martes, noviembre 29, 2005

REFLEJOS

Retrato de Zolá pintado por Manet
El arte es una mirada especial sobre el mundo, y una mirada condicionada por la época a la que pertenece ese producto artístico y por la visión única del o la artista. Es fácil comprender esto con artes si se quiere más “figurativas” como la literatura o el cine, se torna más complicado cuando se trata de danza o música.

Lo que aparece aquí es un pre-juicio, en el sentido primario del término, es decir una idea formulada sin la constatación fehaciente de los datos, o bien una idea adoptada sin un examen previo. Este prejuicio hace que le pidamos a la literatura o al cine que sean lo más fieles posibles a la “realidad”—término ambiguo y problemático si los hay—pero no así a la música por ejemplo.

Recuerdo hace unos años la polémica que se desató durante la filmación en nuestro país de la ópera “Evita”. Los ataques se concentraban en dos puntos básicos: el primero, porque la protagonista, Madonna, no daba (para algunos) con la densidad moral de la figura recreada; el segundo, que la “historia” del film no se correspondía plenamente con la Historia.

Los polemistas, enceguecidos por los cuestionamientos anteriores, soslayaban que los protagonistas cantaban casi todo el tiempo, se les pasaba por alto que era una ópera, es decir un artificio, una construcción artística que a su vez estaba incluida dentro de otra construcción igualmente deliberada como es el cine.

La pretensión de hacer del arte un reflejo de la realidad es una pretensión imposible y; sin embargo, todavía actúa fuertemente en muchos de nosotros. Encomiamos una pintura porque parece real, una película porque “está basada en hechos verídicos” como si estas notas destacadas las hicieran pertenecer a una categoría superior.

Y ahora sí, metiéndonos en el campo literario habría que hacer desde ya una declaración de principios. La literatura tiene como material primigenio al lenguaje y éste es convencional y arbitrario, esto es, el lenguaje no se corresponde con la realidad a la que nombra, de lo contrario no existiría la diversidad de lenguas. Es decir, la palabra no puede “copiar” lo exterior a ella.

Si a eso le sumamos que toda obra literaria es desde ya un artificio, es absurdo pretender que una obra sea más “real” y otra sea más “fantástica” teniendo en cuenta su cercanía o lejanía de la realidad que nombran. Ambas son igualmente producto de la fantasía de su creador o creadora.
Dos ejemplos extremos los tenemos con Julio Verne, el autor de “De la tierra a la luna” y Emilio Zolá, autor de “Germinal”. Ambos fueron contemporáneos en la Francia finisecular. Los dos estaban imbuidos de la confianza en el progreso de la humanidad gracias a la ciencia. Zolá pretendía contar como si fuera un científico la realidad que lo circundaba. Verne, en el otro extremo, ambientaba sus historias con elementos ajenos a la realidad como era el viaje a la luna.

Sin embargo para la literatura, la obra de ambos vale por su construcción estética y no por su cercanía o lejanía a una “verdad” bastante discutible.

domingo, noviembre 27, 2005

PEDIDO

A todos los amigos que visitan el blog les pido si alguno/a de ustedes están suscriptos al diario español "El País" que se comunique conmigo por mail, ya que necesito unos artículos para un trabajo sobre la inmigración ilegal en el primer mundo. Desde ya muchas gracias y disculpas por el mangazo.

