martes, agosto 29, 2006

MÚSICA Y ROMANCES


En esta vertiginosa recorrida por el maridaje de música y poesía hay hiatos importantes, verdaderos agujeros negros que despintan el panorama tan complejo y rico presentes en la tradición de todos los pueblos en el que se aúnan la palabra y la música.

Si hay una composición tradicional que caracteriza a la literatura en habla hispana ésa es el romance. Los primeros testimonios de romances datan del siglo XIV y Menéndez Pidal los define como "poemas épicolíricos breves que se cantan al son de un instrumento, sea en las danzas corales, sea en reuniones tenidas para recreo simplemente o para el trabajo común.”

Sobre el origen de estas pequeñas canciones hay una serie profusa de teorías que aquí omitiremos. Lo cierto es que estas composiciones tienen una larga vida y una envidiable popularidad a través de los siglos, incluso llegan hasta el presente. Popularizados por juglares y trovadores, en las plazas y palacios, sirven de distracción y gusto tanto a los ricos hombres como a las lavanderas que las entonan a las orillas de los ríos.

Así hay testimonios de la popularidad del romance, por ejemplo en 1495 las damas de la Reina Católica y las infantas cantaban en la corte los romances de “Don Tristán”, “Rosa fresca” “El Conde Claros” y Fontefrida del que reproducimos un fragmento: “Fontefrida, Fontefrida, Fontefrida y con amor,/ do todas las avecicas van tomar consolación,/ si no es la tortolica que está viuda y con dolor. / Por ahí fuera pasar el traidor del ruiseñor,/ las palabras que él decía llenas son de traición...”

Esta popularidad hace que los romances tradicionales sean imitados por una serie de poetas cortesanos que trabajan amparados en dos modas vigentes entre los siglos XV y XVI: el gusto por recrear temas populares y la música polifónica.

Tanto en los tradicionales como en los cultos la música es inseparable y al ser la métrica la misma, se cantaban con frecuencia con la misma tonada tradicional, o bien los compositores creaban nuevas melodías. El instrumento por excelencia que acompañaba estas canciones era la vihuela.

La inmensa difusión entre el pueblo de estas canciones hizo que, pasado el tiempo, se imprimiesen en colecciones; sin embargo la música de los romances no se acostumbraba a imprimir en los romanceros, y hay que buscarla en colecciones como el “Cancionero de Palacio” o en los libros de vihuelistas o en otros tratados sobre música, como el de Francisco Salinas.

Al parecer en los romances más antiguos con frecuencia se musicalizaba la primera estrofa y con la misma melodía se cantaban todas las demás. Para evitar la monotonía se intercalaban entre verso y verso breves motivos instrumentales o variaban el acompañamiento.

Según algunos tratadistas del romancero, el estribillo estaba presente en muchas de estas composiciones y contribuía a darle ritmo y junto con la música permitía una más fácil memorización del texto. Esto uniría al romance español con un tipo más extendido de poesía tradicional, también destinada al canto; la balada, presente en casi todos los pueblos de Europa.

martes, agosto 22, 2006

LA LÍRICA CORAL

Flauta de Pan, de Picasso
Concluyo—paciente lector/a—los devaneos por las tierras griegas y el rescate de pequeñas piezas del rompecabezas poético que permiten avizorar cuán magnífica fue la totalidad perdida. Estas pequeñas joyas poéticas, fragmentarias, nos permiten presentir cómo la palabra y la música eran las dos partes de la esfera lírica.

También, y temiendo ser reiterativo, dijimos que nada queda de aquellas composiciones musicales que acompañaban a la palabra. Sí, tenemos noticias de algunos teóricos musicales, algunos tratados y los tipos de instrumentos que se usaban en la lírica.

Los griegos consideraban a la lira (una especie de arpa pequeña) como el instrumento nacional y no por casualidad era el que solía tañer Apolo, el dios de las artes, así lo muestran diversas ilustraciones. Estaba construida con el caparazón de tortuga y en un comienzo constaba de tres cuerdas a las que luego se le añadieron las cuatro restantes.

