra de Saer está escrita desde París, aunque la temática sigue siendo la zona del Paraná.

Daniel Moyano, porteño de nacimiento y cordobés-riojano por adopción, se destacó por sus novelas y cuentos, entre ellos "La lombriz". Con una temática kafkiana en muchos casos pero ambientada en una atmósfera provinciana la narrativa de Moyano es otra gran contribución de los narradores del interior que renovaron la forma de contar en Argentina a partir de los '60. El exilio lo depositó en España, lugar en el que hoy se lo reconoce y valora quizás más que en nuestro país.

Angélica Gorodischer nació en Buenos Aires, pero realizó el camino inverso y reside en Rosario. Desde ese sitio y mediante una producción de gran calidad, es una de las referentes de la literatura de Ciencia Ficción hecha en español.

lunes, junio 07, 2004

PROVINCIANOS II

Hablábamos en la columna anterior de esa categoría discutible denominada "literatura argentina". Lo cierto es que hay escritores que podemos asociarlos a esa categoría por el simple hecho que escriben o escribieron en nuestro país, hasta ahí no hay problemas; pero la dificultad comienza a presentarse cuando autores argentinos escriben desde otros lugares, el caso emblemático es Julio Cortázar, cuya mayor parte de su obra fue realizada en Francia. Sin embargo nadie dudaría que la obra cortazariana pertenece a la literatura argentina.

También aparece otro inconveniente con autores extranjeros que escriben sobre nuestro país, caso de Gombrowicz; o de argentinos que escriben en otra lengua, como es el caso de Copi en italiano o de Bianciotti en francés. La pregunta es: qué entra y qué no en esos difusos límites del territorio denominado "literatura argentina".

Como todo país centralista, Buenos Aires es el lugar donde cualquier hecho cultural adquiere una trascendencia nacional; mientras que esos mismos hechos en una capital de provincia terminan siendo apenas de consumo regional.

Así en todo el contexto que rodea a la obra literaria, como por ejemplo editoriales de distribución masiva y de prestigio; difusión, posibilidades de colaboraciones en diarios nacionales, etc., hacen sumamente difícil para los escritores radicados en las provincias poder tener cierta repercusión nacional.

Pero es cierto que, como ya lo decíamos en la pasada columna, muchos escritores provincianos han logrado un reconocimiento nacional y muchos son considerados pilares de la tradición literaria argentina.

En general los provincianos adoptan dos grandes actitudes: la primera, van a Buenos Aires y escriben desde allí, algunos con temáticas más cosmopolitas y otros más orientados hacia lo local. La segunda, tiene que ver con aquellos que deciden hacer literatura desde su lugar, en este caso muchos de ellos sufren un injusto silencio.

Entre los que llegaron a Buenos Aires está ese grupo de narradores, sobre todo, que en los '60 y comienzo de los '70 renovaron la narrativa argentina.

Abelardo Castillo llegó de su San Pedro para contar con una maestría cercana a la perfección la vida de adolescentes pueblerinos en cuentos como " La madre de Ernesto". También de la provincia de Buenos Aires, más precisamente de Chacabuco, con una prosa luminosa y unas historias sorprendentes, Haroldo Conti se ganó un espacio dentro de los nuevos narradores argentinos.

Tomás Eloy Martínez nació en Tucumán, obtuvo prestigio como periodista en diversos medios gráficos. Hasta que "La novela de Perón" un relato que combina ficción con el rigor periodístico le dio su valía dentro de las letras.

María Esther de Miguel nació en Larroque, Entre Ríos. Trabajó en la docencia y en el periodismo. Fue una de las principales figuras de lo que se llamó el "boom de la novela histórica argentina" acaecido en la década del '90. Entre sus obras podemos destacar "La amante del Restaurador".

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...