LA LÍRICA CORAL

Flauta de Pan, de Picasso
Concluyo—paciente lector/a—los devaneos por las tierras griegas y el rescate de pequeñas piezas del rompecabezas poético que permiten avizorar cuán magnífica fue la totalidad perdida. Estas pequeñas joyas poéticas, fragmentarias, nos permiten presentir cómo la palabra y la música eran las dos partes de la esfera lírica.

También, y temiendo ser reiterativo, dijimos que nada queda de aquellas composiciones musicales que acompañaban a la palabra. Sí, tenemos noticias de algunos teóricos musicales, algunos tratados y los tipos de instrumentos que se usaban en la lírica.

Los griegos consideraban a la lira (una especie de arpa pequeña) como el instrumento nacional y no por casualidad era el que solía tañer Apolo, el dios de las artes, así lo muestran diversas ilustraciones. Estaba construida con el caparazón de tortuga y en un comienzo constaba de tres cuerdas a las que luego se le añadieron las cuatro restantes.

La Cítara tenía mayor sonoridad y tamaño que la lira a la que lentamente sustituyó gracias a su caja de resonancia fabricada en madera. Se la tocaba con una especie de púa y hay testimonios que hasta el siglo V a.C. poseía siete cuerdas, luego el número aumentó hasta doce.

Entre los instrumentos de viento el más utilizado era el aulos, muy similar a lo que hoy conocemos como oboe. También se utilizaba la siringa que se asociaba con Pan, el dios de los pastores, y consistía en unir con cera varias cañas de diferente diámetro y longitud.

Todos estos instrumentos estaban presentes en las diferentes composiciones líricas. Una de esas composiciones es la lírica coral que nace en el siglo VII a.C. y que tendrá gran difusión en Grecia, asociada a las representaciones rituales en las que se unen música, poesía y danza. En estos cantos corales el poeta habla a través de un coro y mezcla temas personales o de la fiesta e incluye a veces temas míticos o religiosos. Este tipo de poesía se originó en Esparta, lugar donde lo individual perdía toda relevancia ante la conciencia de pertenecer a ese ideal colectivo que era la ciudad. Es una poesía difícil y apenas poseemos algunos fragmentos.

El primer poeta coral es Alcmán (hacia el 630 a.C.), aunque no era espartano tuvo gran fama en esta ciudad; algunos de los versos que se conservan dicen: “ Dio Alcmán con la tonada y las palabras/ prestando oído atento/ al pico musical de las perdices”.

Otro poeta destacado es Estesícoro (hacia el 590 a.C.) quien canta los temas de la épica y de la mitología, aquí dos versos sabios: “Se desvanece, cuando un hombre muere, /todo el favor que le otorgaba el mundo”.

El último de los líricos arcaicos es Íbico (hacia el 540 a.C.) poeta de imágenes sorprendentes: “ Cuando la aurora, enemiga /del sueño, con su alboroto / despierta a los ruiseñores...”

La lírica coral seguirá evolucionando y florecerán magníficos poetas, además dejará sentadas las bases para el canto y la danza del coro en la tragedia y comedia griega y luego lentamente se extinguirá.

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