La Cítara tenía mayor sonoridad y tamaño que la lira a la que lentamente sustituyó gracias a su caja de resonancia fabricada en madera. Se la tocaba con una especie de púa y hay testimonios que hasta el siglo V a.C. poseía siete cuerdas, luego el número aumentó hasta doce.

Entre los instrumentos de viento el más utilizado era el aulos, muy similar a lo que hoy conocemos como oboe. También se utilizaba la siringa que se asociaba con Pan, el dios de los pastores, y consistía en unir con cera varias cañas de diferente diámetro y longitud.

Todos estos instrumentos estaban presentes en las diferentes composiciones líricas. Una de esas composiciones es la lírica coral que nace en el siglo VII a.C. y que tendrá gran difusión en Grecia, asociada a las representaciones rituales en las que se unen música, poesía y danza. En estos cantos corales el poeta habla a través de un coro y mezcla temas personales o de la fiesta e incluye a veces temas míticos o religiosos. Este tipo de poesía se originó en Esparta, lugar donde lo individual perdía toda relevancia ante la conciencia de pertenecer a ese ideal colectivo que era la ciudad. Es una poesía difícil y apenas poseemos algunos fragmentos.

El primer poeta coral es Alcmán (hacia el 630 a.C.), aunque no era espartano tuvo gran fama en esta ciudad; algunos de los versos que se conservan dicen: “ Dio Alcmán con la tonada y las palabras/ prestando oído atento/ al pico musical de las perdices”.

Otro poeta destacado es Estesícoro (hacia el 590 a.C.) quien canta los temas de la épica y de la mitología, aquí dos versos sabios: “Se desvanece, cuando un hombre muere, /todo el favor que le otorgaba el mundo”.

El último de los líricos arcaicos es Íbico (hacia el 540 a.C.) poeta de imágenes sorprendentes: “ Cuando la aurora, enemiga /del sueño, con su alboroto / despierta a los ruiseñores...”

La lírica coral seguirá evolucionando y florecerán magníficos poetas, además dejará sentadas las bases para el canto y la danza del coro en la tragedia y comedia griega y luego lentamente se extinguirá.

martes, agosto 15, 2006

EL BIG BANG



Hubo un día, un lugar en el que la poesía, tal como la conocemos hoy, tuvo su big bang. Fue en unas islas orientales de Grecia, en una ciudad llamada Mitilene, hacia el año 600 a. C. Allí, apareció—quizás por primera vez—el “yo” como criatura textual, el “yo poético” como marca distintiva, única, intransferible y sólo comunicable mediante la escritura. Atrás quedan las voces multiformes y divinas de la épica, atrás quedan las voces que cantan en nombre de una colectividad en la elegía, atrás queda Arquíloco, una voz individual apenas desprendida de la voz coral de su tiempo.

Pero ahora es distinto, hay cosas tan profundas y delicadas y sutiles que decir, que ya no hace falta la turba bulliciosa, la celebración estentórea; sólo un puñado de amigos, la lira, la cítara, a veces la flauta y la voz del poeta que dice las cosas cotidianas que nos suceden a los humanos. Así nació el estallido primigenio que se expandió como una onda en el agua y cuyas vibraciones llegan a la poesía actual.

Nació de una doble vertiente, como no podía ser de otra manera, nació varón y nació mujer.

Alceo (hacia el 620 a.C.) pertenecía a una familia aristocrática y tuvo una agitada vida política. Sus versos, no exentos de rusticidad, testimonian sus odios, sus pasiones, pero también dejan tiempo para la reflexión y el canto de las cosas sencillas. Aquí algunos de los fragmentos celebratorios del vino. “El vino, pues, es el espejo del hombre”; la virtud del vino, según Alceo es: “El vino, querido amigo, es también la verdad”. En un fragmento expresa su admiración por su conciudadana y poeta: ¡Coronada de violetas, sonrisa de miel, santa Safo!”

