lunes, noviembre 29, 2004

ESCRITORES BORRACHOS

“No escribas bajo los efectos de la droga y el alcohol, la lucidez es esencial en un escritor”, es cierto el consejo del húngaro S. Vincenzey. Es cierto como normativa general, pero todos sabemos que la validez general tiene numerosas excepciones. Sin estas desviaciones sería imposible explicar algunas obras realizadas en medio del sopor etílico o de la extraña lucidez de algunas drogas. Sería imposible, por ejemplo, ‘Bajo el volcán”, escrito por el campeón de los escritores borrachos, Malcolm Lowry.

La alquimia escritura-alcohol funciona en la mayoría de los casos en forma negativa; sin embargo son muchos los ejemplos en los que esa sociedad rinde frutos impensados.

Es que el arte cuando es plenamente arte, y esto también vale para la literatura, está hecho de violaciones a las reglas establecidas o del sentido común. Algunos escritores o escritoras hacen patente con sus arbitrarias e inusitadas conductas el misterio de la creación.

Buen ejemplo de ello son Juan Carlos Onetti y Juan Rulfo, dos narradores imprescindibles en la literatura hispanoamericana. dos narradores en los que se mezclan por igual la tinta y la bebida.

Juan Carlos Onetti, el uruguayo, autor de uno de los territorios imaginarios más famosos de la literatura latinoamericana, Santa María, (el otro es Macondo, por supuesto), era un ferviente bebedor. Hombre de la noche porteña y montevideana, frecuentaba las tertulias literarias con la misma asiduidad que los cabarets. Con el tiempo los hábitos cambiaron y sólo quedó la reunión con los amigos en algún bar de donde salía ‘caminando muy durito, con falsa dignidad por la vereda. Lo que ha tomado Onetti no se puede saber confesó uno de sus amigos.

La leyenda del hombre solitario, taciturno, parco, fumador, bebedor y escritor genial creció a lo largo de décadas en ambas orillas del Río de la Plata. Onetti a medida que envejece se vuelve más retraído, cada vez más a la intemperie de la angustia, cada vez más busca abrigo en la botella y en la escritura. En su casa sólo existía el dormitorio, allí acostado escribía, leía, fumaba y bebía. Cuenta el escritor Eduardo Galeano que junto a su cama tenía un alambique dotado un sistema de tubos y serpentinas que le permitían sin el menor esfuerzo beber vino, casi siempre tinto y casi siempre ordinario.

De sus curiosos encuentros con otro Juan, y también alcohólico, el mexicano Rulfo, Onetti cuenta la siguiente anécdota: “cuando me encuentro con él, generalmente en los congresos, nos preguntamos ‘¿qué tal estás tú, Juan’, y el me dice ‘¿qué tal estás tú, Juan?’ , y él se sienta con su gaseosa y yo con el whisky y nos pasamos horas sin decirnos nada.”

Y ya que lo mencionamos, Juan Rulfo, el autor de “Pedro Páramo”, fue otro de los visitantes del universo alcohólico que lentamente se convirtió en un verdadero descenso a los infiernos. Llegó a beber tanto que muchas veces lo encontraron durmiendo desnudo en las calles; ya que su estado de inconsciencia era tal que no se daba cuenta que le robaban, mientras dormía, toda su ropa.

lunes, noviembre 22, 2004

PALABRAS Y ALCOHOL

Nunca me cansaré de admirar a los griegos. En el fondo no sé si ellos descubrieron todas las claves del alma humana o bien nos condicionaron la mirada de tal manera que ahora sólo vemos, en la cultura occidental, en el hombre aquello que ellos ya habían mostrado.

Hay un dios, Dioniso, que está en los orígenes del culto griego. A él se dedicaban las dionisíacas en Atenas, unas fiestas muy semejantes al carnaval más zafado, en ellas durante seis días el descontrol, los disfraces, las bromas y el alcohol reinaban por doquier. Dionisos era el dios del vino, bebida que los griegos siempre tomaron mezclada con agua. Estas fiestas, según los estudiosos, son el antecedente del teatro, más precisamente la comedia y la tragedia griega.