martes, noviembre 22, 2005

QUIJOTADAS III


Este pequeño y caótico recorrido por Cervantes y su Quijote llega a su fin. Ha sido una sencilla manera de rendir homenaje a una obra singular en el mundo de las artes y, más allá del mercadeo editorial, demuestra la vigencia del Quijote como artefacto cultural 400 años después, lo que no es poco, sinceramente.
  • Entre 1605 y 1615, fechas en las que aparecen la primera y segunda parte del Quijote, Cervantes es un hombre de sesenta largos años, sin embargo, como si el éxito de la primera parte del libro le hubiera renovado los bríos de escritor, publica en ese lapso sus Novelas ejemplares, Viaje del Parnaso, ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca presentados, y la segunda parte del Quijote. Un verdadero prodigio de productividad.
  • Y antes de la segunda parte aparece otro Quijote, firmado por un tal Avellaneda. Las conjeturas sobre la identidad del autor ocupan miles de folios y el misterio sigue. Quizás convendría arriesgar una hipótesis: el autor del Quijote apócrifo no es otro que el mismo Cervantes. Presionado por la cortedad de sus días y lo mucho que quiere escribir y lo exiguo de las ganancias, encandilado con el éxito editorial contrae compromisos que no puede cumplir en forma cabal, y escribe la continuación del caballero de La Mancha a las apuradas, el resultado es una obra flaca y de poca sustancia. Entonces decide publicarla, a la par que la rescribe completamente, con el nombre de Avellaneda y así depositar algún dinero en las alforjas casi siempre vacías.
  • Sí, por qué no pensar al Quijote de Avellaneda como un ejercicio de escritura cervantino, uno de los tantos embelecos que gustaba Cervantes para desconcertar y entretener a sus lectores.
  • Los narradores del Quijote son muchos y todos dependientes entre sí, una voz plural, una traducción de la traducción, una cadena de voces que plantea interrogantes sobre la ficción y la verdad.
  • La sátira, la parodia y la ironía, sobre esos puntales está edificada la novela. De ellos se desprende naturalmente el humor. El humor cervantino es entrañable, querible, siempre la risa está acompañada de la mirada indulgente y cariñosa del autor.


  • También es el Quijote un tratado sobre la risa, sobre el humor y sus procedimientos, sobre la mirada humorística del autor sobre sus personajes que se revela como un espíritu juguetón inflama a la novela. Esto nace de cierta vitalidad existencial en Cervantes.
  • Cervantes, el manco, el escritor desestimado, el de las cárceles, el de la pobreza, no perdió nunca ese vitalismo, sino cómo se puede explicar el prólogo a Los trabajos de Persiles y Sigismunda que apareció póstumo.
  • En ese prólogo, Cervantes presiente su muerte cercana y lo comienza “Puesto ya un pie en el estribo...”; en sus líneas finales se despide del lector, pero también de la vida, y sin embargo, sus palabras son todo lo contrario de un testamento: “adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida”. Eso es Cervantes.

martes, noviembre 15, 2005

QUIJOTADAS II

El Quijote por DAlí
Decíamos en la columna anterior que no estaría mal compartir algunas notas sueltas sobre “el Quijote”, ahora que se van acallando las fanfarrias de los cuatrocientos años.

  • Un recolector de granos para la corona, un hombre al que le salían mal las cuentas y descubierto visitó por algunos periodos la cárcel. Algunos hechos delictivos de Cervantes siempre han sido soslayados, seguramente porque es poco edificante erigirlo como el emblema de la hispanidad y mostrar su lado oscuro, como si esas sombras le restaran mérito a sus escritos.
  • Cierto sector de la crítica extranjera en algún tiempo postuló que Cervantes tenía poca conciencia de lo que realmente estaba haciendo, que quiso hacer una cosa y le salió, por causalidad, digamos, una obra genial, como de carambola. Esta aseveración, absurda por donde se la mire, tuvo su eco en muchos estudiosos españoles ansiosos de ser profesores visitantes en universidades extranjeras.
  • Cada época lee al “Quijote” desde una determinada matriz temporal. En algún período se lo leyó en clave filosófica: realismo (Sancho), opuesto al Idealismo (don Quijote). En otro momento se quiso ver al dúo protagónico como la síntesis de lo auténticamente español, también representaron el saber popular (Sancho) y el saber libresco (don Quijote). Cada lectura del Quijote son pequeños matices cromáticos en el calidoscopio de la obra.
  • Un “outsider” era Cervantes, alguien que entraba esporádicamente en el campo literario y luego salía sin saber cuándo retornaría. Un soldado, manco y orgulloso de su mano inútil, un empleado de diversos oficios para sobrevivir, alguien que ya viejo tiene mucho “mundo” para contar, un lector omnívoro, un hombre que había meditado mucho sobre ese prodigio de construir realidades con palabras que aún no se llamaba literatura.
    El quijote por Dalí
  • El Quijote es además un libro sobre la ficción, sobre la invención, palabra muy cervantina. En sus páginas desfila gran parte de la literatura de su tiempo. La novela de caballerías, la novela pastoril, la picaresca, la novela morisca, la sentimental, la poesía, el teatro. Las formas literarias ingresan en ese artefacto simbólico y lo que sale no es un pastiche, es un prodigio.
  • Un libro sobre los libros, una ficción dentro de la ficción, un personaje literario que se sabe protagonista de un libro que es efectivamente concreto, “real”. El Quijote es el laboratorio de experimentación del que saldrá la novela moderna.
  • ¿Qué quiere experimentar Cervantes? Quizás, qué cosas caen en el territorio de la ficción y qué cosas no, cuáles son los límites de esa ficción, hasta dónde se puede ficcionalizar con verosimilitud. Las preguntas de Cervantes indagan el ojo mismo del huracán literario. La respuesta es el Quijote.
  • “Yo he abierto con mis novelas un camino, por do la lengua castellana puede mostrar con propiedad un desatino”. Esto no es pedantería, es plena conciencia que estaba haciendo algo nuevo, diferente, en un género—la novela—que se esbozaba ya como el género de la Modernidad.
  • “Mostrar con propiedad un desatino” ¿no es eso la literatura misma?