Safo (hacia el 612 a.C.) pertenecía a una familia de la aristocracia de Mitilene. La poesía de Safo es intimista, melancólica y de una exquisita sensibilidad. El amor es el tema predominante en los fragmentos, el amor a sus muchachas; esto que no era objeto de censura en su época, sí lo fue en diversos momentos de la historia y dio origen al término “lesbianismo”, por ser la poeta originaria de la isla de Lesbos.

Recorramos algunos de sus versos: “Viniste, hiciste bien, te anhelaba a mi lado,/ a ti, que enfriaste mi corazón ardiente de deseo”. Este pequeño poema muestra su talento sin igual: “Ya se ocultó la luna/ y las Pléyades. Promedia/ la noche. Pasa la hora./ Y yo duermo sola”. La llegada del amor se le hace irresistible: “Amor me sacudió el alma/ como un viento que en el monte/ sobre los árboles cae”.

Anacreonte, nacido en Teos (hacia el 530 a.C.) es el último integrante de la tríada selecta. Poeta que canta los gozos de la vida y sobre todo el paso del tiempo. Son frecuentes los fragmentos donde la juventud rechaza el amor de la vejez: “Eros, que al ver que mi barba encanece,/ entre brisas de sus alas de reflejos de oro/ me pasa de largo volando”.

Voces que suenan tan cercanas, voces de un tiempo en el que la poesía se amoldó a la estatura de los hombres.

martes, agosto 08, 2006

ARQUÍ + LOCO


En la columna anterior habíamoss hablado del maridaje entre música y poesía en la antigua Grecia. La elegía y su solemnidad dan paso a una nueva manera de poetizar.

En lo formal aparecen nuevos versos, entre ellos el yambo que tuvo gran aceptación y será usado posteriormente en la tragedia y la comedia. Este verso al parecer deriva de canciones populares obscenas y satíricas, relacionadas con el culto al dios del vino, Dioniso; y se lo utiliza para tratar temas jocosos, injuriantes en los banquetes, reuniones donde se danza, se come y se canta.

Posiblemente del canto se pasó a la recitación. Hay testimonios que señalan que estos poemas estaban acompañados por algún instrumento de cuerda como la cítara o bien por la flauta, lo cierto es que la música fue perdiendo relevancia con el andar del tiempo.

La historia de la literatura está plagada de personajes excéntricos, escritores o escritoras que en sus escritos o costumbres provocan escándalo al cuestionar la sociedad en la que viven. Quizás el primer excéntrico haya sido Arquíloco de Paros (hacia el 650 a.C.), también el primero que dominó con maestría el verso yámbico.

Si las voces de Solón, Tirteo son la encarnación poética de una voz social, con Arquíloco la poesía se vuelve plenamente individual, contestataria ya que su autor no tiene ningún problema en decir lo que siente, sin importarle oponerse a las ideas dominantes de su época.

El mercenario Arquíloco dice esto: “ Algún tracio alardea con mi escudo, arma sin tacha,/ que tras un arbusto abandoné, sin que yo lo quiera. / Puse a salvo mi vida. ¿Qué me importa a mí aquel escudo?/ ¡Bah! Me compraré uno mejor.” Imaginemos este texto en una sociedad donde la valentía, el honor eran valores esenciales para el hombre, el poeta no sólo no calla haber tirado el escudo y haber huido, sino que en el fondo se ufana de ello ya que esa acción le permitió salvar su vida.

En otro fragmento guerrero se complace en la crueldad, dice Siete son los muertos, que a la carrera alcanzamos, / y los matadores somos mil...” Por textos como los anteriores sufrió críticas y pleitos, a todos enfrentó con un ingenio corrosivo y palabras filosas que le dieron fama.
Capaz de sentimientos extremos y violentos, el amor y el odio recorren sus poemas. Cuenta la leyenda que prometido de Neóbule, no pudo casarse porque Licambes, su padre, anuló el compromiso. Esto provocó el odio de Arquíloco que denigró e injurió a toda la familia con versos terribles.