Los griegos, conocedores como pocos del hombre, y quienes habían erigido al pensamiento racional como lo propio y distintivo de los humanos, tenían una fiesta en la que por varios días el desenfreno, la irracionalidad, el éxtasis y el alcohol estaban sacralizados. Ya lo había dicho Heráclito, uno de sus primeros filósofos, los extremos se tocan.

Aún hoy en algunas culturas andinas lo religioso está unido a la danza y ésta tiene un componente místico unido a los alucinógenos, pero sobre todo al alcohol. Es que este tipo de sustancias liberan fuerzas dormidas en lo recóndito de nuestro ser. Nos hacen experimentar otro estado de consciencia, quizás más proclive a la comunicación con la divinidad.

La historia de la literatura está poblada de casos menos místicos y más terrenos. Los escritores o escritoras siempre son bichos raros que acarrean, como muchos de sus semejantes, diversas taras que hacen que su oficio se vuelva una vía de escape, de consuelo, de búsqueda que no siempre termina por salvarlos.

Así están los escritores maratonistas como Vargas Llosa o García Márquez que todos los días escriben, hay otros que sólo por periodos porque les resulta tortuosa la escritura, el chileno José Donoso, terminaba una novela y debía internarse en un centro de salud. Hay algunos que rechazan toda norma social como Rimbaud; hay otros que cargan tras de sí las drogas y el alcohol.

"Huyendo del mal,/ de improviso, se entra en el mal/ por la puerta del paraíso artificial". Estos versos pertenecen a Rubén Darío, el padre del movimiento modernista en América. Darío bebió durante toda su vida, además de consumir opio y otras yerbas, pero fue una vida de excesos varios y las secuelas del alcohol las que lo llevaron prematuramente a la muerte.

Una anécdota triste sucedió cuando en uno de sus regresos a Nicaragua, siendo ya reconocido en todo el continente, un grupo de personas lo emborracha hasta tal punto que luego lo casan con la hermana de uno de los parranderos; Darío casi no se entera de esto y cuando recobra la lucidez descubre que tiene esposa y varios nuevos parientes dispuestos a vivir de su fama y de su renta.

El alcohol como celebración se torna en muchos casos celebración de la destrucción, tema presente en muchas páginas de la mejor literatura.

lunes, noviembre 15, 2004

SPANGLISH II

En la columna anterior hablamos de las características del spanglish, esa jerga híbrida hablada por la comunidad hispánica en los Estados Unidos y que provoca una fuerte polémica en el campo de las letras con sus adhesiones y rechazos.

Es claro que el spanglish da una oportunidad de comunicarse en dos idiomas al mismo tiempo y quizás busque obtener cierto sentido de pertenencia a dos culturas. Como ratifica su ultradefensor, Ilán Stavans: "Hay puristas que dicen que el spanglish es una prostitución del idioma. Pero para nosotros es algo habitual. En última instancia nace de la necesidad. No es otra cosa que el resultado de tratar de adaptar una cultura a la otra". Pero el catedrático mexicano va más lejos al asegurar que "en Estados Unidos tiene más futuro el spanglish que el español".

La polémica viene de lejos y tiene un largo futuro. Para algunos teóricos es una muestra de creatividad lingüística, para otros simplemente una torpeza idiomática nacida de un mal español disfrazado de spanglish.

Al parecer la anécdota le pertenece al escritor chileno José Donoso, que pasó muchos años enseñando literatura en las universidades estadounidenses. En un comercio al que ingresaron el autor de "El jardín de al lado" y un amigo se acercó un empleado hispano que al oírlos hablar les preguntó: "¿Qué puedo hacer por ustedes?" . A lo que Donoso, un poco ofuscado, le respondió: " Por mí nada, pero yo sí voy a hacer algo por usted. Le voy a dar la dirección de una buena librería para que se compre un libro de gramática española".