lunes, noviembre 07, 2005

QUIJOTADAS

Enrique Romero Santana, pintor andaluz contemporáneo
Ahora que el almanaque se adelgaza y desciende sus dos últimos peldaños, y la fiebre celebratoria por los cuatrocientos años (que ha provocado hemorragia de artículos, libros, nuevas ediciones, congresos, homenajes, etc.) ha vuelto a niveles normales; quizás convendría, digo, compartir algunas notas sueltas sobre “el Quijote” de Cervantes:

  • Acercarse, desde lo físico a la novela es ya un síntoma de coraje, impone respeto, es que mil páginas, como mínimo, para cualquier lector moderno es sinónimo de huida. Ni qué hablar cuando ingresamos a su texto, las dificultades que tenemos para comprender el lenguaje del siglo XVI y el contexto de la época hace que renunciemos a la aventura.
  • Por eso el Quijote no es una obra “fácil”, no tiene por qué serlo, supone un entrenamiento de lector, de lo contrario será un intento frustrado a la fortaleza de sus secretos. Muchas veces he oído expresiones como “no se entiende nada”, “es reaburrido”, “un plomazo”, expresiones con las que descalificamos lo que no entendemos y cuando uno les pregunta a esas personas cuántas horas dedica por semana a la lectura de ficción, la mayoría duda si algunas o ninguna.
  • El Quijote es una novela para lectores maratonistas, lectores que tienen un largo y apasionado gusto por la literatura; para los advenedizos el pasaje es muy estrecho.
  • “El Quijote” puede pensarse también como un libro sobre la lectura y es el propio Quijote el lector ideal, el lector que todos los escritores quieren, aquél que cree a tal punto la ficción que resuelve vivirla con toda su persona. El lector por antonomasia, el que pone el cuerpo y desconcierta a los demás tanto que deciden llamarlo “loco”.
  • Desconcierto produjo su autor en el mundillo intelectual de su tiempo, Cervantes, nacido en 1547, al publicar “El Quijote” tenía ya cincuenta y siete años, era un hombre viejísimo para la época (el promedio de vida no superaba los cuarenta), y en la consideración de sus pares ya había dado todo lo que se podía esperar de él: algunas piezas menores y la novela pastoril “La Galatea”. Cuando aparece “El Quijote” y tiene tal éxito de público, los demás se sorprenden y se preguntan cómo este vejestorio, ya casi olvidado para la literatura saca una obra genial; los odios, envidias e intrigas no se hacen esperar.
  • Sobre el origen del nombre “Quijote”, nombre con que se bautiza el protagonista Alonso Quijano, Quijada o Quesada hay varias conjeturas, Para algunos críticos la terminación “-ote” se destina muchas veces a términos ridículos o risueños por lo que la combinación “Don Quijote” podía resultar graciosa debido a que el término “Don” sólo era aplicado a los caballeros. Para otros el nombre proviene de una pieza de la armadura caballeresca que cubría el muslo.
  • La cárcel es un territorio conocido por Cervantes y siempre se habla de sus numerosas estadías—en Argel, en Sevilla, por ejemplo—como los sitios donde pudo haber imaginado “El Quijote”; pocas veces de la cárcel como el lugar del delito.


(Grabado en madera sobre Quijote, posiblemente finales del S. XVII)

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...