Ya lo había anticipado en otros fragmentos: “Sé sólo una cosa importante: responder/ con daños terribles a quien daños me hizo”. En otro texto la emprende con su ex suegro: “Padre Licambes, ¿qué es lo que tramaste? /¿Quién perturbó tu entendimiento? Antes/ estabas en tus cabales. Pero ahora eres/ el hazmerreír de todos”.

Arquíloco también es el primero que introduce la fábula en estos poemas de banquete. Aquí un fragmento de una fábula contra el padre de su novia. “Muchos trucos conoce la zorra, pero el erizo uno decisivo”.

martes, agosto 01, 2006

MÚSICA Y POESÍA


Están hermanadas desde el origen mismo de los tiempos, la melodía, el ritmo y la armonía entrelazados a la palabra. Palabra que también en sus impensadas combinaciones se transforma en música.

Tan acostumbrados estamos a leer poesías o escuchar música que nos parece impensable el tiempo en que no las hubo. Hablamos hoy de poesía lírica, de lirismo o de canto lírico sin saber que estas palabras tuvieron un origen bastante preciso. Hay que descorrer el velo de lo siglos, descender hacia la aurora de una civilización, la griega, para encontrar los primeros pasos de la palabra hecha poema y arrancar de ese suelo agreste las primeras semillas de sonidos germinadas en música.

Para los griegos, la poesía lírica era aquella acompañada por música ejecutada en una lira (instrumento de cuerdas que se tocaba con ambas manos). Desde tiempos inmemoriales este pueblo había manifestado una gran afición por la música, y fue en la región de Jonia y gracias a los contactos con Oriente, donde comenzó el perfeccionamiento de los instrumentos musicales.
Se hizo popular entre los griegos acompañar las palabras con la cítara, la gran flauta frigia y la pequeña flauta de Lidia. Dice la tradición que fue Terpandro de Lesbos quien revolucionó la música al inventar una escala regular para la lira de siete cuerdas. Con esto posibilitó la composición musical y favoreció el desarrollo de la poesía lírica.

De aquellos poemas se conservan poquísimos fragmentos, pedacitos de vidrio que nos permiten imaginar la majestuosidad del vitraux ausente, aun así, algo es algo; pero lamentablemente no se conserva la más mínima nota de la música griega que acompañaba a esos poemas y que nos veda tener una idea mas certera sobre esa composición mixta de palabra y melodía.

De acuerdo con el modo de ejecución la lírica podía ser monódica—cantada por una sola persona—o coral. En el siglo VII a. C. predomina la lírica monódica. Las primeras composiciones de este tipo de lírica se denominaron elegías y al parecer deben su nombre al hecho de estar acompañadas por la música de la flauta. Las primeras elegías eran cantos fúnebres, luego derivaron hacia temas guerreros, amorosos, políticos, etc. En general se cantaban en celebraciones populares.

El primer lírico del que tenemos algunos fragmentos es Calino de Éfeso (hacia el 650 a.C.), en ellos exhorta a los jóvenes a combatir por su patria: “¿Hasta cuándo estarán recostados? Jóvenes, ¿cuándo/ tendrán un pecho valiente? De tanto abandono/¿no sienten vergüenza ante sus vecinos? ¿Confiaban/ en que es tiempo de paz cuando ya la guerra arrebata a todo el país?...”

Mimnermo de Colofón (hacia el 630 a.C.) debe su fama a las elegías sobre el fluir del tiempo, el amor y los goces de la vida, muchos lo consideran el padre de la poesía amorosa en Occidente. Aquí un fragmento sobre la iniquidad de la vejez: “...Morirme quisiera cuando no importen ya más/ los amores ocultos, los dulces obsequios, la cama,/ cuanto de amable tiene la flor de la edad/ para hombre y mujer...”

HOTELES y ESCRITORES

      Los hoteles son lugares efímeros en nuestra experiencia. Están hechos para la circulación, para el paso rápido, son una especie de...