Es cierto que bien mirado, en Argentina todos hablamos una variante reducida de spanglish en determinadas materias de conversación. Qué otra cosa es escuchar a expertos o legos en informática hablar de: P.C., mouse, hardware, software, email, chat y otras yerbas. Y en algunos ámbitos de la economía, la publicidad y en las vidrieras de algunos comercios aparecen palabras como merchandising, leasing, outlet, sale, en un intento de dar prestigio(?) al lugar, a quien lo usa o como un claro ejemplo de esnobismo(palabra también castellanizada).

Recuerdo una anécdota de un amigo agrónomo en un curso sobre alfalfas; el expositor interrumpió su charla para "un coffee break", expresión que provocó desconcierto en más de uno y perplejidad al descubrir "tanta paparruchada inglesa, che, para decir que nos tomábamos un cafecito y después seguíamos".

Pero hasta ahí todo quedaría en simples préstamos lingüísticos, algunos innecesarios porque tenemos el equivalente español que no usamos ya sea por ignorancia, por comodidad o por cierto vedettismo. Más polémica es otra variante del spanglish que adapta palabras inglesas y las castellaniza de cualquier forma; es cierto que el ámbito es restringido y suele ser el de la tecnología, así inventamos verbos como: chatear, faxear, freezar, escanear, deletear, formatear.

En fin, no sabemos qué será del spanglish en Estados Unidos en el futuro. Sabemos sí que el español nuestro de cada día es una lengua que se reconstruye a cada momento y que en esa reconstrucción tiene mucho que ver la inteligencia y la competencia lingüística de sus hablantes.

lunes, noviembre 08, 2004

SPANGLISH

"In un placete de La Mancha of which nombre no quiero remembrearme, vivía, not so long ago, uno de esos gentlemen who always tienen una lanza in the rack, una buckler antigua, a skinny caballo y un grayhound para el chase. A cazuela with más beef than mutón, carne choppeada para la dinner, un omelet pa’ los sábados, lentil pa’ los viernes, y algún pigeon como delicacy especial pa’ los domingos, consumían tres cuarers de su income".
Lo que ve amigo lector es ni más ni menos que el comienzo del Quijote, y puede pensar que este párrafo ha sido sometido a un mal traductor automático de inglés o español; pero no es así, es la traducción realizada por un experto al spanglish. Según dicen este dialecto encontró su nombre en algunos sectores de Nueva York donde la comunidad puertorriqueña es muy fuerte; el término es relativamente nuevo y se formó entre 1965 y 1970.
De allí se ha ido extendiendo y hoy la encontramos en todos los sitios de Estados Unidos con gran cantidad de población hispana. Consiste fundamentalmente en reemplazar determinadas palabras por su equivalente en inglés: mi boss me pagó con cash por haber trabajado overtime. O bien castellanizar el término de una manera poco ortodoxa: todas las noches, mi baby toma un glasso(de glass= vaso) de leche. Otra variante es utilizar la sintaxis inglesa en los enunciados españoles: "¿Cómo puedo ayudarlo?" (trasposición literal del inglés "How can I help you?"), en lugar del más propio "¿Qué desea?".
El spanglish tiene hoy innumerables cultores que lo utilizan para una comunicación mucho más fluida entre hablantes que de hecho son ya bilingües. Una de las bisagras entre el mundo anglo y el mundo hispánico es Ilan Stavans, un académico mexicano que enseña en el Amherst College de Massachusetss y que es el autor de la traducción del Quijote que encabeza esta columna. El New York Times lo erigió en pope de la literatura hispana, un descubridor de escritores. Además Stavans trabaja desde hace años en un diccionario de spanglish.

