El "Hotel Sevilla" de la Habana tiene ya más de cien años. La
ambientación y la arquitectura es morisca, con una pequeña incoherencia, partes
del edificio están copiadas de sectores de la Alhambra, que como todos sabemos
está en Granada. La historia del hotel es riquísima, dicen que allí se inventó
el mojito (lo que ya le valdría un puesto de honor en el Olimpo de los
hoteles), también se hospedaron allí Al Capone, el pintor Siqueiros, quien pagó
su estadía con cuadros, el tenor Enrico Caruso, la actriz argentina Libertad
Lamarque, la estrella Josephine Baker, el genio del ajedrez, Raúl Capablanca…
También grandes escritores estuvieron en el Hotel Sevilla como
Georges Simenon, el creador del inspector Maigret que fumaba su pipa con tabaco
cubano o bien los clásicos habanos. Otro de los visitantes reiterados fue RubénDarío. Varias veces estuvo el padre del Modernismo en el hotel y con su
habitual magnetismo convocaba a todo el mundillo artístico cubano. En sus
habitaciones escribió también poemas y en sus bares bebió hasta el hartazgo. En
1910 su estadía fue por demás accidentada. Se hospedó en la habitación 203 y
este Rubén mostraba su cara menos grata de su bifrontismo. Deprimido, pasó gran
parte de los días bebiendo en su habitación o con sus amigos.Una tarde quiere arrojarse por el balcón hacia la
calle, se salva gracias a que su amigo el poeta dominicano Osvaldo Bazil se lo
impide y lucha con él; en su ayuda llegan el secretario de Darío y un empleado
del hotel. En su diario, Bazil, testimonia esta escena y agrega, “aseguradas todas las puertas, cerradas
todas la ventanas, respiré tranquilo. El poeta seguía ingiriendo whiskey,
estaba como loco, y no me atrevía a dejarlo solo. Me pasé la noche a su lado.
Él no dormía. Así amaneció. Continuaba bebiendo…”
Ernest Hemingway se hospedó en el Sevilla recién en 1939. Su
hotel en La Habana fue siempre el "Ambos Mundos". Llega a Cuba con una novela
brincando en la cabeza sobre su experiencia en la Guerra Civil Española. Pero
se dio cuenta que si se quedaba en su hotel habitual no lo dejarían escribir.
Por eso deja a su familia allí y él se hospeda en secreto en el Sevilla.
Acumula víveres en su habitación, y ahí solo con su máquina de escribir, sus
papeles; Hemingway escribe, corrige y da forma en esas cinco semanas a las
primeras páginas de “Por quien doblan las campanas”. El escritor explicará
luego que el mejor modo de encontrar paz para escribir es “decir a todo el mundo que estás en un hotel mientras permaneces en
otro. Una vez que te localicen, cambia de país”.
En 1957, Graham Greene aterrizaba en la isla dispuesto a
escribir un reportaje sobre un líder revolucionario que desde las sierras
jaqueaba al gobierno cubano. También aprovechó para recorrer parte del país y
así ambientar una novela de espionaje en clave irónica largo tiempo postergada,
cuyo título se le perfiló entre copa y copa del restaurante “Floridita”, la
ruleta de algunos hoteles y claro, los prostíbulos de La Habana vieja. “Nuestro
hombre en La Habana” es una de sus grandes novelas, parte de la trama
transcurre en el hotel Sevilla.
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