EL TONTO DE RAFAEL

Rafael Alberti, el último integrante de la generación del 27 de la lírica española, el que casi llega a los cien años, el que pasados los ochenta seguía conservando su larga melena y su ojo de halcón para las mujeres, el hombre que pasó gran parte de su vida en el exilio y muchísimos de esos años en nuestra Argentina, ése me enseñó que la poesía no tenía por qué ser solemne, que también podía ser alegre y juguetona.
"Marinero en tierra" sigue siendo un libro fundamental dentro de la lírica española, compuesto a los veintidós años tiene una rara madurez y marcó un corte importante en el devenir poético de su tiempo. Con ese libro y con otros se revela un temperamento lúdico con las palabras y también con la vida.
Pero no hay que confundir, detrás de esa poesía tan musical y a veces de sencilla apariencia estaba gran parte de la tradición española del Siglo de Oro, unida en un singular sincretismo temporal a las vanguardias. También la "poesía social" aparece en sus textos cuando la guerra civil española ya es una amenaza, esta poesía política está influida por sus viajes a Rusia, aunque luego Alberti busca un nuevo lenguaje orientado hacia lo individual.
La etapa Argentina de Alberti abarca desde 1940 a 1963, en todos esos años el poeta seguirá escribiendo y publicando, sin embargo hay pocos testimonios de que haya participado en algunos movimientos poéticos locales y por ende no hubo una influencia decisiva de su estética ya consagrada en los poetas argentinos.
Cuando regresó a España, tras treinta y ocho años de exilio en 1977, Alberti era un verdadero mito, alguien que condensaba desde el centro mismo de los acontecimientos todo lo que ocurrió en el arte, la política y la historia de España a lo largo del siglo XX.
Con los años--ya lo dijimos más arriba--cambiaron el lenguaje, los temas, los ritmos de su poesía; pero nunca, aun los poemas más dolientes, dejan de lado el humor. Como aquel poema titulado "El tonto de Rafael" que en alguna de sus partes dice:" Por las calles, ¿quién aquél?/ ¡El tonto de Rafael!/ Tonto llovido del cielo,/del limbo, sin un ochavo." El autorretrato continúa y muestra la maestría verbal y el desparpajo de Alberti.
Con su desaparición en 1999 se fue el último de una estirpe de poetas que eran además la condensación misma de la poesía, un personaje que encantaba tanto como sus versos; versos que bien podían rodar por las calles o por el claustro académico sin ruborizarse.
En su ejemplar autobiografía titulada "La arboleda perdida", recuerda un lugar de su Cádiz natal, el de la arboleda perdida y se pregunta si después de muerto... "cuando (...) seamos uno en el hundirnos para siempre, preparado ese golfo de oscuridad abierta, irremediable, quién sabe si a la derecha de otro nuevo camino, que como aquél también caminará hacia el mar, me tumbaré bajo retamas blancas y amarillas a recordar, a ser ya todo yo la total arboleda perdida de mi sangre".

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