En cuanto a la literatura, hay muchos autores de origen hispánico, que escriben en inglés y que ellos mismos traducen sus obras, donde inevitablemente los personajes hablan esa lingua franca producto de la contaminación y coexistencia de ambas lenguas.Entre esas figuras podemos destacar a Esmeralda Santiago, autora de un auténtico best seller hace unos años titulado "Cuando era portorriqueña".

Del otro lado hay autores que siguen escribiendo en español, pero un español ambientado en los grandes centros urbanos de habla inglesa. Este es el caso, por ejemplo, del hondureño Roberto Quesada que se niega a escribir en inglés:" Escribo en mi propio idioma porque escribir ya es complicado, así que para qué complicarlo más”. Habría que acotar que el español de Quesada poco tiene ya de la lengua materna hablada en Honduras.
Esta "lengua" ha generado no pocas polémicas entre los estudiosos del español. Para algunos es ininteligible, para otros es una moda rebelde y nada más; algunos sostienen que es una invasión del inglés sobre el español.

martes, noviembre 02, 2004

ORGAMBIDE

Las historias de la literatura se definen por las omisiones, por lo que ocultan. Esto tiene más peso que la explícita mención de las obras y autores. En ese lugar del silencio, de lo oculto se juegan toda una serie de tensiones que tienen que ver con la vida misma en cualquier campo. Lo ideológico, el poder, las instituciones, las amistades, los sitios de publicación e innumerables variables más.

Los ejemplos abundan, pero quiero quedarme con el de Pedro Orgambide. Este porteño desaparecido hace poco era, quizás el último representante de la bohemia periodística ya disminuida aunque aún importante, de los años 50.

Orgambide fue un animal de escritura, literalmente un escriba, como el título de una de sus novelas más logradas, ésa que habla de Arlt y el mundo periodístico de la década del 20 que tanto lo atraía. Sin embargo, apenas ha sido conocido por el gran público, apenas ha sido estudiado por las universidades, apenas mencionado por las revistas especializadas, apenas un lugar tangencial cuando se nombran figuras importantes en el presente literario argentino.

Se ganó desde siempre la vida con la escritura, un creador compulsivo que publicaba tres libros por año. En ellos siempre la ficción está atravesada por las contradicciones de la realidad, por lo político, por lo poético. Es que Orgambide pertenece a una generación en la que lo político era un tema central en la vida y en la ficción; y la palabra puesta sobre un papel una manera de ajustar cuentas con el mundo para hacerlo más justo.

Abarcó todos los géneros: poesía, teatro, novela, cuento, periodismo cultural, biografías, estudios académicos y hasta se dio el lujo de hacer una enciclopedia de la literatura argentina.

Porteño de pura cepa, dueño de una fina ironía que se trasluce en sus libros. La ficción de Orgambide tiene este cruce de géneros que la hacen muy particular. Lo poético sobrevuela en su estilo y quizás el mayor defecto de su obra sea cierta reiteración y endeblez en la construcción, en la estructura.

Quiero referirme a una época que Orgambide recuerda en ua autobiografía excelente titulada "Todos teníamos veinte años". Allí rememora el tiempo pasado en Neuquén, en la casa de su amigo y compañero de escuela, Roberto Chevallier que en ese momento cursaba sus estudios de medicina.

El joven Orgambide trabajó en la cosecha en un galpón, y conoció al capataz Cayupí, un mapuche. Ese encuentro está relatado en su libro "Yo, argentino". Durante el viaje en tren que lo traía al sur conversó con un inmigrante italiano que vivía en Villa Regina, comparte la comida y sus vivencias; sin saber que muchas décadas después pasaría a ser un personaje de una de las mejores novelas de tema histórico de la literatura argentina: "Hacer la América".

En una chacra del Alto Valle, Orgambide escribió muchos años después, la primera biografía importante sobre Horacio Quiroga. Y pensando en la gente y el paisaje del sur y en su amigo Roberto surgió la novela "El páramo".

Su última novela sobre Gardel salió meses después de su partida, sus palabras siguen sonando.

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...